Una poeta joven

Su obra es una depurada criba de poesía, ensayo y varia invención sometida a una exigencia crítica

AURELIO MAJOR

El Premio Cervantes concedido a Ida Vitale, precedido hace apenas unas semanas por el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que le entregará la Feria del Libro de Guadalajara en unos días en México, no ha hecho más que prestigiar la trayectoria de estos galardones. Su obra, desde el lejano 1949, es una depurada criba de poesía, ensayo y varia invención sometida a una exigencia crítica no exenta de levedad e incluso de ironía que subraya la importancia de la literatura considerada como literatura y no como instrumento, una obra inteligentísima ajena a «todo nacionalismo literario, en lo que éste tiene de limitación provinciana y resentida, de desahogo de la mediocridad», como escribió de su generación, la del 45 uruguayo, el crítico Emir Rodríguez Monegal.

Un poema de Gabriela Mistral que le leyó una de sus profesoras en la infancia y que inculcó en ella la fascinación del misterio y el placer y energía de su desciframiento, el asombro legado por el mundo natural de plantas y animales y que ha seguido cultivando en sus poemas más recientes, la guía de José Bergamín -que escribió sobre ella en 1947: «das fuego a sombra, en la ceniza llama, / asombras si iluminas, verde rama»-, muy precozmente vaticinaron su destino.

Por su «penetración naturalísima» Juan Ramón Jiménez, otra influencia decisiva en su obra, llevó a incluirla en una proyectada antología «escondida» de poetas jóvenes en los años cincuenta. La orgánica integración de las vanguardias poéticas como un modo de entender la literatura, una escritura que tiene «el don de apresar la vida sin detener su flujo», como señala el poeta y crítico José Luis Gómez Toré, el rigor y filo de las preguntas que plantea, el intrínseco carácter lúdico o el desplazamiento de los límites en casi toda su obra, y un humor que nunca desdeña la paradoja a la vez que tiende un sutil puente con el lector de su poesía, le han deparado siempre una suerte de cauta confianza en el futuro, en un deber de fe que no ha seguido caminos fraudulentos y que a sus 95 años de edad convierte su obra, ejemplarmente, en una de las más jóvenes de la lengua.

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