La historieta interminable de la Guerra Civil

Portada de 'El cómic sobre la Guerra Civil'. /Cátedra
Portada de 'El cómic sobre la Guerra Civil'. / Cátedra

El francés Michel Matly analiza los cientos de tebeos que cuentan la contienda en viñetas desde su estallido hasta hoy

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

El gran hispanista Paul Preston tuvo dudas sobre la pertinencia de contar la Guerra Civil en viñetas. Pero accedió y su versión en cómic sobre la contienda fue todo un éxito. Nada raro si se tiene en cuenta que el tebeo es un género centenario y masivo y que a lo largo de las últimas ocho décadas medio millar de tebeos y cómics ha contado -y contarán- la Guerra Civil española desde todos los prismas, perspectivas e ideologías. Una historieta interminable y cambiante que recorre 'El cómic sobre la Guerra Civil' (Cátedra), un exhaustivo ensayo del francés Michel Matly (Dompierre-Sur-Besbre, 1952), que analiza el relato gráfico de la confrontación desde su estallido hasta hoy.

De los malvados y diabólicos rojos a los que los dibujantes fascistas demonizaban hasta lo que hoy se ha dado en llamar 'memoria histórica', el riguroso y profusamente ilustrado ensayo de Matly cubre ochenta años de propuestas y sensibilidades opuestas. Un trabajo monumental que constata cómo la guerra «ha estado y sigue estando presente en el corazón de muchos, tanto en España como en el exterior». Y es que Malty también muestra cómo rememoran la guerra diversas sociedades y países en distintas épocas y la enorme variedad de sus recuerdos.

«Tengo sed de robar y asesinar. Por algo soy rojo», se lee en los bocadillos de 'Un miliciano rojo', viñeta en la que Castanys caricaturizaba en 1937 al protagonista de una historieta de 'Pelayos', revista infantil para falangistas en ciernes en la que un rojo era un «bruto comunista, animal cruel y sanguinario que torturaba a sus oponentes y asesinaba a mujeres y ancianos». Aróztegui, director de 'Flecha', hace lo propio para ridiculizar a los republicanos, «sacando partido a la estupidez o a la embriaguez de los milicianos», en la serie del alevín falangista 'El flecha llamado Edmundo vence siempre a todo el mundo'.

Son dos ejemplos de cómo entre 1936 y 1938 estas historietas «virulentas y propagandísticas» que acabarían fundidas en 'Flechas y Pelayos' fueron eficaces herramientas para ridiculizar al enemigo. Si el bando franquista anatematiza al adversario, en el republicano revoloteaban cientos de tiras de corta vida, las llamadas 'revistas de trinchera', que usaban el cómic «para denunciar a las potencias extranjeras, educar a sus combatientes y tranqulizar a la población juvenil», apunta el autor.

Desmenuza Malty cientos de historietas «de calidad o infames» que en algunos casos pretenden «solo contarnos la guerra», «emocionarnos o movilizarnos» en otras, y a través de su evocación, «hacernos reflexionar». Algunas consideran «legítimo» el combate, otras ven la guerra como un «desastre» que ninguna razón puede justificar. Las hay que buscan «ante todo cerrar las heridas del pasado» o consideran que «las fracturas de la guerra se prolongan en otras contemporáneas».

Épocas

«Cada historieta es a la vez un relato de historia y un objeto histórico, cada una de ellas habla de la contienda, pero también, según el momento de creación, de la España de la Transición o de la España de hoy, o de la Argentina recién salida de sus años negros o de la identidad de los descendientes de los exiliados en Francia», explican los editores.

Ingeniero químico y gran experto en el cómic, Matly ya dedicó su su tesis doctoral y numerosos artículos a esta particular historia ibérica del tebeo. Casado con una española, no quiso pisar nuestro país mientras Franco estuviera vivo. Algo que no atenuó su interés por el tratamiento gráfico de la guerra que ha analizado desde el estallido de la contienda hasta hoy a través de las 500 obras gráficas sobre de la fratricida conflagración aparecidas en los últimos 80 años y la revisión de más de 15.000 revista digitalizadas.

Un largo paseo gráfico y literario que, lejos de perder interés, ha intensificado su pulso en las últimas décadas. Porque al menos 350 de las obras que revisa -unos 150 álbumes y 200 historias cortas que suman 8.000 páginas firmadas por 250 autores- se publicaron a partir de los años 70 del siglo XX. Una cantidad comparable, según Malty «a la producción historietística de la Primera Guerra Mundial».

«A pesar de los esfuerzos reales por relegar la Guerra Civil al pasado y al olvido, su memoria permanece viva, y conflictiva, en España, por supuesto, donde casi no hay familia que no conserve las heridas, pero también entre los descendientes del exilio republicano», asegura Malty en el prólogo. Casi dos tercios de las obras que analiza, el 60%, son españolas, pero también da cuenta de las historietas publicadas en otra quincena de países como Francia, Argentina, Italia, Estados Unidos, Polonia o Filipinas.

Articula su estudio en torno a un recorrido cronológico centrado en temas «sensibles» como son la «nunca asumida» violencia contra civiles y «contra mujeres en particular»; la Iglesia católica -«en su doble dimensión de violencias perpetradas contra ella y de su alianza y complicidad con el franquismo y los excesos del levantamiento»-, y el exilio y la cárcel «que sufrieron medio millón de personas durante y después de la guerra».

La nómina de dibujante y publicaciones es infinita. Revistas como 'Butifarra', 'El Víbora', 'Totem', 'El Papus', 'Cimoc', 'Madriz' o 'El Jueves', entre los más cercanas en el tiempo. Priman los autores de inclinación «republicana», como Felipe Hernández Cava, Gordillo, Font, Gallardo, Ángel de la Calle, Altarriba, Montesol, Carlos Giménez (autor de 'Paracuellos', «uno de los monumentos de la historieta», según Matly), Azagra, Víctor Mora, Antonio Hernández Palacios, Kim con su 'Martínez el Facha' -«ridículo portador de los valores franquistas»-, Paco Roca, o el Forges de 'La guerra incivil'. Tambien el José Pablo García que dibuja 'La muerte de Guernica' y 'La guerra civil española' de Paul Preston; Mikel Begoña e Iñaket, que en 'Tristísima ceniza' recrean la vida de Robert Capa; Ramón Pereira y Ramón Boldu, que hacen lo propio con Miguel Hernández en 'La voz que no cesa', o Enrique Bonet con la de Federico García Lorca en 'La araña del olvido', y Carlos Hernández y El Torres en 'La huella de Lorca'.

Ha querido Matly llevar a la portada de su ensayo una «magistral interpretación de la contienda», la serie de cuatro viñetas titulada 'Guerra Civil' que Ops (Andrés Rábago, hoy conocido como El Roto) dibujó para la revista 'Madriz' en 1985. Retrató a las dos Españas, a través de un hombre trajeado que pinta de rojo a otro que le acaba cargando a hombros. Refleja así «cómo una de las dos Españas lleva a cuestas el fardo de la otra».

Ficha

Título
'El cómic sobre la guerra civil'
Editorial
Cátedra
Páginas
408
Precio
35 euros

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