Los pequeños emprendedores afrontan el último reto, la venta de sus productos

Una de las cooperativas vende sus productos/Rodrigo González
Una de las cooperativas vende sus productos / Rodrigo González

Un total de 22 cooperativas han vendido en el Parque de los Poetas los productos que han ido elaborando a lo largo del curso para tratar de obtener beneficios en su empresa

Cristina López Reques
CRISTINA LÓPEZ REQUESBurgos

El ciclo acaba para los pequeños emprendedores. Comenzaron a principios del curso escolar con la creación de su cooperativa. Han pasado varios meses de trabajo en los que han tenido que ir superando cada una de las fases que conlleva un ciclo empresarial completo y, ahora, les ha llegado el momento final, la venta de los productos que han elaborado.

En el Parque de los Poetas, las 22 cooperativas participantes en el programa de la Fundación Caja Rural han instalado sus puestos y han expuesto los diferentes productos que ellos mismos han elaborado, ya sea adquiriendo o reutilizando material. Con este último paso, los niños tienen que tratar de «recuperar la inversión que han hecho», ya que si no venden lo suficiente es posible que «tengan pérdidas y no beneficios», tal y como ha señalado el gerente de la Fundación, Germán Martínez.

Saber promocionar el producto es uno de los elementos básicos de cara al público. De esta forma, todo aquel que pasaba por delante de los puestos ha escuchado cómo cada cooperativa trataba de vender su material. Incluso, antes de que haya terminado esta duodécima Feria, algún grupo estaba muy cerca de conseguirlo. Su idea, un kit de jardinería. El soporte, un cartón de leche, al que han atado dos cuerdas a modo de asas, y en el que han introducido todo lo necesario para plantar unas semillas de melón.

Parece un juego, pero conlleva muchos valores. Por ejemplo, los niños han conocido de primera mano lo que supone montar un negocio, lo importante que es el trabajo en equipo, que todos los miembros tienen que colaborar para que no se resienta el grupo. Y también, por su puesto, «saber emprender y ponerlo en valor», ha afirmado Martínez. Además, con esta práctica han comprobado cómo «todo lo que se produce puede que no se venda», por ejemplo, porque «puede haber competidores que hagan lo mismo y, quizás, más barato».

Colonias artesanas con flores que los propios niños han recogido del campo, palos depresores médicos que se transforman en marcapáginas o posavasos. Diversidad de pulseras y accesorios. La imaginación de cada cooperativa se ha visto reflejada en sus productos. Pero lo importante ha sido cómo elaborarlos, con el compañerismo necesario para que el proceso empresarial siga su curso y finalice con éxito.

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