Un desenmascarador de trileros

Antonio Fernández Santos (PSOE) deja la vida política municipal en una salida a trompicones con mal sabor de boca

Un desenmascarador de trileros
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

La política es ingrata, mucho. Y Antonio Fernández Santos lo ha sentido en sus propias carnes. Quién le iba a decir al socialista que, tras veinte años en el Ayuntamiento de Burgos, formando equipo con Ángel Olivares, Luis Escribano y Daniel de la Rosa, su retirada iba a ser tan turbulenta. Que sus propios compañeros de partido iban a forzar una salida dolorosa, escudada en la premisa de la regeneración política, y a pecho descubierto. No ha sido posible ni maquillarla, evidenciando una vez más los problemas internos que lastran la actividad política del PSOE.

Fernández Santos, militante socialista hasta el último aliento, arrancó su vida política pública como alcalde de Trespaderne entre 1979 y 1986, una etapa que recuerda con mucho cariño y de la que continúa hablando siempre que puede. Fue diputado provincial entre 1983 y 1986 y director provincial de Educación entre 1986 y 1996. Los que estuvieron a sus órdenes entonces aseguran que era (y sigue siendo) de trato difícil, meticuloso y exigente. Sin embargo, era resolutivo, atendía las reclamaciones y no escatimaba esfuerzos por mejorar el sistema educativo en Burgos.

Más información

Desde 1999 es concejal en el Ayuntamiento de Burgos y, pese a su dilatada trayectoria política, Fernández Santos no es político de profesión, o al menos en el sentido peyorativo de la descripción. El socialista ha compatibilizado su acción política con la docencia, hasta que se jubiló hace algunos años, y ha sido un profesor duro, exigente y autoexigente. Y como a alumnos díscolos ha tenido la (mala) costumbre de tratar a los periodistas, lo que le ha ocasionado más de un problema en el seno del PSOE, sobre todo por sus malas formas, su actitud prepotente en algunos casos y esa manía de amonestar desde el púlpito de la sala de prensa municipal.

Aun así, Antonio Fernández Santos es uno de los principales activos del Ayuntamiento de Burgos, sin parangón en conocimiento de la administración local. Y así lo reconocen todos los que, en algún momento, han trabajado con él, sobre todo en las filas enemigas, cosas de la política. En los últimos días, el socialista ha recibido numerosas muestras de cariño, en público y en privado, de las que ni ha quedado fuera el alcalde, Javier Lacalle, pese a los duras palabras con las que Fernández Santos se suele dirigir a él, al que le ha llamado con mucha frecuencia «trilero».

Por ese motivo, su salida a trompicones de la actividad política ha dejado un mal sabor de boca. Se podía haber gestionado con mayor elegacia y sin que pareciese un arrebato por no recibir el reconocimiento de los suyos. Y sin evidenciar una distancia entre Daniel de la Rosa, quien le ha defendido hasta el final, tras convencerlo de repetir cuando ya había decidido descansar y dar prioridad a la familia, y nombres como Luis Tudanca, Esther Peña o David Jurado, quienes desde las ejecutivas regional y provincial han dirigido la conformación de la lista municipal.

Su comparecencia ante los medios, el pasado viernes, sonó a despedida, y eso que todavía queda camino por recorrer hasta el 26 de mayo. Sin embargo, Antonio Fernández Santos ya está de retirada. Se ha visto forzado a dar un paso atrás, cuando lo había dado adelante casi forzado, y eso duele. Y lo que más le duele al socialista, aunque intente disimularlo y diga que es un «sentimiento fugaz», es la falta de reconocimiento entre sus filas, cuando ha dedicado su vida al PSOE. Es posible que, más de uno, se acabe arrepintiendo de lo ocurrido el próximo mes de mayo.