Martin Scorsese, Premio Princesa de Asturias 2018 de las Artes : «De Niro y yo tenemos pura telepatía»

Martin Scorsese: «De Niro y yo tenemos pura telepatía»
Martin Scorsese junto a la Reina Letizia.

Sonriente, generoso en palabras y reflexiones, Martin Scorsese dejó en Oviedo titulares para el recuerdo y todos quedaron envueltos con títulos de sus películas

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'Malas Calles', 'Taxi driver', 'Toro salvaje' y 'Gangs of New York' estuvieron ayer con Martin Scorsese en su conferencia de prensa. Y con sus películas, las películas de otros que le nutrieron: 'La ley del silencio', de Elia Kazan'; 'La fuerza del destino', de Abraham Polonsky, y todas las suertes de la trilogía de 'El padrino', de Coppola. Ayer confesó que esas son algunas de sus grandes favoritas. Lo dijo al hablar de su obra, pero también de sí mismo, porque su obra es su cine y su cine es su vida. Una vida que explica indagando en los planos que ha dejado para la historia. En ellos lleva tiempo repartiendo miradas Robert de Diro, actor fetiche del Premio Princesa de las Artes, del que dijo ayer que era «la confianza a todos los niveles». Se conocen tanto, confesó, que pueden saber qué piensan el uno del otro sin mediar palabra. «Le debo tantísimo... De Niro y yo tenemos pura telepatía. Nos comprendemos sin necesidad de decir nada. Llevamos juntos desde los 16 años y es probablemente la única persona que sabe cómo soy realmente: sabe cómo crecí y la cultura y subcultura de la que formo parte».

Un contexto que se paseó por la sala del Hotel de la Reconquista, porque mentar su entorno de la infancia y la juventud es volver a su herencia cinematográfica y Scorsese, que llegó tarde y sonriente (no dejó esa mueca en ningún momento), lo sabe. Por eso atendió cuanto asunto se le planteó con gran generosidad de palabras y reflexiones, pero sin perder nunca de vista lo que ha legado a la gran pantalla.

Así, por ejemplo, cuando se le preguntó por la política migratoria de Trump, contestó con 'Gangs of New York', en la que narra la reacción xenófoba contra los irlandeses que llegaron a América a mitad del siglo XIX. Y tras mentarla espetó: «El sentimiento de división es peligroso, muy peligroso y va contra lo que es Estados Unidos, pues este país lo crearon los inmigrantes».

Y además

Para el director, la inmigración, de la que él es un ejemplo (sus padres eran italianos), es siempre un experimento. «Diferentes lenguas y religiones intentando convivir. Es difícil, pero necesario. Lo de ahora es triste y en muchos casos está siendo trágico», reflexionó, no sin antes asumir que «con las políticas actuales yo no estaría aquí», para desear finalmente: «Espero que esta fase pase y podamos trabajar para cambiarlo».

Primero iglesia, luego cine

Y, volviendo a sus orígenes, Scorsese contó sus 'Malas calles', en el Queens de los años 50, pero insistiendo en no dar una impresión dramática. Más dramática de lo que era, al menos. «No todo estaba compuesto de violencia y crimen. Tuve unos padres que me querían mucho y un sacerdote joven que fue una especie de mentor para nosotros. Había equilibrio en mi vida». Y su vida fue, está claro, el cine, pero también la iglesia. Rememoró cómo ese joven sacerdote le parecía tan genial que creyó que él mismo quería ser cura. «Pero no debí de hacerlo bien porque pronto me sacaron del seminario». Y entre la parroquia y las salas de cine, se quedó con las segundas y sobre todo con lo que se rodaba en «los 40 y 50, que fueron los años dorados del cine negro, donde aparecían la ciudad y las calles, que eran los lugares en los que yo vivía». Y son todavía por las que sigue paseando su cámara. 'The Irishman', su película por estrenar, es una nueva muestra. Ayer fue además una disculpa para hablar del destino del cine. «No tenemos ni idea de hacia dónde va, pero está claro que las imágenes en movimiento siempre estarán ahí. Han pasado más de 100 años desde su invención y, quizá, como dice George Lucas, vamos a un agujero negro durante 15 años».

Y hablaba así el cineasta neoyorquino porque esa película que tanto ha deseado rodar y por fin ha rodado, le ha puesto la nueva realidad ante los ojos: «Los estudios ya no apoyan los rodajes. No tienen dinero. Es un problema que tenemos que resolver. Ahora son Netflix (quien ha pagado su trabajo) y Amazón quienes pueden financiarlos». Lo malo es que eso significa sacar los filmes de las salas y él, una de las personas que más trabaja por la conservación del archivo cinematográfico mundial, estrenará su trabajo fuera del circuito comercial e irá directamente a las pequeñas pantallas. Y tras esa realidad, un consuelo: «Lo principal al hacer una película es proteger la experiencia dramática colectiva. Crear algo que podemos compartir con otros, verlo juntos». Dicho lo cual, el consciente le invitó a volver a su discurso de siempre: «Hay que intentar conseguir el mayor tiempo de presencia de las obras en el cine antes de llegar a las casas». Y ya que el río pasaba por las televisiones, una sentencia más: «Que nadie se equivoque, las series no son el nuevo cine. El cine es algo que hay que respetar como un arte». Ahora bien, caben nuevas preguntas y se las hizo a Oviedo que era ayer como hacérselas al mundo: «¿De dónde van a salir los recursos? ¿Cómo vais a nutrir vuestro talento?».

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