Los pulmones de Celestino decían la verdad

Otsanda y Kontxi posan sonrientes con la foto de Celestino Tolosa 'Xarra' en el barrio Larreaundi de Irun./Mikel Fraile
Otsanda y Kontxi posan sonrientes con la foto de Celestino Tolosa 'Xarra' en el barrio Larreaundi de Irun. / Mikel Fraile

La justicia da la razón a la familia del trabajador de Irún que pidió congelar sus órganos | El TSJPV revoca la sentencia de un juzgado de San Sebastián y concluye que el fallecimiento se debió a que sus pulmones tenían amianto

RAITZ VÁZQUEZSan Sebastián

Los pulmones de Celestino Tolosa decían la verdad. Estaban atestados de amianto después de haber trabajado durante décadas con amianto, esta sustancia cancerígena tan utilizada en la industria guipuzcoana. Así lo sentencia el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV). Su familia ha ganado una batalla que por desgracia ha durado más de treinta años. La lucha ha dado sus frutos, aunque nadie podrá devolverle la vida a este irundarra. Murió antes de conocer la verdad. Por eso, su hija Otsanda no ha querido que la historia de su padre cayera en saco roto. Se siente «feliz» porque al fin «se hace justicia».

El pasado mes de mayo recibieron un duro revés. La magistrada de lo Social nº 2 de San Sebastián desestimó la demanda de la familia de Celestino Tolosa 'Xarra' porque el informe del Hospital Valdecilla de Santander, que demostraba que sus pulmones contenían asbestosis después de inhalar el material nocivo en su puesto de trabajo, no aportaba, según la juez, «más pruebas o datos que desvirtúen el diagnóstico dado hasta entonces por los especialistas». Pero no quisieron darse por vencidas. Con las pruebas del centro de Santander en la mano, decidieron recurrir al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) porque «teníamos la certeza de que había enfermado trabajando», relata con serenidad Otsanda.

La buena noticia llegó la semana pasada. El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) reconocía «la enfermedad profesional» de Celestino Tolosa. En su sentencia, el juez falla que el Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) deberá asumir la responsabilidad del pago «correspondiente a la prestación de viudedad» de Kontxi, la mujer del fallecido. Lo que se puede traducir en un aumento considerable en su pensión. Además, la empresa en la que trabajó, CAF, deberá hacer frente a una importante cuantía económica por daños y perjuicios, aún por concretar.

Tanto para Kontxi como para Otsanda, la prestación económica no es lo más importante. Necesitaban tener una sentencia que demostrara que Celestino «enfermó trabajando». Ahora ya la tienen. «Le da a mi padre el lugar que se merece. Estamos muy orgullosas del trabajo que realizó», señala su hija. Ambas han recorrido un duro camino que al final ha dado sus frutos y que puede sentar precedente para otros afectados: «Nosotras hemos recogido su testigo de lucha y esperamos que todo lo que hemos peleado dé fuerzas a otras familias para que también emprendan este camino», resume Otsanda.

No han sido años sencillos para esta familia. El calvario de Celestino Tolosa comenzó hace tres décadas. Su primer ingreso se produjo en 1980 por picos de fiebre aislados de origen desconocido. Desde entonces no levantó cabeza. Tras un sinfín de ingresos, este calderero y soldador nacido en Alegia pero residente en Irun, fue diagnosticado de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc), por lo que en 1999 recibió una incapacidad permanente por enfermedad común. Ahora el TSJPV echa por tierra esta sentencia.

«No sabíamos que mi padre había pedido que guardaran sus pulmones para que los investigaran»

«Él siempre tuvo la sospecha de que su enfermedad era por el trabajo»

on la incapacidad permanente sus problemas no desaparecieron. Después de que en 2006 la situación se volviera extremadamente delicada y Celestino Tolosa ingresara en estado crítico en el Hospital Donostia, por fin, recibió la tan esperada llamada del Hospital de Valdecilla de Santander. Iba a ser intervenido de un trasplante bipulmonar. La esperanza no era muy elevada por su edad y Celestino se lo pensó mucho. Pero decidió dar el paso. Dos años después, en 2008, falleció como consecuencia del rechazo del trasplante al que fue sometido.

