La conjura monárquica contra Franco que no prosperó

En la imagen, Franco y don Juan en su reunión de agosto de 1948 en el 'Azor'. /Archivo ABC
En la imagen, Franco y don Juan en su reunión de agosto de 1948 en el 'Azor'. / Archivo ABC

Don Juan de Borbón encabeza en 1948 una conspiración para derrocar al dictador y crear una democracia parlamentaria

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Estoril, 1948. Don Juan de Borbón urde desde su exilio portugués un ambicioso plan de desarrollo de un bloque antifranquista con el propósito de derrocar al dictador, restaurar la monarquía en España y sentarse en el trono como Juan III. El contexto aislacionista y la situación económica que vive el país tras la II Guerra Mundial, de la que no se recuperaría hasta bien entrados los años 50, le hace ser optimista. Pero Franco, desde su despacho en el Palacio del Pardo, no es ajeno a sus maniobras.

Una serie de documentos con el sello de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS revela que el dictador dispuso en todo momento de información detallada sobre los movimientos que iban realizando los conjurados para sustituirle al frente de la Jefatura del Estado. Son los llamados 'Boletines de Actividades Monárquicas', que llegan a la mesa del dictador cada dos o tres días y constituyen la columna vertebral del espionaje del régimen al hijo de Alfonso XIII y sus partidarios.

«Franco es consciente de que los tentáculos de la conspiración alcanzan a todos los estamentos del régimen. Sabe que hay una Junta Militar infiltrada e incluso que están hablando con la izquierda moderada en el exterior», explica Jesús García Calero, autor junto a Juan Fernández-Miranda de 'Don Juan contra Franco' (Plaza & Janés). Los autores, periodistas de ABC, amplían en este libro, una serie de reportajes que publicaron en diciembre de 2016 sobre la vigilancia exhaustiva que realizó durante años la red de espías del régimen a la oposición monárquica.

Estos informes confidenciales, a los que los autores han tenido acceso en exclusiva, documentan cómo comenzó a tejerse esa conspiración a finales de 1947, cuando representantes del socialista Indalecio Prieto se reunieron con enviados de don Juan en Portugal. Allí empieza a fraguarse un frente común contra Franco que englobaría a personas de distintas procedencias e ideologías: monárquicos, aristócratas, políticos de la izquierda y la derecha moderadas en el exilio e incluso militares del círculo de confianza del dictador.

Entre estos seguidores destaca el duque de Alba, embajador de Franco en Londres pero leal a don Juan. «Al dictador le asustaba mucho su figura por su inmensa autoridad y porque era capaz de plantarle cara», recuerda Fernández-Miranda. Primo de la Reina de Inglaterra, Jacobo Fitz-James Stuart fue fundamental para urdir los apoyos internacionales y engrasar las filas monárquicas con los socialistas moderados. También sobresalen los nombres de dos altos mandos del Ejército: el general Alfredo Kindelán y el general Antonio Aranda. El primero oponiéndose al dictador directamente –al que llegó incluso a pedir que dimitiera – y el segundo mediando, entre la izquierda y la derecha.

Antecedente de la Transición

Otra de las figuras claves fue José María Gil Robles, consejero de don Juan en Estoril. El político fue el encargado de llegar a un pacto con Prieto para crear una democracia parlamentaria bajo la figura de Juan III. «Para nosotros es el antecedente remoto de la Transición. La conjura fracasa pero el acuerdo entre la izquierda y la derecha moderada se firma», añade Calero. «Tiene el valor de que se produce nueve años después de la guerra cuando las heridas están muy abiertas», apunta Fernández-Miranda.

Un pacto histórico que, sin embargo, quedó en agua de borrajas tras tomar don Juan conciencia de que Franco no iba a caer. El estallido de la Guerra Fría acabó consolidando al régimen y el dictador vio aprobada en un referéndum celebrado en 1947 una Ley de Sucesión que dejó a su arbitrio el nombramiento de su sucesor a título de Rey. «Cuando don Juan ve que ha perdido y que no va a ser posible esa conjura, no tarda ni un minuto en tomar la decisión de reunirse con Franco», relata Calero.

Un encuentro que se produce el 25 de agosto de 1948, en alta mar y frente a San Sebastián, y en el que el dictador y don Juan decidieron que el joven príncipe Juan Carlos cursaría sus estudios en España. Era la única forma para el abuelo de Felipe VI de garantizar que un Borbón estuviera en el trono.

 

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