Imanol Arias: «El teatro no es como montar en bicicleta»

El actor Imanol Arias./Efe
El actor Imanol Arias. / Efe

El actor vuelve a escena veinticuatro años después con 'La vida a palos', un texto sobre la relación padre-hijo «cosido» con aires flamencos

MIGUEL LORENCIMadrid

«El teatro no es como andar en bicicleta. No hay nada aprendido; se hace y se deshace en cada función». Así afronta Imanol Arias (Riaño, León, 1956) su vuelta a los escenarios tras veinticuatro años ausente de las tablas. Regresa estrenando en Bilbao, el 28 de junio en el teatro Campos Elíseos, 'La vida a palos (Testamento)', «una invitación a conocer el mundo del flamenco y la relación padre-hijo a través de una vida inventada cosida por soleás, martinetes, fandangos, seguidillas o colombianas. Lo presentó en los Teatros del Canal de Madrid, donde recalará tras su estreno bilbaíno y antes de llevar este «desafío» en una gira intermitente por América Latina en los próximos dos años. El texto es un «regalo» de su difunto amigo Pedro Atienza dramatizado por José Manuel Mora y con dirección escénica y coreografía de Carlota Ferrer. Jon Arias hijo de actor y Pastora Vega, debía encarnar un papel, pero se ha caído del cartel.

«El teatro no te mata, no te echa de esta profesión, pero te obliga a trabajar sin red. A empezar de cero en cada función, aunque te da la oportunidad de hacerlo bien». Con este talante se enfrenta Imanol Arias a su regreso escénico. La última vez que se subió a las tablas fue en Buenos Aires donde protagonizó en 1994 el 'Calígula' de Camus, con 190 funciones en un año. «Nadie se va del teatro ni vuelve a él. El teatro siempre está ahí. Hay veces en que puedes realizar un trabajo muy continuado y otras en las que tienes que aparcarlo. Te conviertes más en espectador que en un agente activo», dice el actor que lleva 17 temporadas como Antonio Alcántara en 'Cuéntame' - «un castigo agradable», ironiza-, que también rueda la serie 'Velvet' y que no renuncia a otros proyectos de cine. «Todo iba a la contra, pero al finas ha podido ser», se felicita.

Valor y ganas

Afronta el reto e un momento dulce, recién casado, «juntando valor y ganas» y dejando atrás problemas de todo, tipo, incluido su contencioso con Hacienda. «No sé morime debiendo» dice dando claves vitales y de una pieza escénica que «habla de las deudas del pasado, del legado emocional, de la vida artística y familiar». «La vida me ha dado palos y a veces me dieron ganas de morirme, pero no sé morime debiendo» insiste el actor, reconciliado consigo mismo. «Con 62 años estoy a a tiempo de deshacer mis entuertos. No todo los palos son tristes, no todos son martinetes que te abrasan el alma. En la vida hay colombianas y fandanguillos», dice risueño.

«Voy a vivir el teatro como se tiene que vivir, con más respeto que miedo. Ni tranquilo ni aterrado, con ganas de levantar la función cada día ante 400 o 500 personas, de echar el resto», explica. «Es como el alpinista que llega a los Dolomitas y sabe el esfuerzo que a de hacer para llegar a la cima, o el torero que tiene que arrimarse» dice sabiendo que «hoy no es muy popular habla de toros».

«Lo más difícil es memorizar y dibujar los monólogos», reconoce el actor, que no estará arropado pro su hijo Jon, actor como él y músico. Se anunció en el reparto «pero había hecho unas pruebas para un proyecto internacional muy importante que la final le ha caído», explica el padre. No descarta que se sume al proyecto «más adelante». L obra se verá Montevideo, Buenos Aires, Córdoba, Santigo de Chile y Barcelona

La pieza es «la herencia de un amigo», «una obra póstuma» que parte de los deslabazados textos le entregó Atienza poco antes de morir. «Es un legado, un testamento y he tardado mucho en comprender y en buscarle una solución dramática», dice Arias de un texto que recibió sin estructura dramática. «Si tenía una enorme sensación de responsabilidad de cumplir lo que se me pidió que prometiera: hacerme cargo del texto y de ese legado, un relato fragmentario de tono picaresco y cosido con aires flamencos».

José Manuel Mora, quien ha hecho la dramaturgia de los textos de Atienza, explica como «además de invitarnos a conocer el mundo del flamenco y sus diferentes palos», el potencial dramático de esta obra «está en un tema universal: la relación padre-hijo; el reencuentro entre ambos; reconciliación y la asunción del testamento vital de nuestro progenitor». El texto propone un doble viaje vital: el que desde los años 80 del siglo pasado realizó Atienza por las geografías vitales y paisajistas del mundo -«y que marcaron su vida en una huida permanente de sí mismo y del dolor de vivir»-, y el viaje que en el presente realiza su hijo revisitando las geografías del padre con el fin de poder comprender el sentido último de su existencia».

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