A tomatazo limpio

Participantes de La Tomatina de Buñol. / EFE

La Tomatina completa el aforo con 22.000 participantes, de los que más de un tercio son buñolenses

ANA CORTÉS

Con puntualidad, la carcasa que da inicio a la Tomatina de Buñol se ha disparado a las once menos diez de la mañana. Segundos más tarde el júbilo se expandía entre el público, que veía como se acercaban los camiones cargados con el protagonista del día, el tomate. Este año, 22.000 personas participan en la batalla, y más de un tercio son vecinos de la localidad, en torno a ocho mil. Se han vendido menos entradas individuales que años anteriores, sólo 14.000, pero los paquetes turísticos han funcionado «muy bien», tal y como apunta el Ayuntamiento del municipio. La organización también añade que se ha completado al aforo gracias a la adquisición de las entradas por parte de los buñolenses.

En este festejo todo vale menos aguantar limpio. El vestuario va desde la ropa vieja y chubasqueros hasta los trajes de gala, tirantes y pajaritas. No faltan las gafas de buceo y zapatos acuáticos. Vecinos y extranjeros esperan nerviosos e impacientes la guerra con los tomates maduros. El municipio de Buñol, de apenas 10.000 habitantes, lanza 145.000 kilogramos de tomate para la ocasión, una cantidad que desde las últimas años viene siendo la habitual.

Las calles de San Luis, el Cid, la plaza Layana y la del Pueblo son el epicentro de esta batalla que cumple su 74 aniversario y se ha consolidado como la fiesta más internacional de la Comunitat. Desde las nueve de la mañana, los participantes invadían el lugar a la espera del tradicional encuentro. Una cucaña entretenía al público que vitoreaba a quien conseguía escalar un par de metros para coger el jamón que coronaba la estructura, muy resbaladiza porque siempre es cubierta por jabón para hacer casi imposible la llegada al premio. Un año más, nadie se lleva el jamón a casa. Dos horas más tarde, en la calle principal no cabe un alfiler y los participantes piden agua a gritos para combatir el calor. De repente, mientras el agua brota de los balcones llega el primer camión con un olor inconfundible. Se suceden cada cinco minutos aproximadamente, menos el septimo y último que se detiene al inicio del recorrido. Los tomates que el público arroja alcanzan alturas impensables y más de uno entra en las viviendas de la zona.

Pablo, un joven de la comarca, viene por segunda vez consecutiva a la Tomatina y ansía su inicio desde buena mañana. «No he dormido nada porque vengo directamente de la verbena de anoche, tengo muchas ganas de que empiece», asegura. Como Pablo, Mariano de 69 años también espera como un niño este momento único del verano. De los 74 años que cumple el evento, él ha participado en 62. Desde los siete años no se la pierde y ahora, aunque viva en Albacete desde hace treinta, es un hombre clave en la celebración. Todos le reconocen por su extravagante atuendo. Hace 20 años empezó a vestirse con traje blanco y pajarita para soportar el chaparrón.

La gran mayoría son valencianos y extranjeros. Cada vez más vecinos vuelven al festejo tras años de críticas contra la masificación de su tradición más emblemática. De hecho, todas las entradas destinadas para los vecinos, más de cinco mil, han sido adjudicadas.

Los internacionales llegan a la localidad valenciana atraídos por la interesante fiesta que gracias a la publicidad online captura a admiradores más allá de las fronteras españolas. Steven viene únicamente a España desde Inglaterra por la Tomatina. Llega junto a su esposa y un grupo de 20 amigos. «Es la primera vez que venimos, estamos muy nerviosos y un poco asustados», confiesa el hombre ataviado al completo de blanco. La presencia de japoneses, comunidades del este europeo e India ha aumentado considerablemente y todos ellos coinciden en que la Tomatina es famosa en sus países de origen, la ven sobre todo a través de la televisión. El Ayuntamiento aclara que las ventas individuales se han reducido en 2019, pero no lo han hecho los paquetes turísticos que incluyen la fiesta como plato fuerte.

Los carteles que cuelgan en las calles principales llaman al respeto y a disfrutar de la fiesta sin incidentes. Se retoman los puntos violeta del año anterior, un grupo de efectivos que resuelven conflictos ligados a las agresiones sexuales o al acoso durante la fiesta.

Desde hace años el Ayuntamiento de Buñol ha incrementado la inversión en seguridad y desde que limitasen el aforo, la Tomatina ha vuelto poco a poco a conquistar a los vecinos. «Las acciones en protección también se han llevado a cabo para regularizar la afluencia y fomentar la participación de los habitantes de Buñol, es decir, devolver la fiesta a su pueblo», afirma Juncal Carrascosa, alcaldesa de la localidad. El aforo admite a 22.000 personas y en torno a 400 efectivos trabajan para asegurar el bienestar de los visitantes. Un colectivo que aglutina agentes de Protección Civil, Policía Local, Guardia Civil, seguridad privada y voluntarios. A ello, se suman ocho ambulancias y sus respectivos sanitarios.

Buñol despliega las garantías para que la fiesta multitudinaria sea disfrutada con la máxima seguridad. La locura que se genera se aprecia y se oye en todas las calles de la localidad. Un jolgorio que termina como marca la tradición local en el rio de la Jarra, donde los asistentes se limpian una vez ya han descargado la adrenalina acumulada durante el año.