Lo que el flamenco le contó al vino de Jerez

Josep Roca, la voz del vino en Madrid Fusión. / Virginia Carrasco y Óscar Chamorro

El sumiller Josep Roca y el guitarrista Diego del Morao dialogaron sobre el Jerez en Madrid Fusión | El público pudo probar unas gotas de un vino de 200 años

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

A Josep Roca, sumiller y hermano mediano de la saga familiar que pilota el Celler de Can Roca en Girona -con tres estrellas Michelin-, le tratan con extremo cariño cada vez que sus zapatos hacen crujir el suelo de madera de las bodegas de Jerez. El 'Pitu', como le llaman afablemente, ha ayudado a popularizar los vinos de la región desde su restaurante, en cuyas bodegas guarda más de 200 marcas de esta denomiación de origen que muestra a cada visitante que llega. «Desde hace once años lo hemos mostrado a mucha gente de muchos lugares del mundo, desde allí hemos podido crear afición. Cuando explicas un vino de Jerez sabes que explicas un vino único, cargado de cultura, de mar, de sal y del flamenco de Diego Del Morao», confiesa el sumiller.

Debido a esta pasión, al 'Pitu' le eligieron este miércoles para interpretar a la voz del vino en un diálogo con el flamenco, cuyas cuerdas vocales fueron las de la guitarra del jerezano Diego Del Morao en la ponencia 'Jerez entreverao', que sirvió como fin de fiesta y cierre de Madrid Fusión.

«El flamenco y el Jerez tienen una historia detrás de armonía fanástica. Hay una simbología de palos de flamenco y palos de Jerez que tienen una relación», explicaba Roca. De ahí que comparase el mosto joven de la uva con las Alegrías, el oloroso -«hedonismo puro»- con la Soléa, o el Palo Cortado con la bulería, «que al ser de ida y vuelta ha ido variando con el tiempo».

Cada relato de Roca era contestado por uno de estos palos flamencos con el sonido de 'La Maestra', la última guitarra que encargó Paco de Lucía, que esta ocasión tañía Del Morao. Ambos han grabado un documental en el que explican este peculiar maridaje y que ya está disponible en las redes sociales.

El público presente tuvo la oportunidad de probar unas gotas de Trafalgar, un Jerez que los fundadores de González-Byass compraron el mismo año de la batalla y que cuenta con 200 años de historia. La experiencia de catar un vino estanco, que ya está condenado a su extinción, sobrecogío a los presentes. «No es cómodo, ni confortable. Eso es pasar la historia. Sabe a resina, a dureza, es como morder la madera salada de un vino pegado al vientre de esa bota -como se conoce a los barrilles en la zona-. Un vino que arde en llamas. Es como besar la historia, o que la historia entre dentro de uno», recitó Roca.

Después, la guitarra de DelMorao volvió a sonar, esta vez evocando la pólvora de Trafalgar.

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