Los agricultores esperan que la lluvia riegue los campos para salvar la campaña

Imagen de archivo de una cosechadora./BC
Imagen de archivo de una cosechadora. / BC

Las escasas precipitaciones del mes de mayo y las altas temperaturas de los últimos días empeorarán los rendimientos de las tierras de labor | Si el tiempo no cambia, la situación irá a peor según explican desde las organizaciones agrarias

César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

Las escasas precipitaciones en la provincia están preocupando a los agricultores burgaleses, que esperan impacientes la llegada del agua para salvar la campaña agrícola 2018/2019. «Tiene que llover y mucho», ha explicado la presidenta de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) en Burgos, Susana Pardo.

Las previsiones de las organizaciones agrarias son negativas, ya que las tierras de labor, además, sufrieron alguna helada primaveral tardía y padecieron las altas temperaturas de los últimos días. «Esto no es bueno para el campo», ha reconocido el secretario general provincial de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Gabriel Delgado, quien también mira al cielo como única solución para arreglar la temporada. «Estamos esperando a la lluvia para salvar algo. Además, no hay humedad y el cereal no puede salir o si lo hace, es de mala calidad», ha agregado.

Las primeras estimaciones de UCCL hablan de una reducción del 40% en el rendimiento del campo en el sur de la provincia. Pardo ha comentado que si llueve -«y grana el cereal», ha agregado- en las orillas del Arlanzón podrán extraerse entre 3.800 y 4.000 kilogramos por hectárea, en la cuenca del Arlanza, entre 2.500 y 2.700 y en la ribera del Pisuerga, entre 2.700 y 3.000. Estas cifras son inferiores a las de la campaña pasada, pero pueden ser aún menor si el tiempo no acompaña. En el norte, en territorios como La Bureba y la zona de Villarcayo, los cálculos son mejores, pero inferiores a la anterior cosecha.

Por su parte, Delgado ha asegurado que los problemas también se han extendido al cultivo de forraje y a los pastos para la ganadería. En el primero de los casos, el responsable burgalés de UPA ha explicado se tenía que haber realizado el segundo corte de la alfalfa y no se ha hecho porque la planta no ha crecido y en el segundo ha relatado que, por la meteorología, la hierba se está secando.

«Las perspectivas eran buenas», ha recordado Pardo, quien espera un cambio meteorológico para que la cosecha no sea aún peor que la prevista y los agricultores, especialmente los que tuvieron que superar la sequía de 2017 con créditos bancarios, puedan salvar el año.