Conjugando el verbo defraudar

La prepotencia de Cs y el saber prestidigitador del PP han dinamitado el pacto del tripartito con Vox, el único coherente en este (de) fraude electoral en Burgos

Imagen del pleno de investidura/Aythami Pérez Miguel
Imagen del pleno de investidura / Aythami Pérez Miguel
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Hasta el rabo, todo es toro, decía Daniel de la Rosa el pasado miércoles, cuando solo se conocía el veto de Cs a Javier Lacalle y todavía no se había descubierto el pacto «secreto», como lo ha definido Vox, de reparto de sillones entre PP y Cs, que pretendía convertir a Vicente Marañón en alcalde de Burgos. Y, efectivamente, ha habido que esperar hasta el último suspiro para conocer el nombre del nuevo regidor de la ciudad.

De la Rosa se hacía, el pasado sábado, con el bastón de mando. Como lista más votada, con 11 concejales, nadie debería dudar de la legitimidad de la investidura. Si legítimos son los pactos más aún que gobierne la lista más votada. Sin embargo, no se había acabado de proclamar al socialista cuando el PP ya hablaba de presentar una moción de censura, intentando salvar los muebles tras el fracaso estrepitoso del llamado bloque de centroderecha.

PP, Cs y Vox han sido incapaces de sumar mayoría, representada en un único voto más de los conseguidos por De la Rosa. Y la prepotencia de Cs y el saber prestidigitador del PP son claves para entender lo ocurrido el sábado en el salón de plenos. Los 'populares', liderados por un Lacalle más interesado en irse que en quedarse, han entrado en el juego de los pactos dispuestos a perder un Alcaldía de relevancia como la de Burgos. Todo para salvar a Alfonso Fernández Mañueco y maquillar su pésimo resultado electoral, el primero sin Juan Vicente Herrera.

Eso sí, jugando con maestría sus cartas, y ante el «empeño» de Cs de poner a Marañón de alcalde, han lanzado a los 'naranjas' a los leones de negociar con Vox, poniéndoles frente a frente de su 'cordón sanitario'. Y los de Rivera han caído con todo el equipo. Retorciendo el argumento de la regeneración política, se confiaron en la inquina de Vox hacia el PSOE. Se reunieron en el último momento, espoleados por el PP, pero ni la orden expresa de Abascal evitó la investidura de De la Rosa.

En este intercambio de cromos en el que se ha convertido la política española tras las últimas elecciones, los únicos coherentes han sido los dos ediles de Vox. Sus votos eran imprescindibles para sacar adelante el pacto PP-Cs, como lo serán también en una hipotética moción de censura, y han exigido negociar en igualdad de condiciones, públicamente, sin bloqueos ni menosprecios. Al menos, los ediles de Vox han tratado de no defraudar a sus votantes, algo que dudo que hayan conseguido en Cs.

*Defraudar: frustrar la confianza en alguien | privar de lo que toca por derecho