Robert Redford: «Interpretar proscritos es irresistible para mí»

Robert Redford, en un fotograma de la película.

Despide su carrera como intérprete en 'The Old Man and The Gun', en la que da vida a Forrest Tucker, un hombre que robó 90 bancos y se escapó en 17 ocasiones de prisión

MARÍA ESTÉVEZ

Las dos cerradas ovaciones con las que se recibieron los estrenos de 'The Old Man and The Gun' en los festivales de Telluride y Toronto demuestran claramente que la audiencia quiere más, mucho más, de Robert Redford. Pero la película es su canción de despedida, un filme para echar el cierre a una brillante carrera a lo largo de siete décadas. Redford interpreta de nuevo a un personaje carismático fuera de la ley. Se trata de Forrest Tucker, un hombre que robó 90 bancos y se escapó en 17 ocasiones de la cárcel.

-¿Por qué se despide con este personaje?

-Siempre me han atraído los rebeldes, los hombres al otro lado de la ley. He interpretado muchos en mi carrera y, en este caso, sigo por la misma senda. Casey Affleck representa al depredador y yo represento la presa. Siempre me ha gustado esa dinámica. La presa sabe que el depredador le persigue, y éste sabe que, eventualmente, lo cogerá. En ese baile hay un entendimiento mutuo que se desarrolla como una amistad. Es una relación extraña. Hay algo esencialmente irresistible para mí cuando se trata de interpretar proscritos, lo confieso, son los personajes que más llaman mi atención. Yo me siento feliz con este tipo de papeles.

-En la película hay imágenes de otras cintas suyas.

-Sí. Es un homenaje a mi carrera, una metapelícula, pero fue una decisión personal del director.

-Usted compró los derechos de la vida de Forrest Tucker y es productor de este filme.

-Cuando leí el reportaje de David Grann en la revista New Yorker sobre la vida de Tucker no podía creer lo que decían. Me pareció una vida que merecía la pena contarse en el cine. Simplemente, pensé que era una gran historia.

-¿Ha decidido retirarse?

-De actuar, sí. Todo el mundo habla de ello. Me he dado cuenta de que mucha gente a mi edad decide seguir con su vida y hacer otras cosas. Yo voy a dejar la actuación, pero no me retiro. Voy a continuar dirigiendo. También he dicho que uno no puede decir nunca, sin embargo, siento que me ha llegado la hora de jubilarme como actor. He puesto mi alma en este trabajo, me he dado por completo, es algo que llevo haciendo desde los 20 años. No quiero esperar a que suene la campana. Ha llegado mi hora de una semi jubilación y no creo que haya mejor proyecto para despedirse que 'The Old Man and The Gun'.

-¿Ha perdido la ilusión por interpretar?

-Con la edad uno mira hacia atrás más que hacia delante y es ahí donde me encuentro. Voy a seguir por otro camino, no es una retirada, voy a dedicar mi tiempo al arte y a dirigir. Soy un hombre curioso, me interesa todo. Como artista siempre he estado obsesionado con la idea del sueño americano en todas las versiones de mi trabajo; como director, como actor y como productor. Creo que siempre he perseguido metas que me fueron impuestas por una generación anterior a la mía. En América admiramos la ambición hasta tal punto que ésta se convierte en obsesión y se traduce en dinero y éxito, pero dejamos a un lado muchos valores humanos como la familia y la compasión. Nunca había mirado hacia atrás pero un día te levantas y te das cuenta de que en tu retrovisor eres historia. Yo no quiero ser solo historia.

-Es cierto que tiene pensado mudarse a España.

-En España pasé muy buenos momentos y, tal vez, regrese a pasar temporadas. Soy un hombre impaciente, me cuesta quedarme sentado y esperar una toma y otra. En este momento de mi vida, a los 80, quiero hacer lo que me provoque satisfacción porque no depende de nadie. Soy solo yo, como solía ser de joven cuando dibujaba. Quiero recuperar esos momentos.

-Esta semana arranca el Festival de Sundance que usted creó. ¿Cuál es su motivación para seguir al frente de ese 'laboratorio'?

-Todo empezó cuando estaba trabajando sin parar en películas comerciales. Me di cuenta que había muchas historias que no se estaban contando, directores que se veían y que, sin embargo, estaban ahí fuera. Pensé que era necesario ampliar la industria y apoyar al realizador independiente, cree un lugar y un espacio donde el artista puede venir a desarrollar sus historias, a producir sus películas. La motivación de entonces sigue siendo la misma, un lugar con credibilidad donde los artistas tienen esa oportunidad que se les niega.

-¿Por qué en Utah y no en Nueva York o Los Ángeles?

-Porque cuando empecé no tenía dinero para mantener el laboratorio en un ambiente urbano como Nueva York o Los Ángeles, que es donde debería estar. Solo podía ofrecer el lugar que yo tenía en las montañas. Luego pensé que algo podría surgir en este lugar, ya que siempre sucede algo cuando se unen arte y naturaleza. La idea era crear algo duradero y comprometido. Gracias a mis amigos de Hollywood, que me ayudaron mucho al principio, Sundance ha dejado de ser un campamento para convertirse en una institución que funciona aparte del festival.

-¿Se siente el mentor de los artistas que han pasado por Sundance?

-Creo que ser maestro es importante, todos empezamos en algún sitio y cuando triunfas, debes ser generoso y compartir con los que vienen detrás. Mi laboratorio une a artistas establecidos con los jóvenes, es un intercambio de ideas y eso genera más arte.

-¿Cómo se prepara para un trabajo?

-Siempre me ha afectado lo que ocurre en el mundo. Para mí hay dos cosas importantes; mi papel como actor y artista, y cuál es la historia que vamos a contar. Me afectó mucho la investigación de la película 'Todos los hombres del presidente' porque pasé mucho tiempo con Ben Bradley y Phil Bronstein. Ellos me enseñaron su trabajo, vi de primera mano cómo investigaban con un objetivo definido. De algún modo, algo cambio en mi mente y ahora, cada vez que me preparo para un papel, lo hago como lo haría un periodista, porque para ellos, como para mí, la historia es lo realmente importante.

 

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