Análisis

El Barça, sin euforia interna ni elogios externos

Luis Suárez celebra uno de los tres goles con los que el Barça apeó al Real Madrid de la Copa. /Javier Soriano (Afp)
Luis Suárez celebra uno de los tres goles con los que el Barça apeó al Real Madrid de la Copa. / Javier Soriano (Afp)

Valverde y sus jugadores admitieron tras el pase a la final de Copa con un 0-3 al Madrid que «hay que mejorar para el clásico del sábado en Liga» y el entorno fue crítico con el juego

P. RÍOSBARCELONA

Mientras que en el Real Madrid se vende la buena imagen ofrecida en el Santiago Bernabéu en la primera parte de la vuelta de la semifinal de clásico de Copa como un aval para aspirar otra vez a la Liga de Campeones, en el entorno del Barça se centran en la falta de fluidez con el balón, la concesión de demasiadas ocasiones y la creación de pocas oportunidades mientras crece el temor de que jugando así se avecina otro estropicio europeo. Que el partido acabara 0-3 no parece importar demasiado a unos y otros. Que el conjunto blanco, pese a priorizar esta competición este año y convocar a su afición como en las grandes citas, tenga que ver la final del 25 de mayo por la televisión por quinta temporada consecutiva ya es una anécdota. Que la escuadra azulgrana llegue a su sexta final seguida y tenga la posibilidad de encadenar cinco ganadas ya es una costumbre que se valora poco. Así son para bien y para mal, o para mal y para bien, el Real Madrid y el Barça, sus entornos y sus aparatos propagandísticos.

El sábado volverán a verse las caras en la Liga en el mismo escenario. Otra oportunidad para el Barça de hurgar en la herida de un equipo tocado y de dejarle a 12 puntos en la Liga en caso de victoria. Pero ya saben Ernesto Valverde y sus jugadores que con ganar diez veces en el Bernabéu en los últimos diez años no basta, que el parcial de 9-2 en los tres clásicos de este curso no se considera como nada especial porque el 5-1 de la primera vuelta en la Liga, resultado que aceleró el adiós de Julen Lopetegui, ya fue demasiado abultado, el 1-1 de la ida copera fue corto para el Madrid y el 0-3 del miércoles debió ser una ilusión óptica.

La crítica azulgrana es la de siempre. O se gana con buen fútbol, mandando, sometiendo al rival desde el inicio, o no vale. Y mucho menos arrebatando al Madrid la virtud de los clásicos de antaño: la pegada. Sacrilegio. El Barça ganando porque es más efectivo que bonito. Intolerable. Si no fuese realidad, porque ese fue el tono en las tertulias periodísticas de los medios de comunicación catalanes tras el partido, haría risa. Pero también es verdad que ese altísimo listón de exigencia interna y externa es lo que permite prolongar el ciclo ganador, por lo menos en España a la espera de recuperar la gloria europea.

Tres goles con dos oportunidades

«Hemos sufrido más que nunca en las útimas visitas al Bernabéu y eso da más valor a la victoria», reconoció Sergio Busquets, consciente de que tres grandes paradas de Ter Stegen mantuvieron vivo al Barça, con un sorprendente agujero en la banda derecha pese a reforzarla con Semedo de lateral y Sergi Roberto de interior. El plan táctico de Valverde no funcionó. Pero entre Dembélé y Luis Suárez fabricaron tres goles con dos oportunidades, con doblete del uruguayo, otro a quien los puristas culés le tienen ganas porque encaja con el estilo pero que ya es el quinto goleador en la historia del club y el primero en sumar 11 goles ante el Madrid en menos número de partidos, 13.

Fue un 0-3, «un golpe en la mesa», como proclamó Jordi Alba, pero nadie sacó demasiado pecho a las puertas del clásico de Liga y hasta Ernesto Valverde avisó que para el sábado tienen que «mejorar». Sólo Gerard Piqué, en otro día de titulares mediáticos, se salió del camino con una ironía respecto al mensaje que se quiso lanzar desde algunos medios tras la derrota 2-0 en Sevilla en la ida de cuartos de final: que el Barça tiraba una Copa que el Madrid sí honraba queriéndola… tras cuatro años mirando hacia otro lado. «Estamos en la final por inercia, al remontar al Sevillla, la inercia nos ha llevado», señaló antes de soltar la bomba al pedir «más atención al juicio de los presos políticos y menos al VAR para que a este país le vaya poco mejor».

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¿Y Messi? Hizo un buen clásico, pero muy lejos del área y dando la sensación de tener el escenario dominado, estudiando si tenía que forzar o si podía reservarse para el de Liga. No marcó , de hecho no ha batido al Madrid en sus ocho pulsos de Copa, algo extraño cuando ha marcado 26 goles en 40 clásicos oficiales, es decir, 26 en 32 quitando los de Copa. El clásico del sábado será diferente, como dijeron todos, desde Valverde al apuntador. Pero Messi también podría ser otro.