La mayoría de los estudiantes trabajará en profesiones que hoy no existen

De izquierda a derecha: Mauricio Agudelo, Alberto Galiana, José Francisco Ballesta, David Luna y Rubén González./R.C.
De izquierda a derecha: Mauricio Agudelo, Alberto Galiana, José Francisco Ballesta, David Luna y Rubén González. / R.C.

Más de la mitad de universitarios son mujeres, pero sólo el 14% de ellas prefieren carreras tecnológicas

DOMÉNICO CHIAPPELogroño

Los ordenadores llegaron a las aulas hace algunos años, no tantos como ahora parece, y ahora toca el turno a las tabletas. En promedio hay una por cada tres alumnos, según datos de la OCDE. Sin embargo, el reto no está sólo en el avance de las estructuras de conectividad y de las máquinas. El debate de qué uso se les da dentro de la educación sigue abierto, más cuando las tecnologías también alteran los campos de trabajo. «Estamos ante un cambio de paradigma educativo», alerta Josu Ahedo, vicerrector de la Universidad Internacional de La Rioja, durante las octavas jornadas de Futuro en Español, celebradas en Logroño. «El 65% de los estudiantes de primarias van a trabajar en profesiones que hoy no existen».

Cómo adecuar la formación de los estudiantes para que desarrollen las habilidades y competencias necesarias para encontrar empleo es uno de los grandes temas de la educación frente al reto digital. «Nosotros estudiábamos álgebra con el libro de Baldor, pero hay que lograr que la tecnología de información sea un complemento real de la labor pedagógica. Más allá de enviar un 'mail' o abrir un chat», asegura Mauricio Agudelo, experto en telecomunicación de la Corporación Andina de Fomento (CAF)- Banco de Desarrollo de América Latina, institución organizadora del foro, junto a Vocento, el Gobierno de La Rioja y el Ayuntamiento de Logroño. «Hasta ahora el impacto es marginal y, aunque existen pequeños ejemplos positivos, no se ha mejorado la calidad de la educación para enfrentar los desafíos».

Fronteras diluidas

Los límites son frágiles con la hiper conexión; las fronteras entre las diversas fases de la vida se diluyen y el tiempo y el espacio del trabajo y el ocio, de lo profesional y personal se entremezclan. «Aprender, trabajar, divertirse y vivir son actividades cada vez más solapadas y ya no es la oficina el lugar donde se trabaja ni las aulas donde se aprende», mantiene José Francisco Ballesta, exrector de la Universidad de Murcia y actual alcalde de esa ciudad. «Hemos cambiado la forma en que trabajamos, protestamos e incluso amamos, y hay que adaptarse al cambio social». Ballesta cita cifras de la Unesco para visualizar la magnitud de estos cambios: En 2009 ya había 153 millones de universitarios y serán más de 200 millones la próxima década, de los que el 46% estudia cursos 'on line'. Más de la mitad del total son mujeres desde 2013, por primera vez en la historia de la humanidad.

Sin embargo, frente al reto digital, estas cifras se matizan. «Las mujeres estudian menos carreras asociadas al desarrollo tecnológico hoy que en los años 80 y esto impide cubrir la demanda de las empresas», analiza David Luna, exministro de Tecnologías de la Información de Colombia, en la primera de las jornadas patrocinadas por Telefónica, Sacyr, Unir, Emesa, HP y Hewlett Packard Enterprise.. «Por ejemplo, en el área de ciberseguridad, sólo representan el 14% en Europa, el 12% en Estados Unidos y un 8% en América Latina. Ahí están las oportunidades y los esfuerzos que se hagan desde la universidad siguen siendo insuficientes. No hay que educar a los ciudadanos para las redes sociales sino para las oportunidades digitales».

En este punto, los expertos coinciden en que la formación del profesorado es crucial. «Junto a la incorporación de la tecnología y la máquina, se debe introducir el 'big data' para individualizar la educación, acercarse más al alumno, adecuar contenidos y ritmos», asegura Alberto Galiana, consejero de Educación de La Rioja, una región de «tamaño adecuado para desarrollar experiencias pilotos que extrapolar». «Formar más al profesorado y dar respuesta a lo que los sectores productivos demandan, con la definición de los contenidos para el tejido productivo».

Anquilosadas aún las estructuras, sobre todo universitarias, la rapidez de reacción resulta vital para las sociedades, sobre todo a la hora de actualizar los currículum educativos en todos los niveles. Por ejemplo «cuatro grandes empresas, entre ellas HP, ha creado una formación para miles de ingenieros con perfiles que ahora no hay en las universidades», apunta Rubén González, director de la Escuela de Ingeniería de la Unir. «Es paradójico que las facultades de ingeniería de España se reduzcan. Tal vez porque vivimos en la inmediatez y la insatisfacción, y el umbral del esfuerzo se ha reducido, porque se tiene acceso rápido a todo. La democratización del conocimiento y la tecnología no puede hacer seres un poco más ignorantes».

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