Los presos de JxCat rectifican a Torra y abren la puerta a investir a Sánchez

Jordi Turull (d), y Joaquim Forn (i) en primera fila junto a otros acusados en el juicio del 'procés'./
Jordi Turull (d), y Joaquim Forn (i) en primera fila junto a otros acusados en el juicio del 'procés'.

Los convergentes tratan de recuperar terreno ante una Esquerra que apuesta por una vía posibilista para reconducir el conflicto

CRISTIAN REINOBarcelona

Junts per Catalunya (JxCat) no acaba de afinar con un mensaje que llegue claro a sus potenciales votantes. Los postconvergentes arrancaron la campaña con una posición firme. Éste era que sus diputados acudirán al Congreso con la consigna de bloquear la gobernabilidad salvo que Sánchez se avenga a hablar sobre el referéndum de independencia. Puigdemont cree que el cuanto peor mejor favorece a sus intereses y logró desde su cuartel general en Waterloo que el obstruccionismo se abriese paso como ideario político. Pero vistas las encuestas, que podrían dejar a los antiguos convergentes con cuatro diputados -la mitad que ahora-, sin grupo parlamentario y siendo casi la cuarta parte que sus adversarios y a la vez socios de Esquerra, han saltado todas las alarmas en el cuartel general nacionalista.

La rectificación ha llegado a través de los presos: Jordi Sànchez, cabeza de lista, y los candidatos Jordi Turull y Josep Rull y el alcaldable por Barcelona Joaquim Forn. «JxCat hará posible un ejecutivo estable si el candidato abraza el diálogo y no niega como opción el referéndum», afirmaron en una carta publicada en 'La Vanguardia'. Y añadieron que la defensa de la autodeterminación no será una «barrera infranqueable si hay buena voluntad de dialogar». «Si de nosotros depende, no miraremos hacia otro lado a la hora de hacer posible un gobierno estable», señalaron.

La condición 'sine qua non' ya no es la celebración de un referéndum ni negociarlo, sino que Sánchez «no niegue» la consulta «como una de las opciones de solución», lo cual es diferente.

Días atrás, Quim Torra insistía en que los diputados secesionistas «exigirán el derecho a la autodeterminación» a cambio de cualquier tipo de apoyo en la Cámara baja. La número dos por Barcelona, Laura Borràs, reiteró este sábado en un acto de campaña en la capital catalana que las exigencias de JxCat al candidato socialista tendrán que ver con el ejercicio del derecho a la autodeterminación y con el fin de la «represión». Pero ante la sangría de votos, la formación que lidera el fugado Puigdemont se ha visto obligada a templar sus posiciones. O al menos ha fijado dos líneas argumentales: la que defienden los presos, que se acerca a la de Esquerra, y la más dura e irreductible, la que lideran Torra y el expresident, que sí fijan como «línea roja» poder negociar un referéndum. ERC, en cambio, ya anunciado que evita establecer esas líneas rojas de entrada.

Pero la rectificación no solo se produce porque los republicanos esté enarbolando la bandera del pactismo en Madrid y esté capitalizando el voto soberanista útil. También porque en JxCat se está empezando a abrir una grieta en el sector más moderado del PDeCAT (el de Marta Pascal, Carles Campuzano o Jordi Xuclà), que se ha quedado fuera de las listas al Congreso y amenaza con crear un partido, lo cual no es la mejor noticia para encarar una campaña electoral.

Cheque en blanco

Mientras los sectores más pragmáticos del PDeCAT mueven ficha, Puigdemont sigue alentando a los sectores más radicales desde su refugio en Waterloo. Da igual lo que digan los presos, el expresident dejó claro el pasado viernes que no dará ningún cheque en blanco a Sánchez para su investidura. No quiso hacerlo ya en la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy el pasado junio, pero entonces el sector más posibilistas de los exconvergentes logró imponer su posición. Pero ahora Puigdemont tiene el control absoluto del PDeCAT. Su problema es que, a tenor de las encuestas, sus diputados en Madrid corren el riesgo de convertirse en irrelevantes, algo que no nunca le sucedió a Convergèncía cuando no existieron mayorías absolutas. Y mientras nadie llamará a la puerta de JxCat, Esquerra puede convertirse en un apoyo fundamental de un Ejecutivo socialista, y por tanto tendrá contacto directo con la Moncloa para intentar reactivar un diálogo que Puigdemont y los suyos son incapaces de encauzar.

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