Cuartos de final

Nadal desactiva el cañón de Querrey

Rafa Nadal celebra un punto ante Sam Querrey./AFP
Rafa Nadal celebra un punto ante Sam Querrey. / AFP

El balear se sobrepone a los 22 saques directos del estadounidense y se mete por séptima vez en las semifinales de Wimbledon

ENRIC GARDINERMadrid

Un 'déjà vu' acechaba a Rafael Nadal al enfilar el pasillo de la pista 1 de Wimbledon. El balear echaba un vistazo al techo y comprobaba que no estuviera sobre su cabeza el marco de la puerta con el que chocó hace dos años. Aquel jocoso accidente fue el presagio de una tarde trágica ante Gilles Muller. Un partido que se perdió en el alambre, que bailó entre el bien y el mal, que se decidió por tres pelotas.

Esta vez, Nadal comprobaba el techo, pero delante suyo no se alzaba el gigante luxemburgués, ya retirado. Se estiraba Sam Querrey, el cañonero americano. Esta vez, Nadal sabía que el alambre era algo más estrecho y que llegaba al partido prevenido. Esta vez, Nadal sobrevivió.

El triunfo ante el americano (7-5, 6-2 y 6-2) le mete en sus séptimas semifinales de Wimbledon. Le concede la oportunidad de acabar con el recuerdo del año pasado, cuando cedió en un dramático quinto set ante Novak Djokovic. Le concede reencontrarse con la historia.

El rival, en esta ocasión, también recordará al pasado, pero a uno más amable. Roger Federer, que venció en cuatro sets a Kei Nishikori, volverá a cruzarse por primera vez desde la final de 2008 con el balear en Wimbledon.

Más información

Ambos lo harán después de salvar partidos complicados y duros, porque aunque Nadal era consciente del bache de Querrey, el estadounidense se guardó sorpresas para la fiesta en la pista 1.

Su primer juego fue una declaración de intenciones. Tiró dos golpes impropios de él, una derecha en carrera ganadora y una dejada, y cerró con un saque directo, el primero de los 22 que conectó.

Querrey amenazaba con dar un susto y recoger los poderes que Gilles Muller dejó en cancha aquella tarde de 2017, pero su tirón fue a golpes, como el servicio de Nadal.

El balear solventó sus tres primeros saques en blanco y comenzó entonces a sufrir. Dispuso de tres oportunidades para llevarse el set al resto, no concretó y con su saque desperdició otra bola de set más. Camino de enredarse en un desempate, Nadal devolvió la rotura y cerró, tras salvar una vez más pelotas de 'break', un primer parcial lleno de idas y venidas.

El susto estabilizó el encuentro y Nadal, que no había concedido ni una bola de rotura en los dos últimos partidos , solo dejó que Querrey disfrutara de dos más, ambas infructuosas, hasta el final del choque.

El acelerón del manacorense, al tiempo que Federer firmaba sus semifinales en la central, tenía como objetivo evitar cualquier tipo de desempate que diera lugar al azar o a lo imprevisible.

Nadal cogió el ritmo de cuantas más roturas, mejor y se entretuvo en pasar una y otra vez a Querrey en la red, mientras que el estadounidense era incapaz de lidiar con la potencia española en el fondo.

Por eso encajó dos roturas en el segundo y tercer set y se despidió de las sorpresas que sí dio ante Novak Djokovic en 2016 y ante Andy Murray en 2017.

El triunfo, unido al de Roberto Bautista ante Guido Pella, supone que, por primera vez en la historia de Wimbledon, habrá dos españoles en semifinales del torneo.

Ahora, regresa a Wimbledon, la gran final de 2008. Once años después, Nadal y Federer repetirán el mejor partido de la historia.