Bankia duplica su ritmo de traspaso de activos 'tóxicos' para animar a los inversores

Logotipo de Bankia. /Reuters
Logotipo de Bankia. / Reuters

Este año ya ha vendido 6.000 millones en inmuebles depreciados e hipotecas morosas, y solo le restarían 2.800 para su objetivo en 2020

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Bankia ha decidido acelerar su proceso de saneamiento en un intento por aumentar la confianza del mercado en el banco de mayoría estatal y generar un escenario que permita adelantar una privatización, que, según reconoció hace pocas fechas la ministra de Economía, Nadia Calviño, podría aplazarse más allá de finales de 2019, cuando expira el plazo de la Comisión Europea. En ese escenario la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri ha traspasado ya este año 6.000 millones de euros en activos «improductivos».

Pero, ¿qué hay exactamente en esas carteras? Básicamente todo tipo de inmuebles –buena parte, eso sí, viviendas– cuyo valor se fue depreciando con la crisis y luego no se ha podido recuperar, préstamos hipotecarios con elevada morosidad y otro tipo de titulizaciones ligadas a la actividad del 'ladrilllo'. En el plan estratégico del banco para el período 2018-2020 preveía deshacerse de activos de esa clase por importe de 8.800 millones. Ahora le restan apenas un tercio (32%) por colocar tras haber duplicado este ejercicio el ritmo de ajuste anual previsto.

La última operación, anunciada este lunes por la entidad financiera, incluye una cartera de hipotecas «de dudoso cobro» con un valor bruto contable de 1.420 millones traspasada a uno de los fondos de la firma de inversión estadounidense Lone Star, especializada en el negocio del 'ladrillo', donde desembarcó en España en 2014. Cuando muchas compañías internacionales estaban en retirada, ellos desembolsaron 930 millones para hacerse con la mitad de los activos 'tóxicos' de esa clase que tenía Kutxabank. Fue a través de la inmobiliaria Neinor, de la que salió en enero de este año con una plusvalía de 600 millones, según fuentes del mercado, todo un pelotazo.

Lone Star ha sido uno de los fondos más activos, junto a Cerberus y Blackstone, por hacerse con carteras inmobiliarias de los bancos, deseosos de soltar lastre paga ganar en rentabilidad y mejorar sus coeficientes ante el BCE. Además de adquirir ese paquete crediticio de Bankia, será su socio mayoritario (tendrá el 80%) en dos nuevas sociedades conjuntas que gestionarán activos inmobiliarios adjudicados por importe de 1.480 millones, así como otros inmuebles en alquiler por valor de 170 millones.

Ahorros a medio plazo

La operación, no obstante, está pendiente de obtener las autorizaciones preceptivas y se prevé cerrar en el segundo trimestre de 2019, que es cuando se darían de baja todos esos activos del balance de la entidad. En un primer momento tendrá un impacto negativo de «aproximadamente» 85 millones en sus cuentas de 2018, aunque durante los tres años siguientes sí generará unos ahorros de costes «superiores a los 200 millones antes de impuestos».

Si a todo ello le sumamos otras ventas de carteras de activos «improductivos» por valor de 3.000 millones más, el objetivo estratégico de terminar 2020 con 'sólo' 8.400 millones de elementos de esa clase en su balance -lo que dejaría la ratio de activos problemáticos por debajo del 6%, la mitad que en 2017 (12,5%)- parece cada vez más cerca. Su cotización, sin embargo, sigue sin terminar de remontar, al igual que la banca española en general en un año malo para ella en la Bolsa.

Este lunes cerró su acción a un precio de 2,75 euros, con una pérdida del 0,5%, inferior eso sí a la del índice general del Ibex (-0,8%). En lo que va de año, además, su depreciación acumulada es del 30%, lo que ha llevado al Ministerio de Economía (que controla el 60% a través del FROB) enfriar su esperada privatización.

 

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