May inicia la campaña de ratificación apelando al público

May inicia la campaña de ratificación apelando al público

No hay fecha para el voto en el Parlamento, pero ambigüedades y maniobras fomentan la moderación de los diputados

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

Theresa May ha publicado una carta a los británicos pidiéndoles que apoyen el acuerdo con el Consejo Europeo y en una declaración leída tras la firma en Bruselas se ha dirigido de nuevo directamente a la población, en su intento de presentar los documentos como la realización del 'brexit' y de crear un ambiente favorable para el voto de ratificación en el Parlamento, antes de la Navidad.

En su mensaje afirma que el acuerdo pone fin al libre movimiento de personas, reduce drásticamente la contribución británica al presupuesto comunitario, acaba con la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE), libera al país de las política europeas de agricultura y pesca, asegura el comercio 'sencillo' de bienes fuera del mercado común y de la unión aduanera, asegura los derechos de residentes, evita una frontera en Irlanda,...

Menciona también que «el estatus constitucional de Gibraltar no cambiará» y elogia particularmente al ministro principal, Fabian Picardo, la única persona citada en el comunicado, por su conducta de 'estadista'. Y culmina con una promesa de que se dedicará a argumentar en favor del acuerdo «con todo mi corazón» en la campaña que se avecina.

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, ha replicado que «casi todo lo que afirma es mentira» y no le falta razón porque el acuerdo, si es ratificado, iniciará, tras la salida de Reino Unido de la UE el 29 de marzo, un proceso de negociación sobre la futura relación durante el cual Reino Unido permanecerá bajo las disciplinas comunitarias durante al menos 19 meses, que pueden extenderse.

May considera en su mensaje que las intenciones de establecer una estrecha relación comercial y de seguridad contenidas en la declaración anexa al acuerdo de retirada han sido ya consumadas y ofrece el señuelo a una población preocupada por la duración de las agrias divisiones sobre el 'brexit' de que a partir de ahora «podremos concentrarnos en otros muchos asuntos importantes para la población británica en casa».

El fin de las divisiones durante el proceso de negociación de la futura relación es quizás una quimera, pero en la campaña de las próximas semanas- no hay fecha para el voto decisivo de la Cámara de los Comunes- tendrán más importancia el contenido del proyecto de ley que se someterá al Parlamento y el papel de los gestores del grupo de diputados conservadores que la opinión difusa del público.

May no ha descartado tajantemente, a preguntas de la prensa británica, que el proyecto de ley incluya, si es rechazado, la posibilidad de un nuevo referéndum, que Reino Unido pida su ingreso provisional en el Área Europea de Libre Comercio (uniéndose a Noruega o Suiza) o la formación de un Gobierno de Unidad Nacional. Son opciones improbables pero la ambigüedad de la primera ministra puede ser significativa.

La aritmética de los Comunes es especulativa. Si el DUP norirlandés y el número más pesimista de rebeliones 'brexiters' entre los conservadores- los 24 que anunciaron públicamente que habían enviado una carta pidiendo un voto de no confianza en la líder- se suman a los laboristas, independentistas escoceses, liberal-demócratas, nacionalistas galeses y verdes, el acuerdo será derrotado.

Un escocés partidario de la permanencia en la UE, que representa una circunscripción en la región inglesa de Yorkshire donde la mayoría votó por el 'out', tendrá un rol discreto y destacado. Es Julian Smith, el 'chief whip', responsable de la disciplina de su grupo y negociador con otros. Su tarea consiste en lograr deserciones de la oposición, abstenciones de otros. Un buen comienzo ha sido el nombramiento como 'Sir' de un 'brexiter', para fomentar su moderación.

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