Dios bendiga a España

Rivera (i), Sánchez (c) e Iglesias. /AFP
Rivera (i), Sánchez (c) e Iglesias. / AFP
ROSA BELMONTE

Resulta muy perturbador, pero también aleccionador, que la última temporada de 'Veep' esté coincidiendo con nuestra campaña electoral. Porque aunque los caucus de Iowa tengan poco que ver con nuestras elecciones y las pringosas salchichas rebozadas con palo tengan menos que ver con la morcilla de Burgos hay cosas que se parecen demasiado. Sobre todo la impostura, las imposiciones electorales, las pamplinas, los debates, las bobadas, los candidatos ceporros y sus cínicos asesores. «¡Qué remedio!», ha cedido Pedro Sánchez ante los dos debates. Uno el 22 de abril y otro el 23. Los dos con los mismos muñecos. Ya veíamos el de Atresmedia, al que no quería ir tras aceptar, con un cartón corpóreo como el que ponen en 'Sálvame' si alguien tipo Carmen Borrego les da plantón en el plató.

Algo de razón tenía Sánchez cuando dijo a Julia Otero que sí, que él iría a Atresmedia (entonces había decidido ir sólo a TVE), que haría dos si el formato fuera distinto. Se refería a que estuviera Abascal, deseado para igualar a la derecha. Ya da igual. Ha cedido. Y nosotros como Carmen Maura: '¿Qué he hecho yo para merecer esto?». Y sin poder dar con el hueso del jamón a esos cuatro señores (metafórica y presuntamente siempre) que nos van a dar la tabarra dos días seguidos. En el debate del 16, los peores fueron los dos hombres (Gabi Rufián y Aitor Esteban). En los dos próximos no tenemos la posibilidad de que Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas nos salven la noche dando hostias como Xena, la marquesa guerrera, y su escudera. En uno de esos debates de 'Veep', Selina Meyer se dirige a una emergente senadora negra y le dice que deje de quejarse por ser mujer, que ella tuvo que aguantar que de joven, cuando era abogada, le pellizcaran el culo. «Sé un hombre», le suelta. E inesperadamente recibe un clamoroso aplauso. «Dios bendiga a América, que odia a las mujeres tanto como yo», le dice luego a uno de sus asesores. Como España.

Aquí tendremos dos días seguidos a cuatro señores juntos que ya son inaguantables por separado (los cinco también lo serían) hablando para tontos. Porque, no nos engañemos, Cayetana, que dispara el odiómetro, habla para listos y eso en una campaña no se perdona. Es como Adlai Stevenson, un genio de la oratoria, que se presentó dos veces a presidente de EE UU y dos veces perdió. Con Eisenhower. Luego llegaría Kennedy. No hay nada tan sobrevalorado como un Kennedy. Ni nada tan ceñudamente simple como la 'Xenafobia' que se da con Cayetana.

Sánchez estuvo el otro día en 'La Vanguardia'. Hoy sabremos qué opina «sobre la existencia de vida extraterrestre». Una abducción de los cuatro en el primer debate y nos libramos de esa gente.