España, el país más desequilibrado de la UE

España, el país más desequilibrado de la UE
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España, el país más desequilibrado de la UE

ADOLFO LORENTEBilbao

Los espejos hablan y el europeo, cuando lo hace de la economía española, grita desbocado. Tanto, que España es el Estado miembro más desequilibrado de la Unión Europea con el permiso de la pequeña y rescatada Chipre. Esto no va de interpretaciones políticas, sino de datos, de gélidos datos. El último informe sobre el Mecanismo de Alerta de la Comisión, publicado hace apenas dos semanas, vuelve a poner de relieve que la cuarta potencia de la Eurozona, pese a mejorar de forma significativa en los últimos años, sigue teniendo un serio problema cuando se compara con el estado de salud de sus socios. Es lo que tiene formar parte del gran club de clubes, que tus virtudes adquieren una gran proyección (España es la potencia que más crece), pero las vergüenzas también quedan fácilmente al descubierto. Este es uno de esos casos. Otro más.

El Mecanismo de Alerta forma parte del llamado Semestre Europeo, el gran examen macro que hace el Ejecutivo comunitario para mantener bajo estrecha vigilancia a las economías de los Veintiocho. El ejercicio consta de 14 indicadores, de la más diversa índole, en los que se establecen unos rangos técnicos para discernir dónde está el bien y dónde el mal, quién aprueba y quién debe resignarse a vivir en el rincón de pensar.

De estos 14 indicadores, España suspende cinco. A saber: la posición neta de inversión internacional (es del 83,8% del PIB, cuando debería estar por encima del -35%); la deuda del sector privado (138,8% del PIB, cuando el límite es el 133%); la deuda pública (98,1% del PIB, cuando el umbral es el 60%); el promedio de la tasa de desempleo de los tres últimos años (19,6%, cuando el límite es el 10%); y la tasa de actividad en función del porcentaje de población entre 15 y 64 años (-0,3%, cuando debería estar por encima del -0,2%).

Pese a todo, que no es poco, existe luz al final del largo túnel español. La foto sigue mejorando año tras año ya que en la última década, desde el estallido de la Gran Recesión, lo habitual ha sido suspender siete o incluso ocho indicadores, como ocurrió en 2009, 2010 ó 2012. Entonces, España también quedó señalada por el desempleo juvenil, el de larga duración o la cuota exportadora mundial. El país está, además, en fase de mejorar los actuales cinco desequilibrios al registrar mejoras sustanciales respecto a ejercicios anteriores. Y es que cuando se toca fondo, lo único que queda es subir, mejorar.

Así sucede con la deuda del sector privado, cifrada en el 138,8% del PIB, a sólo cinco puntos de cumplir con los parámetros establecidos por los funcionarios comunitarios. ¿Mucho? ¿Poco? En 2009, por ejemplo, era del 201%, lo que corrobora la tendencia positiva registrada desde entonces.

El paraíso alemán

La clasificación, como ya es tradición, la lidera Chipre. Después, como también se ha convertido en rutina, España. El único que iguala sus cinco desajustes macro es Irlanda, un país para nada convencional, también rescatado y que ha hecho de su agresiva fiscalidad su razón de ser. El siguiente escalafón, el de los cuatro desequilibrios, lo ocupan Portugal y Grecia, otros dos Estados que conocen a la perfección cómo se las gastan los hombres de la Troika.

Hay países que solo suspenden uno de los 14 marcadores, como Suecia, Polonia, Austria, Estonia o República Checa, pero lo normal son dos, como Alemania, o tres, como Francia. Choca el caso alemán, ver cómo una de sus dos 'heridas' quedará suturada en breve (su deuda pública está a sólo cuatro puntos de alcanzar el 60% del PIB); y la otra se debe a su perfección, a su obsesión de vender mucho y gastar poco. Su balanza por cuenta corriente sigue muy por encima del 6% del PIB recomendado por Bruselas (en concreto, en el 8,4%), lo que ya le ha costado varios tirones de orejas de la Comisión. En este campo, Holanda es otro de los alumnos aventajados (8,3%).

     Además del Mecanismo de Alerta, el Semestre Europeo también contempla el llamado 'Proyecto de Informe de Empleo Conjunto', que analiza la situación laboral y social en Europa a través de 14 indicadores para los que se establece una vara de medir de siete colores: del verde, que refleja una situación ideal, al rojo, que alerta de una situación «crítica». De los 28 Estados miembros, diez tienen algún indicador en rojo, con Grecia a la cabeza (7), seguida de Bulgaria (5) o Rumanía (4). Son países destrozados en lo social. El primero, por las graves consecuencias provocadas tras los tres rescates que hicieron caer el PIB nacional un 25%. Y el segundo, porque en los países del Este no se estila demasiado lo social.

Riesgo de pobreza

España sale tocada, pero no especialmente mal parada gracias al efecto comparación con el resto de socios. Tiene tres indicadores en situación crítica: la tasa de empleo, los abandonos prematuros en educación y formación, y la llamada «ratio de distribución de la renta por quintiles», que mide el grado de desigualdad de la distribución de la renta en un país.

Es verdad que hay consuelo, que sorprende ver cómo Italia, la tercera potencia de la Eurozona, está hecha unos jirones con cinco indicadores en rojo chillón. Por contra, hay países como Portugal que no tienen ningún parámetro en situación crítica. España arrastra tres, pero además tiene otros cuatro coqueteando con el suspenso (en color naranja, la segunda peor nota). Se trata del porcentaje de personas en riesgo de pobreza y exclusión social; el porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan; el impacto de las ayudas sociales en la reducción de la pobreza; y el aumento per cápita de la renta familiar.

El estigma del déficit terminará este año tras una década negra

No está entre los 14 indicadores del Mecanismo de Alerta, pero si hay un desequilibrio que marca la trayectoria de España desde el inicio de la Gran Recesión hace una década, es el déficit. De hecho, España es el único Estado miembro sometido a un procedimiento por déficit excesivo al cerrar el pasado ejercicio por encima del 3% del PIB. Salvo catástrofe, 2018 será el año en el que la cuarta potencia del euro dejará de estar estigmatizada al prever el Gobierno un desajuste del 2,7% en las cuentas públicas.

Una vez se baja del simbólico 3%, la presión comunitaria disminuye, pero el partido comienza a jugarse en el llamado déficit estructural, el nuevo quebradero de cabeza que tendrá Madrid. Se trata de los ajustes de verdad, los que no tienen nada que ver con los vientos de cola insuflados por el BCE de Draghi. El Gobierno ha cifrado el ajuste de 2019 en el 0,4%, más de 4.500 millones. Sin embargo, Bruselas no termina de creérselo ya que lo ha reducido a cero.

 

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