Achirica: «Algo falla si no se presentan más propuestas a los concursos municipales»

Javier Achirica/Gabriel de la Iglesia
Javier Achirica / Gabriel de la Iglesia

El presidente del Colegio de Arquitectos de Burgos, Javier Achirica, entiende el «juego político» pero pide más previsión

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Burgos ha sido una ciudad un tanto conservadora. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que se están llengando de propuestas con un valor añadido. Lo que no avanza es el Ayuntamiento, que se encuentra inmerso en una dinámica licitadora que, quién sabe, podría acabar en desarrollar proyectos no del todo satisfactorios. Y el Colegio de Arquitectos de Burgos estaría encantado de asesorar a los munícipes, pero no cuentan con ello. Así lo ha explicado su presidente, Javier Achirica, en una entrevista en BurgosConecta

-Hágame una radiografía de Burgos desde la perspectiva de un arquitecto, ¿en qué tipo de ciudad vivimos?

-El mayor valor que tiene es el patrimonio arquitectónico, comenzando por la Catedral. Si hablamos de la arquitectura más actual, ha habido unos años en los que la ciudad ha sido poco atrevida. Pero actualmente estamos viendo edificios (como el del Colegio de Arquitectos, por ejemplo) que tienen un valor añadido. La arquitectura es un valor que mucha gente va buscando, y Burgos va desarrollando proyectos con mayor valor arquitectónico.

-¿Qué modelo deberíamos seguir? ¿A qué ciudad deberíamos mirar?

-No sabría decirle. Lo fundamental es tener un buen urbanismo. Hay que apostar por la sostenibilidad, las zonas verdes y la convivencia a veces difícil del peatón y del vehículo. Burgos tiene mayor superficie de zonas verdes que otras ciudades, pero quizás no están explotadas lo suficiente. Debería darse más valor a las riberas del Arlanzón, a parques en desuso y que ahora se van a reformar, con el de la Cruz Roja. En este sentido, creemos que se podría haber pensado mejor esa actuación en un parque diseñado por un paisajista, Leandro Silva, de reconocido prestigio.

«Burgos va desarrollando proyectos con un valor arquitectónico añadido»

Precisamente, ¿el Ayuntamiento suele consultar con el Colegio de Arquitectos a la hora de diseñar proyectos propios?

-En general tengo que decir que no. Nos gustaría que para ciertas actuaciones se nos pidiera opinión. Muchas veces nos enteramos del proyecto a toro pasado, cuando ya está saliendo la obra a licitación pública. En el caso del Parque de la Cruz Roja no hemos tenido llamada para participar, ni antes ni después.

-¿Burgos es fácil o difícil, desde el punto de vista de la normativa, la actitud política…?

-A la hora de trabajar, la herramienta que debemos utilizar es el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), que fue modificado en 2014. La práctica y el uso de este instrumento han puesto al descubierto carencias, lagunas, defectillos, que se han ido recogiendo por el Ayuntamiento para hacer la modificación correspondiente. Y desde el Colegio impulsaremos un equipo de trabajo para contribuir con las carencias que detectan día a día los arquitectos. Algunas no son relevantes pero otras sí, sobre todo las relacionadas con la edificabilidad.

-¿Estas deficiencias son normales?

-Sí, es difícil hacer un documento perfecto. El problema es que, por norma general, cuando un planeamiento está en revisión, la gente no suele acudir a las exposiciones públicas. Hay un poco de desinterés.

-¿Cómo se afrontan las relaciones entre arquitectura y patrimonio, siendo Burgos tan rica en este sentido?

-En el casco histórico, las zonas protegidas por las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad, existe una normativa estricta. Es un reto más el hacer convivir la nueva edificación con la existente. Los proyectos que se realizan en zonas sensibles tienen que superar también los criterios de la Comisión de Patrimonio, y ahí surgen diferencias de opinión. Es un añadido de dificultad pero también un reto.