En ese momento, Kontxi y Otsanda no se imaginaban lo que les depararía el futuro. La insistencia de los compañeros de trabajo de Celestino, que veían a muchos colegas enfermar y fallecer a consecuencia del amianto, provocó que su hija comenzara a investigar las posibles causas de la muerte de su padre. Hace dos años se puso en contacto con el hospital santanderino y la respuesta que recibió por parte de la neumóloga de Valdecilla le dejó sin palabras. Los pulmones explantados a Celestino estaban congelados por «petición del fallecido». «Nos dijeron que mi padre pidió que sus pulmones fueran guardados en el laboratorio para investigación o para lo que se necesitase», señala Otsanda. Un acto valiente y de lucidez que ha sido clave en todo este proceso judicial en busca de la verdad.

«Estamos muy agradecidas a todo el mundo»

Kontxi no puede reprimir las lágrimas al recordar a su marido. «Sufrió mucho», dice. Pero esos lloros se tornan en una leve sonrisa cuando habla de los especialistas del Hospital Valdecilla que trataron a su marido. «Hemos tenido mucha suerte. Queremos darles las gracias por el trabajo que han hecho. Otros en su lugar a lo mejor no hubieran movido un dedo. Ellos fueron quienes enviaron los pulmones a examinar», explica. Sus palabras de agradecimiento también se extienden a la asociación de víctimas de amianto de Euskadi, Asviamie. «Nos han ayudado mucho. Sobre todo sus abogadas y Jesús -Uzkudun- que se han implicado al 100% en nuestro caso». Kontxi lanza una petición a la empresa CAF. «Solo quiero que pidan perdón públicamente, porque no lo han hecho. Al final mi marido está muerto», lamenta con amargura.

De una u otra manera, madre e hija sintieron que Celestino seguía con ellas ocho años después de su fallecimiento. Una circunstancia que les insufló más fuerza si cabe. «Él siempre tuvo la sospecha de que su enfermedad era por el trabajo y creo que por eso pidió que guardaran sus pulmones», explica Otsanda. Ahora faltaba saber si esos órganos estaban o no afectados por amianto.

Los pulmones fueron enviados a un laboratorio vigués para ser analizados. Tras el cotejo del tejido pulmonar, en septiembre del año pasado, recibieron los resultados: el informe macroscópico revelaba que los pulmones de explante tenían asbestosis grado histológico. Los exámenes realizados demostraban cuerpos de asbesto en una cantidad superior a los dos cm2 del área examinada por lo que se modificaban los informes realizados en 2006. Otro de los hitos importantes en este camino. Su enfermedad se debía a causas profesionales.

«Tragando mierda»

La respuesta del Hospital de Valdecilla se convirtió en todo un espaldarazo para la lucha de Otsanda y su madre, pero también confirmaba las terribles sospechas que siempre tuvo su padre de que «trabajando había tragado mierda». Por eso, ahora sienten rabia e impotencia. «Era una época en la que aún no se conocía mucho el tema del amianto. Pero queremos seguir la línea que nos marcó él porque luchó por los derechos de los trabajadores desde el comité de empresa y queremos que se dé a conocer lo que está ocurriendo para que otros no pasen por lo mismo», reivindica Otsanda.

Durante este proceso judicial que ha durado dos años, Kontxi y Otsanda han ido de la mano de la asociación de víctimas de amianto de Euskadi, Asviamie, que ha puesto a disposición de esta familia sus servicios judiciales. Su portavoz, Jesús Uzkudun, se muestra satisfecho con la sentencia del TSJPV. Por un lado, porque Celestino fue «un viejo compañero de lucha», pero sobre todo porque puede sacar a la luz «un montón de casos de Epoc que pueden estar afectados por amianto». «Antes se le echaba la culpa de todo al tabaco pero en los puestos de trabajo se inhalaba mucho polvo. Creo que debe ser una alerta importante para los médicos», reclama.

Para Uzkudun, esta sentencia es una «victoria por goleada». Por eso, recuerda que «antes nos tomaban por locos o lunáticos, pero decisiones judiciales como esta demuestran que no hablábamos por hablar, sino que había fundamento». Un caso que puede llevar a otros afectados a tomar el camino que cogieron Kontxi y Otsanda porque el flujo de la cascada de afectados que llegan a la asociación sigue aumentando sin parar. «Cada vez pedimos más autopsias de las personas que mueren porque a lo mejor las familias no saben las causas del fallecimiento», advierte Uzkudun.

 

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