Gastrohistorias

Caldo gallego, gazpacho y maracas: Casa Cugat

Xavier Cugat en 1946 (Wikimedia Commons CC PD) y logotipo de su restaurante. /
Xavier Cugat en 1946 (Wikimedia Commons CC PD) y logotipo de su restaurante.

El célebre Xavier Cugat tuvo en Estados Unidos una cadena de restaurantes de comida hispana

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

El 1 de enero de 1900 nació en Gerona un niño llamado Francisco de Asís Javier Cugat Mingall de Bru y Deulofeu. Un nombre demasiado largo para quien pasaría a la historia como el Rey de la Rumba, Xavier Cugat. Este músico, dibujante y showman catalán fue sin duda uno de los españoles más universales del siglo XX: violinista clásico, caricaturista, director de orquesta, actor, empresario… Prueba de ello son sus cuatro estrellas de la fama en Hollywood, sus decenas de discos y la multitud de películas en las que participó.

Popularizó los ritmos latinos en Estados Unidos, fue amigo de Charles Chaplin, Frank Sinatra o Rita Hayworth, llegó a lo más alto, hizo de todo y casi todo bien, menos casarse. Cinco veces contrajo matrimonio y cinco se divorció, pero entre boda y boda supo ejercer de generoso Pigmalión llevando a la fama a sus sucesivas esposas, la célebre artista cubana Rita Montaner, la actriz y cantante Abbe Lane o la guitarrista murciana Charo Baeza (otra española archifamosa en EE UU). Cugat siempre tuvo buen gusto para las mujeres, la música y -ojo aquí- la gastronomía. Emigrado a Cuba en 1904 y de allí a Nueva York en 1915, Xavier Cugat presumió siempre de morro fino y aptitudes para el guisoteo. En su biografía 'Yo Cugat, mis primeros 80 años' (1981) decía por ejemplo: «Soy muy aficionado a la cocina y ya he explicado que con mis hermanos, de jóvenes, cocinábamos magníficos platos. El Cugat cocinero es otro aspecto de mi personalidad».

Convertido en pionero del tango, el cha-cha-chá y otros ritmos latinos, desde 1945 tuvo entre ceja y ceja abrir su propio local, un 'night-club' de aquellos en los que se podía cenar elegantemente al son caribeño. En 1946 sostuvo conversaciones con la cadena de hoteles Hilton para abrir restaurantes musicales bajo la marca Casa Cugat, y pocos años después anduvo en trámites para hacerlo realidad en Miami. Ninguna de aquellas iniciativas cuajó hasta 1958 cuando, ya conocido en todo el mundo, 'Cugi' abrió por fin su soñada Casa Cugat, una sala de fiestas con comedor incluido situada en Manhattan, concretamente en los bajos del hotel Shelton Towers (ahora Marriott East Side Hotel).

Inaugurada a bombo y platillo el 24 de noviembre de 1958 bajo el concepto de «cocina panamericana», Casa Cugat incluyó en su primer menú cóctel de gambas gigantes, almejas a la española, caldo gallego, paella valenciana y arroz con pollo además de platos internacionales como coq au vin, o patatas a la parisién. Lamentablemente, el negocio no fue muy bien porque, en la cúspide de su fama, Cugat no podía estar allí todos los días y los clientes salían decepcionados por no verle. La Casa original cerró en 1959 pero el gusanillo de la gastronomía siguió incitando al artista gerundense a meterse en negocios como la venta de chocolate (Cugat's Nougats) o la importación de vino español baratungo porque total, según él, «los americanos no saben distinguir sobre la calidad de las marcas».

Años después, le ofrecieron participar en una cadena de restaurantes mexicanos que de nuevo llevarían el nombre de Casa Cugat. Él se avino encantado y en colaboración con sus hermanos llegó a tener ocho locales de franquicia en California. El más conocido fue el situado en la estratégica La Cienega Boulevard, una calle de Los Ángeles llena de restaurantes temáticos. A sus 80 años Cugat iba todos los días a recibir a los clientes y contar batallitas de sus días dorados. Honrado con la visita de muchos amigos famosos, en una ocasión declaró al periódico Los Angeles Times los gustos de tan ilustres comensales, enamorados de la cocina hispano-mexicana que ofrecía casa Cugat. A Marlon Brando le gustaban las quesadillas, a Steve Martin el filete, Dinah Shore se despiporraba por el gazpacho y Paul Newman por el arroz con pollo, mientras que la murciana Charo era incondicional del 'filet of sole fundador' o filete de lenguado con brandy Fundador. Más español y genial no pudo ser.

 

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