Madrazo, el fugitivo se merece la «play»

Madrazo celebra en el podio, tras proclamarse como ganador de la quinta etapa de la Vuelta a España 2019./EFE / Javier Lizón
Madrazo celebra en el podio, tras proclamarse como ganador de la quinta etapa de la Vuelta a España 2019. / EFE / Javier Lizón

Ángel Madrazo (Burgos BH), ganador en la cima de Javalambre y líder de la montaña, supo que iba a llevarse la etapa cuando salió ileso de una embestida de su propio coche de equipo en un tramo de carrera

EFE

Ángel Madrazo (Burgos BH), ganador en la cima de Javalambre y líder de la montaña, supo que iba a llevarse la etapa cuando salió ileso de una embestida de su propio coche de equipo en un tramo de carrera. «Si he salvado esto es que es mi día, algo pasa, tengo que aprovechar». Y el cántabro, el «Gorrión de Cazoña», resucitó como el ave fénix para lograr la victoria de su vida.

Tras más de 500 kilómetros escapado en la siguiente edición, el ciclista del Burgos salió a defender el maillot de puntos azules de la montaña, pero al ver las facilidades del pelotón empezó a tener sus particulares sensaciones.

«Estoy que no me lo creo, estoy en una nube. La culpa de todo es del maillot que llevo. Cogí la escapada para puntuar en los puertos y que luego mi compañero siguiese adelante. El equipo me dijo que levantara el pie pero al ver que teníamos 10 minutos a falta de 70 kilómetros le dije a mi director: «Julio, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, y seguimos a ver qué pasaba».

Madrazo, en una rueda de prensa memorable por su espontaneidad y buen humor, reflejo un buen puñado de sensaciones en la histórica escapada.

«Los tres merecíamos la victoria. Le agradezco el trabajo a mi compañero Bol. A falta de 50 kilómetros se me pusieron las patas guapas y el equipo me dijo que «tranquilo, que ya has cumplido», pero no me quise quedar atrás y dije: «Yo ahí entro como sea, y Bol me esperó».

Madrazo, ciclista que comenzó en 2008 en el equipo Scott, pasó de 2009 a 2013 por la estructura del Caisse D'Epargne y Movistar, luego por el Caja Rural, Delko Marsella y desembocó en 2019 en el Burgos. Siempre aventurero, la gloria le llegó en el momento más inesperado, en la inédita cumbre turolense de Javalambre, en el Pico del Buitre.

«En el ascenso teníamos buena ventaja, pero el ritmo me mataba, por eso fui haciendo la goma. En el último kilómetro vi la pancarta del puerto y dije: «Pues ahí también tengo que puntuar, Bol se puso a rueda y luego cuando arranqué se quedaron los dos. No me creía que había ganado. Los que ganamos poco no nos creemos estas cosas. Dentro de unos días me daré cuenta.»

Madrazo asegura que es un corredor que funciona «con la cabeza», y aunque a veces le duelan las «patas», es capaz de reaccionar con las frases que le disparan desde el coche del director deportivo.

Crónica de la etapa

«Me dicen que mi hijo me está viendo por la tele y eso para mi es como un gel de cafeína. Tengo dos hijos pequeños, uno de 4 y uno de dos meses. El mayor ya entera, y quiero hacerle ver que el que algo quiere algo le cuesta, que nunca hay que rendirse. Hoy he conseguido lo que llevo buscando toda la vida. Ha sido el triunfo con mayúsculas

Según Madrazo la «culpa» también la tiene su mujer, «que es la que me da palos cuando me quiero rendir y me anima. No pensamos igual en muchas cosas. A ella no le gusta el deporte y a mi sí, a ella le gusta leer y a mi no. Además me quiero comprar una play 4 y no me deja«.

«Si me enrollo mucho, decirlo ¿eh?, dijo Madrazo a los periodistas en la carpa de prensa de Javalambre. Madrazo estaba feliz, como pez en el agua, y comentó lo que significa el triunfo para el modesto Burgos BH.

«Es un equipo pequeño y lo de hoy es la hostia. No he visto a mi director, debe de estar loco o rezando por ahí en una ermita. Esta es mi cuarta vuelta y vine a morir. No sabía ni quién participaba. He visto a gente que no sabía que venía. Hoy ha pasado algo muy grande«.

En un momento de carrera, el coche del Burgos embistió a su propio corredor. Un susto que no tuvo consecuencia alguna. «Estaba como en los encierros de San Fermín, en la plaza. Cuando me vino el coche dije: »vaya cornada«. «Pero hoy dios estaba conmigo, y pensé que si no me había tumbado el coche algo grande podía pasar. Esto se pone a huevo, dije, y no puedo fallar».

Todo salió redondo. Un sueño hecho realidad. Ahora que Julio siga rezando y que Madrazo consiga la Play. «Soy muy cabezón y muchas veces consigo así las cosas». Lo merece.