Semifinales | Vuelta

El Liverpool hunde en la miseria al Barcelona

Messi se lamenta tras el final del partido./Carl Recine (Reuters)
Messi se lamenta tras el final del partido. / Carl Recine (Reuters)

Vergonzosa derrota de los de Valverde, que sufren un fracaso aún mayor que el de la pasada temporada ante la Roma con una goleada del equipo inglés que levantó el 3-0 de la ida

JESÚS BALLESTEROSBARCELONA

No hay palabras ni excusas que puedan ocultar la vergüenza del Barcelona en la noche de Anfield. Incapaz de aprender de sus errores, incapaz de jugar a nada, fue un muñeco en manos del Liverpool, que ya le dio un auténtico repaso en la ida y se coronó en la vuelta con un partido que vale una final.

Ni rastro del Barcelona, ni rastro de sus estrellas. Tapadas como si la cosa no fuese con ellas, impasibles ante un recital de errores del equipo en defensa impropio si quiera de un equipo de canteranos. Ni un solo gesto de gallardía ante la ausencia absoluta de fútbol. Brazos en cruz y miradas al infinito.

No tendrá nunca tan cerca el Barcelona la Champions como la que ha dejado escapar. El Liverpool fue infinitamente superior en 180 minutos y la suerte de la ida con los goles fue esquiva. Alisson evitó alguno y los atacantes locales no erraban ante la meta de Ter Stegen.

4 Liverpool

Alisson; Alexander-Arnold, Matip, Van Dijk, Robertson (Wijnaldum, min. 46); Fabinho, Milner, Henderson; Mané, Shaqiri (Sturridge, min. 91) y Origi (Joe Gomez, min. 85).

0 Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Lenglet, Jordi Alba; Sergio Busquets, Rakitic (Malcom, min. 80), Vidal (Arthur, min. 75); Coutinho (Semedo, min. 60), Messi y Luis Suárez.

goles
1-0: min. 7. Origi. 2-0. min. 54. Wijnaldum. 3-0. min. 56. Wijnaldum. 4-0. min. 79. Origi.
árbitro
Cüneyt Çakir (turco). Amonestó a Fabinho, Busquets, Rakitic, Matip y Semedo.
incidencias
Estadio de Anfield. 54.000 espectadores.

No hubo rival en Anfield y la pesadilla de la Roma se repitió pese a los avisos y las conjuras para evitar los errores del pasado. Palabras mojadas de un equipo que pisoteó la zamarra culé en otra noche para olvidar.

El barcelonismo vivió con el corazón encogido en Anfield desde antes de que comenzara el propio choque. Como si no hubiese pasado una semana, el equipo inglés afrontaba el segundo de los duelos con el mismo planteamiento que en el Camp Nou. Sin freno alguno y buscando la meta de Ter Stegen como si no hubiese mañana.

En verdad, no lo había para el Liverpool que buscaba la machada de levantar el 3-0 de la ida. El Barça salió noqueado y el fantasma de la Roma comenzó a oscurecer el ánimo de los seguidores azulgrana. El gol de Origi a los siete minutos de partidos despertó los espectros de la pasada campaña y el equipo de Klopp lo sabía.

Fueron minutos de auténtica angustia. Como si de defender el muro de los caminantes blancos se tratase, el Barcelona achicaba agua como podía, lejano a su estilo y sin encontrar el temple necesario para hacerse dueño del balón.

En un partido abierto, pudiendo llegar el segundo del Liverpool y el auténtico pánico, el Barça fue contando con ocasiones tan claras que podría haber cercenado la angustia de raíz. Pero entre Alisson y la mala puntería de los atacantes azulgrana el Barça se quedaría sin marcar. Messi rozó el gol en varias ocasiones, Jordi Alba la tuvo justo en los estertores del primer tiempo, pero el Liverpool se marchaba con ventaja al descanso. Pensarían los de Anfield que también Ter Stegen evitó una goleada mayor.

Pero el susto mutó en pesadilla nada más reanudarse el juego. Klopp movió el banco para dar entrada a un Wijnaldum que sería la estrella del duelo con un doblete en apenas dos minutos. Nadie daba crédito. El Liverpool había engullido por completo al Barcelona. Sobre la lona, el equipo de Valverde veía como el recién salido marcaba sendos goles sin oposición ninguna. Los errores, dos de Jordi Alba, y un tercero de los centrales permitía al Liverpool igualar la eliminatoria con más de media hora por delante.

La eliminatoria arrancaba de nuevo y el Liverpool se veía en la final. De hecho, era el único que la buscaba. Desaparecido el Barcelona, el cuarto gol fue impropio de una semifinal de Champions. Aprovechó Origi la caraja azulgrana en un saque de esquina para voltear por completo la eliminatoria y dejar roto el rostro y el alma de los barcelonistas.

Era tal el bloqueo de los de Valverde que nadie se atrevía ni siquiera a mirar a la portería de Alisson. El asedio final no sirvió de nada, absolutamente de nada ante la máxima incapacidad de tirar a puerta. Tendrá que conformarse el Barça, otro año más, con la Liga y si es capaz de lograr el doblete. La Copa se antoja ya poca recompensa tras las expectativas creadas.

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