Editorial: Más empleo

La referencia histórica de un paro estructural en España introduce el temor a que la economía esté llegando al techo de sus posibilidades en materia de empleo

Oficina de empelo de la Comunidad de Madrid. /S. P. / REUTERS
Oficina de empelo de la Comunidad de Madrid. / S. P. / REUTERS
El Norte
EL NORTEValladolid

La economía española creó 562.000 puestos de trabajo el pasado año, el mejor registro desde 2006, antes del inicio de la crisis que causó devastadores efectos en el mercado laboral aún no del todo corregidos. Los datos de la EPA hechos públicos ayer corroboran la favorable evolución del empleo gracias a una recuperación de la actividad que se hizo patente en 2014 y que ha reducido la tasa de paro hasta el 14,45% (3,3 millones de personas) y elevado los ocupados a 19,56 millones. La lenta progresión del empleo estable muestra una tendencia de mejora, a falta de que la temporalidad y la precariedad desciendan de manera más notable.

Que el número de parados de larga duración haya descendido en un 20% atenúa una de las vertientes más dolorosas del desempleo en España. El hecho de que la población activa haya crecido por la incorporación de migrantes refleja que las expectativas económicas de nuestro país volvieron a ser atractivas en el último período. Pero la persistencia de la tasa de paro en los dos dígitos conlleva que incluso el balance de un año positivo como 2018 vaya acompañado de sombras. La referencia histórica de un paro estructural en España introduce, inevitablemente, el temor a que nuestra economía esté llegando al techo de sus posibilidades en cuanto a generación de puestos de trabajo.

De los empleos creados, nada menos que 428.100 lo fueron en el sector servicios, seguido de la construcción con 136.300 y agricultura con 4.900, mientras que la industria perdió 3.000 empleos. Un cuadro que añade un punto de preocupación por el retraimiento industrial; aunque también porque parece describir un modelo productivo limitado a causa de su desequilibrio sectorial. Ha de ser también motivo de preocupación que la recuperación del empleo tras la crisis continúa mostrando diferencias territoriales análogas a las que existían con anterioridad.

La sociedad española y los agentes económicos y sociales tienen motivos para dar inicio al nuevo año con el ánimo resultante de la última EPA, frente a los síntomas de desaceleración global. Por eso mismo resulta también necesario que se despeje cuanto antes el horizonte presupuestario y legislativo, no sea que la concurrencia entre las reservas mostradas por el Banco de España y la Airef respecto al déficit y las incógnitas sobre la viabilidad parlamentaria de las Cuentas para 2019 avance malas noticias.

 

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