Zamora mantiene encendido el recuerdo de Laura Luelmo

Ana Hernández enciende una vela junto a la fachada del Ayuntamiento de Villabuena del Puente./M. MONTESINOS
Ana Hernández enciende una vela junto a la fachada del Ayuntamiento de Villabuena del Puente. / M. MONTESINOS

La capital del Duero y el pueblo de Villabuena del Puente, de donde procede la familia de la joven asesinada, no olvidarán a la profesora de «sonrisa permanente y ganas de comerse el mundo»

Alicia Pérez
ALICIA PÉREZZamora

Laura Luelmo dejó un retrato pendiente en Villabuena del Puente. Dejó un retrato por hacer. El de Ana Hernández, una joven del pueblo que tiene un año menos que Laura, junto a su caballo Flamenco, un ejemplar de raza hispano-árabe, tordo rodado. Laura dibujaba tan bien que Ana, que se llevaba muy bien con la joven profesora, le pidió que le hiciera un retrato con su caballo. Las dos caras juntas, la suya y la del animal. Le iba a pasar una foto que le gusta, pero el dibujo quedó pendiente en una de sus últimas conversaciones.

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¿Dibujaba bien? «Vaya, dibujaba de lujo», recuerda Ana Hernández sobre la graduada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca que, como artista, también practicaba la fotografía, la ilustración y el diseño.

La joven coge un farolillo con una vela apagada de la ventana del Ayuntamiento y trata de encenderla con el mechero. Varias veces. La mecha ya es corta, pero no quiere que el recuerdo de Laura Luelmo se apague en la plaza de Castilla y León de Villabuena del Puente, donde los vecinos han creado un mural a modo de altar en la fachada del Ayuntamiento y donde se mantienen dos velas rojas encendidas. Han querido rendir un homenaje a la que todos consideran como hija del pueblo.

Hay carteles hechos por jóvenes de la localidad, enclavada en la comarca de La Guareña, y por niños que los han elaborado en la Biblioteca. Uno de ellos, realizado por la propia Ana Hernández, recuerda el dibujo que realizó la zamorana de 26 años, asesinada a 500 kilómetros de casa, por el Día Internacional de la Mujer. El mensaje dice 'No nací mujer para morir por serlo. #TodossomosLaura'.

En uno de los últimos carteles que se ha pegado en la fachada aparecen dos fotos de Laura Luelmo compartiendo mesa con los amigos de su novio, Teófilo Jiménez, quien ha sido campeón de Castilla y León de Supercross y campeón de España de Moto Cross Clásicas. Son los amigos de Laura de la peña Los del Bronx. Muchos de ellos viajaron a Huelva para ayudar en las labores de búsqueda llevadas a cabo en la localidad de El Campillo, donde días después fue encontrado el cuerpo sin vida de la joven. «Están destrozados, están hechos polvo», explica Ana Hernández mientras intenta encender la vela y devolver el farol a su sitio.

Va a ser difícil para Villabuena del Puente y para Zamora olvidar a la profesora de «sonrisa permanente», que trabajó durante un mes como maestra de Plástica en el Colegio Nuestra Señora del Rocío, antes de marcharse a El Campillo a cubrir otra sustitución.

«Nunca, nunca se va a olvidar», sostienen vecinas de Villabuena del Puente. «Eso ya no se olvida», asiente la joven Ana Hernández sobre la conversación que tuvo con Laura y su deseo de que le hiciera un retrato con su caballo Flamenco, al que ella misma ha domado y que es una de sus grandes pasiones. Las de Laura eran pintar y viajar.

Del Colegio Nuestra Señora del Rocío de Zamora, que pertenece al grupo Amor de Dios, se despidió la joven antes de su viaje a la provincia de Huelva para hacer una sustitución en el Instituto de Educación Secundaria Vázquez Díaz de Nerva. Fue durante un mes la profesora de Plástica de alumnos de primero y tercero de la ESO. «Era una persona encantadora y le gustaba su trabajo», destaca José García, director de un colegio que estos días, junto a sus lemas 'Educamos amando' y 'Educar es nuestra forma de amar', ha colocado un crespón negro en el vestíbulo principal.

En el colegio del barrio de San José Obrero de la capital zamorana hablan de ella como una persona muy afable, que se estaba adaptando, en ese primer mes de trabajo en Zamora, a la vida del centro. Después de lo sucedido, el personal y los compañeros están 'tocados'. Los alumnos lo han sentido y cada uno lo ha manifestado a su manera. La realidad ha ido superando los peores presagios y para todos ha sido un palo fuerte, una situación difícil, que el director no sabe cuánto tiempo tardará en olvidarse.

«Se despidió de nosotros como cualquier persona que empezaba una nueva etapa. Se despidió de todos, de sus alumnos, de nosotros…».

