Trump defiende el patriotismo en la ONU

El presidente estadounidense Donald Trump (izda) y el secretario general de la ONU, António Guterres, durante el almuerzo de su delegación . /Jason Szenes (Efe)
El presidente estadounidense Donald Trump (izda) y el secretario general de la ONU, António Guterres, durante el almuerzo de su delegación . / Jason Szenes (Efe)

El mundo se ríe de su grandilocuencia

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

No hubo sorpresas en la segunda intervención de Donald Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas, al menos en cuanto a contenido. Casi dos años después de que el magante -resabiado con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por no haberle dado el contrato para reformar su rascacielos - ganase las elecciones con el slogan de «America First» (América primero), su estilo desafiante y su mensaje proteccionista no es ninguna novedad, pero su grandilocuencia desata ya carcajadas mundiales.

El anfitrión llegó tarde, sin excusa ni disculpas. Eso dio al presidente de Ecuador, Lenín Moreno, el siguiente en la lista, una audiencia que nunca habría soñado, y a Trump la entrada triunfal que más disfruta. Por el camino no encontró en las calles de Manhattan las riadas de seguidores aclamándole que gusta imaginar, ni más ronda de aplausos en la sala que la mustia cortesía. Y cuando a los dos minutos presumió de «haber hecho en menos de dos años más que casi ningún otro gobierno» en la historia de Estados Unidos, los líderes del mundo irrumpieron en una sonora carcajada que encajó dolido. «No esperaba esa reacción, pero bueno», zanjó.

Sin duda pensaba que quien ríe el último ríe mejor. La «visión» que dice haber traído al mundo para enfrentar las amenazas y proporcionarle «un futuro brillante a toda la humanidad» viene acompañada de fuertes recortes a la ONU y de la retirada de aquellos órganos que no sirven a sus intereses. Refrendó su decisión de deslindarse del Consejo de Derechos Humanos, que castiga «por criticar a los amigos de EE UU», dijo sin cortapisas -léase Israel, condenado en 45 resoluciones por sus abusos a Palestina-. Sin el menor remordimiento reiteró que su país no volverá a formar parte de este órgano hasta que acepte las reformas que propone.

Tampoco corregirá la abrupta decisión de reducir la contribución al presupuesto de los cascos azules, que de haberse hecho de forma paulatina habría ahorrado muchas vidas en países como el Congo, donde la repentina reducción de tropas de paz desató la violencia.

Y en cuanto a la ayuda que EE UU reparte en el exterior, amenazó: «A partir de ahora se la daremos solo a los que nos respeten y, francamente, a nuestros amigos». Israel, el mayor receptor, no tiene nada que temer. Su embajador en la ONU se apresuró a felicitarle por «estar en el lado correcto de la historia» y, especialmente, por atacar a Irán. Frente a la soberanía que reclama para EE UU, Trump espoleó a los iraníes a levantarse contra sus líderes «que siembran el caos, la muerte y la destrucción» y han «malversado» millones de dólares, se han «apropiado» de «valiosas partes de la economía» y han «saqueado» el legado religioso «para llenarse los bolsillos». La arenga incluyó alentar a la comunidad internacional a «apoyar la lucha del pueblo iraní», amenazando con castigar a las empresas que comercien con Irán cuando en noviembre restaure las sanciones unilateralmente.

Hassan Rouhani tuvo la última palabra. El presidente iraní achacó el orgulloso rechazo que había hecho de «la ideología del globalismo» en pro de «abrazar el patriotismo» a «un síntoma de debilidad intelectual» y a «su incapacidad para entender un mundo tan complejo». Le acusó de entender las relaciones internacionales «de una forma autoritaria que se refleja en la intimidación y la imposición» y aunque se mostró abierto al diálogo «sin amenazas, ni sanciones o intimidaciones», cuestionó cómo se puede firmar algo con un país que no cumple sus propias obligaciones.

Solucionadas las diferencias con el «hombre cohete», al que bautizó con ese mote en la anterior Asamblea General, cuando condenaba las pruebas nucleares de Corea del Norte, el otro blanco de Trump este año fue Venezuela, a quien este martes impuso nuevas sanciones. Los países de la OPEP también se llevaron un rapapolvo por «estafar al resto del mundo», de modo que les ordenó bajar los precios y contribuir «sustancialmente» a la protección militar.

De refilón, Alemania se llevó un repaso por tener una política energética «que le hará totalmente dependiente de Rusia si no cambia inmediatamente de rumbo», mientras que Polonia, que le ha ofrecido establecer una base permanente llamada «Fuerte Trump», fue premiada con varios halagos. El «América First» se ha transformado en esta Asamblea en un 'América y sus amigos'. Ya lo avisó su embajadora en la ONU Nikki Haley el mismo día que llegó: «Vamos a coger nombres».

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