Donald Trump y Kim Jong-un rompen el hielo para alcanzar acuerdos concretos

Donald Trump y Kim Jong Un se estrechan la mano. / AFP

Un apretón de manos y una cena sirven para iniciar la cumbre de Hanói, donde buscarán avances en la desnuclearización y el levantamiento de sanciones

ZIGOR ALDAMADacca

«Como he dicho siempre que me preguntan, creo que su país tiene un potencial económico tremendo, increíble e ilimitado, y que tiene un gran futuro como líder del mismo. Estoy ansioso de ver cómo se desarrolla y de ayudar a que así sea». Esas fueron las primeras palabras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intercambio públicamente ayer en Hanói con su homólogo norcoreano, Kim Jong-un, durante el segundo encuentro que protagonizan en menos de un año.

«En los 261 días [que han pasado desde que los dos mandatarios se reunieron por primera vez en Singapur] hemos tenido que tomar muchas decisiones difíciles y tener paciencia. Ahora que le veo aquí, tengo la esperanza de que esta vez tengamos éxito», le respondió Kim antes de que ambos se estrechasen la mano. En su línea, Trump agarró la de Kim y la acercó hacia sí para darle unas palmadas con la mano que le quedaba libre mientras hacía una mueca condescendiente.

«Nuestra relación es una relación muy especial», añadió Trump en una segunda intervención frente a la prensa antes de iniciar la cena que ambos líderes compartieron en el clásico Hotel Metropole, que también será hoy el escenario de las negociaciones. El americano aprovechó para avanzar que espera avances significativos a lo largo de «un día muy ocupado», en el que estos dos archienemigos aparentemente bien avenidos se enfrentan a su mayor reto: convertir las buenas palabras en hechos concretos.

Trump continuará presionando a Kim para que se comprometa a una desnuclearización completa, verificable, e irreversible. Pero, como ayer afirmó el delegado especial para asuntos culturales de Corea del Norte en España, Alejandro Cao de Benós, en un tuit dirigido al embajador del Reino Unido en Pyongyang, no parece que el Brillante Camarada vaya a concederle semejante triunfo a Trump. «No esperes que la República vaya a abandonar un armamento como el que ya tiene el Reino Unido, y el mismo que ha forzado a que Trump pase del 'fuego y furia' a sentarse en la mesa de negociaciones», escribió Cao de Benós.

Es evidente que ambos deben hacer concesiones. Se especula con la posibilidad de que Kim ofrezca detener el desarrollo de nuevas cabezas nucleares y desmantelar las instalaciones nucleares de Yongbyon, las mismas en las que una torre de refrigeración ya fue destruida en 2008, a cambio de que Estados Unidos levante las sanciones económicas que ahogan al régimen. Pero si un acuerdo de tal calado no es posible, Trump y Kim podrían irse a casa razonablemente satisfechos con un pacto para firmar el tratado de paz que ponga fin a la Guerra de Corea, que concluyó en 1953 solo con un armisticio. «Ya veremos», dijo Trump ayer cuando se le preguntó por esa posibilidad.

Mientras tanto, quienes sí que van a sacar provecho de la cumbre son los comercios de Hanói que venden todo tipo de suvenires relacionados con el evento: el rostro de los dos líderes decora objetos tan diversos como camisetas o tartas, y el Ayuntamiento ya ha anunciado que, a pesar de las incomodidades que los residentes sufren con este tipo de acontecimientos, el turismo se verá muy beneficiado. Ayer, Trump también aprovechó la ocasión para estrechar lazos con su homólogo vietnamita, Nguyen Phu Trong, que se comprometió a reducir el superávit comercial con Estados Unidos y demostró que no miente con la firma para adquirir aviones Boeing. «También hacemos las mejores armas del mundo, ya sean cazas, misiles, o morteros», ofreció Trump.