Máster en justicia patriarcal

Coche de la Policía que traslada a dos de los cinco acusados de violar a una joven madrileña los pasados sanfermines. /Villar López (Efe)
Coche de la Policía que traslada a dos de los cinco acusados de violar a una joven madrileña los pasados sanfermines. / Villar López (Efe)

Decepcionante ha sido el contenido de una sentencia largamente esperada. Casi cinco meses después de las previsiones hemos conocido el fallo del juicio de 'la Manada'. Cinco meses esperando para saber si la justicia cuenta con instrumentos y arbitrio suficientes para reconocer la violencia contra las mujeres que suponen los delitos contra la libertad sexual o no, porque de eso se trataba, al menos para mí.

Y, como nos temíamos, parece que la posición mayoritaria del tribunal entiende que los hechos perpetrados no se produjeron con violencia o intimidación. Y este es el problema. Habrá quien piense que esperábamos una sentencia dura buscando venganza penitenciaria del tipo 'que se pudran en la cárcel'. No servirá de nada que lo diga, pero se equivocan.

Esperábamos una sentencia ejemplar con una argumentación detallada de por qué los delitos contra la libertad sexual son violencia contra las mujeres. Así lo establece el Convenio de Estambul ratificado por España y así se recoge entre los contenidos del pacto de Estado recientemente aprobado. Cierto es que esto hubiera supuesto una mayor condena, pero lo que esperábamos era una adecuada interpretación del concepto violencia contra las mujeres y no es esto lo que ha recogido la sentencia.

Nos queda desde luego la protesta. Han sido muchas las concentraciones convocadas por el movimiento feminista para expresar el disgusto y decepción por esta sentencia que nos lleva a cuestionarnos nuevamente si podemos las mujeres confiar en la justicia cuando se trata de delitos que se cometen específicamente contra nosotras.

Por lo demás, si quieren ustedes entender de lo que hablamos las feministas cuando hablamos de justicia patriarcal, les recomendamos la lectura sosegada del voto particular. Encontrarán en él, explicado con claridad meridiana, por qué la presunción de inocencia de un violador (presunto por supuesto) requiere por parte de la justicia la presunción del interés espurio y de falta de credibilidad del testimonio de la víctima, impecablemente desarrollados. Toda una clase magistral. Estas dos visiones están presentes en la justicia española. En este caso, y perdonen la frivolidad, como si de Champions se tratase, el partido de ida se ha resuelto 2-1. Como habrá recursos, nos deja expectantes para el partido de vuelta.

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