Rivera se presenta en la Moncloa como jefe de la oposición y niega su apoyo a la investidura

Rivera se presenta en la Moncloa como jefe de la oposición y niega su apoyo a la investidura

El líder de Ciudadanos exige al presidente que aplique el artículo 155 en Cataluña y le ofrece cuatro pactos de Estado

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Albert Rivera sigue enrocado en su posición de no facilitar la investidura de Pedro Sánchez. Lo proclamó a los cuatro vientos durante toda la campaña, lo refrendó la noche electoral y, por si quedaba alguna duda, este martes se lo trasladó en persona al socialista en su encuentro en la Moncloa. El líder de Ciudadanos dice que no tiene la más mínima intención de pactar con él. Ni por activa, con un acuerdo de legislatura como el que sellaron en febrero de 2016, ni tampoco por pasiva, con una abstención. Por más que le presionen los sectores económicos y empresariales o por más que le gustaría a sus oponentes.

Rivera está decidido a no legitimar un Gobierno con Sánchez a la cabeza y a ejercer como jefe de la oposición ante un PP que, según su visión, está «en descomposición». Aunque no superaron a los populares -a pesar del batacazo electoral aún lograron nueve escaños más- los liberales entienden que las ocho décimas que los separan les legitiman para liderar de facto el bloque conservador. Para el Ejecutivo, en cambio, esa condición recae exclusivamente sobre Pablo Casado como representante del segundo partido con más apoyos, solo por detrás del PSOE. Y así se lo hicieron ver a su invitado. En el fondo y en las formas. Mientras el líder del PP compareció en la sala de prensa reservada al Gobierno, el de Ciudadanos lo hizo en una adyacente, reservada para las convocatorias de menor entidad. «No sería un líder a la altura de este país si me dedicara a medir el tamaño de las salas», zanjó para quitar importancia a la diferencia de trato.

Con las intenciones claras y el paso firme, Rivera cruzó las puertas de la Moncloa para reunirse con el presidente en funciones, horas antes de que lo hiciese Pablo Iglesias. Un encuentro de apenas cincuenta minutos que sirvió para escenificar su distancia en lo político y en lo personal. «Ha sido una reunión cordial -resumió- en la que le he comunicado a Sánchez que vamos a ejercer una oposición firme, leal a los españoles, libre, sin complejos y con sentido de Estado».

Marcaje al Gobierno

En su primera cita en casi dos años, Rivera advirtió al socialista que hará un duro marcaje al próximo Gobierno, que entiende que ya está casi cerrado con Unidas Podemos pero que ambas partes no harán público hasta después de la triple cita electoral del 26 de mayo. Su fiscalización será muy estrecha en el tema territorial, manteniéndose «vigilante» con Cataluña, y en materia económica, para «impedir que Sánchez e Iglesias machaquen a impuestos a las clases medias».

El líder naranja volvió a poner el foco en el desafío soberanista y comunicó al jefe del Ejecutivo que puede contar con el apoyo de sus 57 diputados para enviar un requerimiento a Quim Torra instándole a que cumpla con la legalidad vigente. Y en caso de respuesta negativa, iniciar la aplicación del artículo 155, que permite el control total o parcial de las competencias de la Generalitat. Sánchez, que no es partidario de poner en marcha el precepto constitucional, se comprometió a «mantener una canal de comunicación permanente sobre Cataluña», como hizo con Casado la víspera.

Pese a las discrepancias y su voto negativo a la investidura, el líder de Ciudadanos tendió la mano al socialista para alcanzar en la próxima legislatura pactos de Estado en materias tan sensibles e importantes «para todos los españoles» como la educación, la inmigración, la despoblación o la lucha contra el terrorismo. Cuatro áreas en las que la formación liberal centrará su labor de oposición en el Congreso mientras se prepara, dijo, para tomar el relevo cuando el Ejecutivo socialista «se desmorone». Algo que, vaticinó, pasará más temprano que tarde.

El Gobierno, por su parte, emitió una breve valoración sobre la reunión donde destacó, al igual que hizo con el líder del PP, que el encuentro entre ambos dirigentes había sido «fluido y cordial», aunque prescindió del calificativo de «afable» que también incluyó en la nota del lunes.

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