Jornada 31

Según el acta, Costa dijo a Gil Manzano: «Me cago en tu puta madre»

Diego Costa se encara ante Gil Manzano./Alberto Estévez (EFE)
Diego Costa se encara ante Gil Manzano. / Alberto Estévez (EFE)

El Barça asegura el título en una 'final' marcada por el exceso verbal del delantero, que dejó tirado a un Atlético que, sujetado al brillante Oblak, compitió hasta que Suárez y Messi decidieron con dos genialidades

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

'La vida sigue igual'. Una frase popular que viralizó Julio Iglesias con su tema y que resume lo sucedido en el Camp Nou, donde el Barcelona aseguró una nueva Liga en una noche en la que Diego Costa, Gil Manzano, Jan Oblak, Luis Suárez y Leo Messi fueron los principales protagonistas. Aquello no era como en 2014, una final real en el que uno u otro podían celebrar el título aunque ese día no les dieran el trofeo. Era la oportunidad de sentenciar para el líder o de que el perseguidor le pusiera emoción y estaba el Atlético obligado ganar para seguir soñando con una Liga cuesta arriba desde hace semanas, cuando cayó en San Mamés.

El Barça, pese a la nueva cita hacia la «Copa linda» en solo 72 horas, no dudo y salió con todo consciente de que era la oportunidad de coger un atajo y poder rotar de cara a las semifinales de Champions si son capaces de eliminar al Manchester United en cuartos. El duelo arrancó con ritmo de gran cita, con un bloque visitante que fue cogiendo confianza a medida que pasaban los minutos, apareciendo Griezmann entre silbidos, después de asentarse atrás tras unas llegadas locales gracias a la eterna sociedad entre Alba y Messi. Su conexión es de esas que se recordarán dentro de muchos años. Así llegó un remate al palo que emocionó a los 92.454 espectadores que acudieron al Camp Nou.

Costa no midió

Estaba la cita en ese punto de emoción cuando quedó mediatizada por la expulsión de Diego Costa, que se había recuperado a tiempo pero salió acelerado. Chocó con varios, una vez con Lenglet en lo que pudo costarle la roja, y una de esas acciones le desquició al punto de insultar al árbitro en su cara. Gil Manzano, al que hemos visto muchas veces en España y competición europea tirar de paciencia ante jugadores exaltados, lo mandó a la ducha. La incredulidad de sus compañeros quedó aclarada cuando les informó que había mentado a su madre. De hecho, según el acta del partido, el delantero le dijo al colegiado en dos ocasiones: «Me cago en tu puta padre» y una vez expulsado, agarró «por el brazo» al árbitro «en sendas ocasiones para que no mostrara amonestaciones» a Godín y a Giménez. Pretender culpar al juez de desnivelar el partido parece tan injusto como surrealista. El profesional sabe que ese comportamiento tiene un castigo, que si topa con un árbitro con personalidad puede suponer dejar tirado a su equipo. Algo que ya pasó con el gran delantero internacional español en 2014 aunque fuera por una razón distinta.

Sorprende que haya muchos que argumenten que los colegiados deben tragar en favor del espectáculo, que no se saca ventaja por insultar al árbitro o que otros futbolistas también son igual de vehementes. No castigar estos comportamientos, además de ir en contra del reglamento, es prolongar el mal ejemplo para los más jóvenes que pretenden ser futbolistas profesionales. Hablar de doble rasero, de que se es más severo con uno que con otros es desviar la atención sobre el que debe caer la responsabilidad del error. Luego nos sorprende que haya insultos al árbitro y agresiones que acaban con personas en un hospital durante un partido infantil.

Un valiente Atlético

Simeone evitó enredarse en lo que no podía solucionar. Actuó rápido para reestructurar a su equipo y poder competir en la hora de partido que faltaba. Quitó a Arias por Correa, pasando a ser Thomas lateral derecho cuando ya tenía una amarilla. Dura misión para el africano pelearse con Alba. Alcanzó el descanso el Atlético con 0-0 y aferrado a sus centrales, Godín y Giménez, que sujetaron a Luis Suárez pero sufrieron con las apariciones de Coutinho. Oblak estaba ahí cuando alguna vez no podían con todo para demostrar sus mejores cualidades ante Coutinho, Messi, Malcom.... ¡Vaya manos las del esloveno! Simeone fue valiente, sabedor de que el punto con uno menos era loable pero ineficaz en su aspiración. Así optó por meter a Morata por Filipe, colocándose Saúl de lateral izquierdo para ir a por los tres puntos de manera heroica en la media hora final. Valverde reaccionó con Malcom para castigar esa zona pero sólo un zapatazo lejano de Suárez fue capaz de superar al gigantón esloveno y desnivelar el duelo, que terminó con una clásica genialidad de Messi.

El partido, dignísimo y admirable de un Atlético que a los puntos quizá mereció más que un vigente campeón algo conservador hasta que pudo decidir a un contrario agotado, provoca una reflexión: si hubiese competido del mismo modo en Turín, esta semana jugaría contra el Ajax y no estaría lamentando haberse quedado en el camino hacia la final del Metropolitano del próximo 1 de junio.