Bodegas familiares, entre el negocio y las emociones

Barricas de una bodega. /EL NORTE
Barricas de una bodega. / EL NORTE

Los protocolos familiares sirven para establecer los papeles de cada socio, una hoja de ruta y las condiciones de incorporación de las nuevas generaciones

Nieves Caballero
NIEVES CABALLEROValladolid

El sector vitivinícola de Castilla y León se ha visto convulsionado en las últimas semanas por conflictos familiares de consecuencias empresariales todavía impredecibles. Una bodega no deja de ser una empresa que, por lo tanto, puede sufrir las mismas dificultades que cualquier otra. Si además es familiar, a los problemas de gestión o discrepancias empresariales que se generan en el día a día, se pueden sumar los conflictos personales entre los socios, cuyas consecuencias son siempre mucho más dolorosas. Hay fórmulas para intentar atajar los enfrentamientos antes de que se generen. Se trata de los llamados protocolos familiares, cuyo principal objetivo es evitar las desavenencias futuras, pero también para planificar la incorporación de las nuevas generaciones, además de organizar el trabajo en el negocio.

Los ejemplos de confrontaciones en el seno de bodegas familiares están ahí. El del Grupo Pesquera, dividido y con denuncias en los tribunales. De un lado se encuentra Alejandro Fernández, expulsado del consejo de administración de la empresa y de las bodegas y su hija Eva, separada de su responsabilidad como enóloga; y del otro, sus otras tres hijas y su todavía mujer. Y el más reciente, y también muy doloroso, ha sido la expulsión del consejo de administración del mayor de los hermanos Pérez Pascuas, Benjamín, y el despido de su hijo Juan Manuel Pérez Ovejas como enólogo de la bodega, por sus tíos Manuel y Adolfo. Pero no son los únicos casos. También llegó a los tribunales el enfrentamiento entre el ya fallecido David Álvarez de Vega Sicilia con cinco de sus siete hijos.

El experto Manuel Bermejo señala que «es más fácil resolver los enfrentamientos económicos que los emocionales»

Manuel Bermejo, profesor del Instituto de Empresa Business School y presidente de The Family Advisor Board, prefiere hablar de plan estratégico familiar. Se trata de un acuerdo que hay que revisar cada cierto tiempo porque la situación vital de cada uno de los miembros de una familia no es la misma y, encima, va cambiando con el tiempo. Sean solteros o no, tengan hijos o no, estén en la madurez o en la época final de su vida profesional. Las circunstancias van cambiando. Este experto apunta que lo primero que tiene que hacer una familia es «pararse a reflexionar sobre hasta dónde les gustaría transitar juntos y compartir una trayectoria profesional».

Advierte también que no se trata de «un papel que se guarda en un cajón», hay que comprometerse con los valores y los proyectos comunes que se han firmado, es necesario mantener reuniones periódicas y modificar el acuerdo a medida que cambien las circunstancias vitales de las partes implicadas. Al mismo tiempo, recomienda dar cabida a un consejero externo, que no es juez y parte, al contrario que los miembros de una familia y socios.

El también profesor del Master en Dirección y Gestión de Bodegas en la Cámara de Comercio e Industria de Valladolid explica que hay que establecer espacios comunes en los que abordar, por un lado, los planes estratégicos de la propiedad (consejo de administración) y, por otro, las valores y proyectos que se quieren compartir (consejo de familia). Bermejo señala que «los conflictos económicos son más fáciles de resolver, los emocionales son mucho más complicados de abordar».

Algunas bodegas de Castilla y León ya cuentan con protocolos o planes estratégicos familiares. Pedro Ruiz, director general de Pago de Carraovejas y Ossian, se incorporó a la empresa familiar que fundó su padre, el restaurador segoviano José María Ruiz en 2007. Por su parte, su hermana Rocío se ocupa del aérea gastronómica. Considera que «es vital poner unas normas y que no sea un documento cerrado, que sea flexible y se vaya adaptando porque cada si cada empresa tiene una situación diferente, cada familia es un mundo».

Los hermanos Martina e Ignacio Prieto Pariente también trabajan junto a sus padres, María Victoria Pariente e Ignacio Prieto, fundadores de una bodega en Rueda. «Nuestra idea al firmar ante notario un acuerdo familiar fue dejar muy atado todo de cara al futuro», explica Ignacio, para quien uno de los peores problemas que sufre este tipo de empresas es que se ven obligadas a incorporar a todos los familiares aunque en muchos casos no estén preparados. En este sentido, destaca que Martina y él se incorporaron a José Pariente por propia voluntad, «nuestros padres siempre nos han dado libertad».