«Las zonas verdes quizás no están explotadas lo suficiente»

-Con intervenciones como la cubierta del Monasterio de San Juan o la remodelación de Las Llanas se ven esas tensiones entre conservar el patrimonio e introducir innovaciones para seguir avanzando. ¿Cómo lo maneja el arquitecto?

-Son actuaciones que tienen mucha repercusión. En el caso del Monasterio de San Juan, la ciudadanía puede pensar que está muy bien ejecutada, pues ha recibido un premio internacional. Luego encontramos casos como el Centro Cidiano, en el que ha habido mucho rechazo, pero es un proyecto que cumple con los requisitos del pliego del concurso y con el PGOU. Cuando se realizaron las exposiciones públicas nadie se percató de que se contemplaba una altura más; lo mismo con el concurso.

-¿Hasta qué punto el Ayuntamiento, en este caso, puede guiarse por el rechazo ciudadanos a un proyecto que cumple con la norma?

-Esa pregunta no me corresponde a mí responderla. Los concursos deben pensarse muy bien desde el inicio para que nada se tuerza. En estos momentos, estamos recurriendo casi sistemáticamente los concursos que convoca el Ayuntamiento por un tema de plazos. Se conceden plazos mínimos para hacer una propuesta técnica y arquitectónica, que pretende ser una solución. Y, además, aparejada a una oferta económica que va a primar en la adjudicación. No es normal. Algo falla si, en los tiempos actuales en los que hay poco trabajo, no se presentan más propuestas (al Cidiano, cuatro; a las Llanas, seis; al campo de fútbol, una; al Mercado G-9, cero). Si está bien pensado, el resultado será el mejor. Ahora se nos plantea la duda de que, quizás, no sea lo mejor.

«Los concursos deben pensarse muy bien desde el inicio para que nada se tuerza»

-¿Es la tónica general del Ayuntamiento o se enmarca en un afán por desarrollar proyectos con la vista puesta en 2019?

-Sabemos que el juego político del Ayuntamiento ha cambiado al no haber mayorías absolutas. Todo se negocia. Los presupuestos se han aprobado tarde y eso ha retrasado toda la tramitación, según nos trasladan desde el Ayuntamiento. Creo que tiene que ver con el juego político, pero debería preverse. No es normal que en el último semestre del año se convoquen seis u ocho concursos. Presentarse a un concurso tiene un coste material y personal que no todos lo pueden asumir.

-Ahora hay varios proyectos importantes sobre la mesa, como Castilfalé, Plaza Mayor, Las Llanas… Con esos problemas que están detectando, ¿nos estamos jugando el futuro de la ciudad?

-En la Plaza Mayor no creo que nos estemos jugando nada más allá de lo que va a costar. Lamentamos que la intervención de un arquitecto de prestigio como Albert Viaplana ahora vaya a desaparecer. Nos parece mal que se haya desvirtuado el proyecto. En cuanto a Castilfalé, creemos que la dotación económica actual es insuficiente para todo lo que se pretende ejecutar en el Palacio y la ampliación.

-¿Qué puede ser más satisfactorio, enfrentarse a un proyecto público o uno privado?

-Depende del ego de cada uno. La obra pública tiene más notoriedad y un proyecto privado no es para todos. Quizás la obra pública tiene la carga adicional de que vas a ser juzgado. Luego hay que tener en cuenta para quién trabajas, pues hay ocasiones en las que con poco presupuesto se hacen cosas brillantes. Eso también hay que valorarlo.

«No podemos decir que hayamos salido de la crisis»

-¿Cómo está la profesión?

-Desde el sector no podemos decir que hayamos salido de la crisis. En 2007 se llegó a un tope de vivienda visada, y luego cayó el 97% en Burgos. Es demoledor. Desde el 2013 se ha ido mejorando, pero las estadísticas son engañosas, pues se está creciendo de nada a un poco más de nada. Sí que hemos constatado que el volumen de trabajo ha ido creciendo pero no para decir que estamos en una situación extraordinaria.

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