Luis García Montero: «Para ser progresista no hace falta despreciar a España»

Luis García Montero./Efe
Luis García Montero. / Efe

El director del Instituto Cervantes reivindica la bondad de Antonio Machado en su nuevo libro, 'Las palabras rotas'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Filólogo de formación, el poeta Luis García Montero (Granada, 1958) quiere recuperar las palabras que él considera fundamentales para la democracia; progreso, verdad, tiempo, política, que ahora están «en el cubo de la basura», asegura García Montero. Pero sobre todas ellas, el actual director del Instituto Cervantes sitúa la bondad, que brilla en 'Las palabras rotas' (Alfaguara), su nuevo libro, de tintes machadianos y cuya esencia se resume en este verso del poeta sevillano: «Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno».

-Su obra es un diálogo con Antonio Machado.

-Fue un poeta cívico con mucho sentido del humor, un escéptico con creencias. Porque poner en duda la verdad está muy bien, pero el pensamiento crítico debe proponer un pensamiento alternativo, y más en esta época de posverdad. Machado decía: 'Tu verdad, no. La verdad. Vente conmigo a buscarla'. Ésa es una verdad alejada del fanatismo.

-Si Machado estuviera en el debate público de hoy, ¿se reirían de él?

-Ya en su tiempo las cosas eran complicadas y él se dio cuenta de que la sociedad comenzaba a confundir la bondad con el buenismo. Eso pasa también hoy. A quien tiene buenas intenciones en la vida, en la política, se le llama buenista, porque lo que hay que tener es mala intención para acabar con el contrario y destruir el diálogo. Quizá se reirían de él, pero nos hace compañía a los que no queremos rendirnos al odio.

-Su libro es también la reivindicación de una España que no es la de las élites extractivas ni la de la pulsera-bandera, sino la de los servicios públicos.

-Cuando Lorca fue asesinado, Dámaso Alonso escribió un poema en el que se lamentaba que Lorca hubiera sido fusilado por el nacionalismo español siendo el más español de los poetas. Yo me identifico con la España romántica y liberal de la Constitución de Cádiz. Existe una España luminosa y me parece que no hace falta despreciar a España para sentirse progresista. Yo me siento heredero de una España progresista, la de Alberti, la de Machado, gente que dio su vida por el país o que salió al exilio por defender la democracia, y no precisamente en abstracto. Sentirse español no es el 'todo por la patria' o sacar la bandera. Sentirse español es que los que más tienen paguen más impuestos para tener unos buenos servicios públicos. Esas banderas españolas que algunos llevan en todos los sitios, menos en los paraísos fiscales, me parecen de una gran hipocresía.

-¿Y qué se les dice a los españoles que no quieren ser españoles?

-La política está para resolver problemas, no para incendiar la realidad por unos votos. Fue muy peligroso que un partido como Convergència tratara de tapar su saqueo a los servicios públicos con la frase 'España nos roba' y que por el otro lado, quienes nos robaban en Madrid o Valencia quisieran tapar lo suyo generando odio contra Cataluña. En el siglo XXI, volver al nacionalismo fragmentario es un retroceso respecto a una Europa abierta. Vuelvo a los impuestos. El que más gana tiene que contribuir más para mejorar la vida del que menos tiene. Por una serie de condiciones históricas, el enriquecimiento se produjo en Cataluña y el País Vasco y el empobrecimiento, en Extremadura y Andalucía. Por eso, me cae poco simpático el supremacismo del vecino del barrio de Salamanca que no quiere pagar impuestos y me cae poco simpático el supremacismo de los catalanes que dicen a los pobres: 'Ahí os quedáis'.

Oveja negra

-Usted fue candidato de IU en unas elecciones y uno de sus hermanos, concejal del PP en el Ayuntamiento de Granada. ¿Cómo se vive con esta diversidad política en la familia?

-La oveja negra de la familia he sido yo. Mi familia es muy tradicional, mis padres son muy conservadores y de seis hermanos, cuatro son de derechas, así que en las reuniones familiares predomina esa opción. Pero he tenido la suerte de que en mi casa se den las condiciones para que todos nos respetemos. Es importante conseguir un espacio donde los valores de la vida no se sacrifiquen por los valores de las consignas. Recuerdo que Camus decía que lo materno está por encima de cualquier otra cosa. En 1982, cuando gané el premio Adonais de Poesía, el Comité de Solidaridad con Latinoamérica me pidió que participara en la toma pacífica de un consulado en Granada. Lo hice, la Policía nos quitó el carné de identidad y aunque yo ya me había independizado, mi padre me echó una bronca tremenda. Pero unos días después, un amigo suyo me dijo: 'Cómo te quiere tu padre'. ¿Qué había pasado? En el bar de los oficiales un amigo le dijo: 'Tu hijo hace actos vandálicos' y él le respondió: 'Mi hijo hace lo que yo le he enseñado: defender la vida humana y el respeto a un cardenal de la Iglesia'. Esa es la lealtad con la que me trató mi padre y con la que yo trato a mis hermanos cuando dicen disparates sobre la política española (risas). Piensan cosas diferentes a mí, pero eso no puede fracturar nuestra lealtad.

-¿Seguirá al frente del Instituto Cervantes?

-Si Vox hubiera estado en el Gobierno, yo habría tenido que dimitir, no hubiera podido seguir. Pero estoy contento con la confianza que me da el Gobierno. Me gustaría seguir un par de años más para consolidar una serie de medidas que puedan poner al Cervantes al nivel de otros institutos extranjeros. En tiempos del 'brexit' es todavía más necesario crear una comunidad hermana para afrontar los retos de la globalización.