Aunque Laura residía en Zamora junto a su familia, desde pequeña pasaba el verano y las fiestas en Villabuena del Puente, de donde son naturales su abuela materna y su novio y donde su familia todavía conserva la vivienda de sus bisabuelos. En Villabuena aseguran que era una más del pueblo. «Como si fuera de aquí», señala Ana Hernández, que define a la joven como una chica muy alegre, superagradable, muy estudiosa y que hablaba con todo el mundo. «Era, como decimos aquí, un cacho de pan, una bellísima persona». Explica que se había ido a trabajar a la provincia de Huelva contenta y con ilusión, «más según están las cosas ahora mismo. Te vas a buscar la vida y te la quitan», lamenta.

Recuerda otro vecino del pueblo a Laura como una chica alegre, con la sonrisa siempre en la cara, brincando y saltando en el desfile de peñas con sus amigas de El Rincón del Trago y con ganas de comerse el mundo. Son esas ganas las que aseguran que la llevaron a trasladarse a Andalucía como profesora, pero siempre manteniendo el arraigo a su tierra, porque cualquier oportunidad era buena para ella para volver a Villabuena y a Zamora, como hizo en el puente de la Constitución, cuando ya había comenzado a trabajar en Nerva.

En la conversación con los vecinos aparecen los buenos recuerdos sobre Laura, el dolor, y también los sentimientos de rabia e indignación por lo ocurrido, por un pensamiento generalizado que tienen los vecinos de «que justicia más injusta».

«Estamos apenados, todo el mundo. Una pena que hayan hecho eso», explica Juan José García, un vecino mayor que pasea en las proximidades de la iglesia.

La indignación existente en el pueblo por el asesinato es muy grande para Mari Carmen Bernabeu, otra vecina. «Sabes que entran por una puerta y salen por otra, porque esto ya lo había hecho. Ves que cualquier día nos puede tocar a cualquiera y te duele», manifiesta.

Junto a ella, está Constantine Ionita. Es de Rumanía y llegó a Villabuena del Puente hace diez años. Conocía a Laura solo de vista y desde su desaparición ha visto al pueblo sumergido en la tristeza como nunca antes lo había visto. «Es una lástima que pasen estas cosas. Es una pérdida para los vecinos, para los amigos, para todo el pueblo. Es muy triste, muy triste», explica mientras hacen labores de jardinería como trabajadora del Ayuntamiento. El trabajo, la vida, ya sin Laura Luelmo, aunque con su recuerdo vivo, siguen en Villabuena del Puente y Zamora. Tienen que seguir.

Dos vidas truncadas

Tan solo siete meses separan los asesinatos de Laura Luelmo Hernández y Leticia Rosino Andrés, dos jóvenes zamoranas de 26 y 32 años, respectivamente, formadas incluso en el extranjero, en países como Inglaterra y México, con una carrera prometedora y con toda una vida por delante. Desde la desaparición de Laura el 12 de diciembre, la provincia de Zamora ha revivido el crimen ocurrido en Castrogonzalo, en la comarca de Benavente, el pasado 3 de mayo.

Leticia Rosino murió a manos de un menor de 16 años condenado a ocho años de internamiento y cinco de libertad vigilada. La sentencia condenatoria del Juzgado de Menores número 1 de Zamora se hacía pública un día después de la desaparición de Laura Luelmo en El Campillo, donde fue asesinada por Bernardo Montoya, según él mismo ha confesado.

Ambas sufrieron una agresión sexual y ambas fueron asesinadas después con un fuerte golpe. Son 575 los kilómetros que separan Castrogonzalo de El Campillo, en la provincia de Huelva, pero Laura Luelmo tenía en común con Leticia que también era zamorana.

La provincia ha revivido con este nuevo caso el asesinato de Leticia Rosino y también lo ha hecho su familia. «Lo estamos viviendo como propio de nuevo porque es tan similar que realmente no puedes por menos», explica Santiago Andrés, tío de la joven tabaresa. «De repente hemos vuelto a revivir todo como propio de nuevo. Había tanta similitud en la forma que, de alguna manera, nos hizo pensar que estábamos ante otro caso similar y desgraciadamente así se ha confirmado», lamenta.

La familia Rosino Andrés está peleando y trabajando porque cambie la Ley del Menor y están dando los últimos pasos para crear la Fundación Leticia Rosino. «Todo nuestro esfuerzo va a estar primordialmente en que las leyes se adecuen y sean las justas y las correctas para la sociedad en la que estamos viviendo en este momento», defiende.

«Son personas que no están preparadas para vivir en sociedad. Tienen que estar encerradas de por vida porque cada minuto que les dejes de libertad es algo que vamos a lamentar la sociedad», aseguran y creen que «el legislador tiene que sentarse y tomar cartas en el asunto».

 

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