Conte se olvida del euroescepticismo y pide una UE «más fuerte y justa»

El presidente del Gobierno italiano, Giuseppe Conte (d), conversa con el ministro de Empleo, Luigi di Maio. / Giuseppe Lami (Efe)

El nuevo Gobierno italiano supera con éxito la moción de investidura en el Senado después de que el primer ministro pida en su discurso el fin de las sanciones económicas a Rusia

DARÍO MENORCorresponsal en Roma

La mayor parte de los italianos son excelente oradores y conversadores. No es sólo algo con lo que nazcan o que se herede de una generación a la siguiente. Se entrenan para ello durante sus años en el instituto y en la universidad, donde son muy comunes los exámenes orales que tanto aterran a los alumnos españoles. A los italianos, en cambio, les encanta hablar en público y no tienen miedo de exponer sus posiciones y rebatir con propiedad frente a ideas contrarias a la suya. A veces, eso sí, pecan de poca concreción y de concederse demasiados arabescos dialécticos. Entre contar algo rápido o contarlo bonito, ellos tienen claro cuál es la mejor opción. Esta idiosincrasia quedó ayer de manifiesto en el discurso con que el nuevo primer ministro, Giuseppe Conte, pidió la confianza del Parlamento para su Gobierno antes de someterse a una moción de investidura en el Senado. Este profesor universitario de derecho privado sin experiencia política habló durante casi una hora y cuarto, la duración más larga de la historia parlamentaria en el país.

La votación

EFE.-El Gobierno italiano de Giuseppe Conte, formado por el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) y la Liga, obtuvo la confianza en el Senado, primer paso para su investidura, y mañana se someterá al mismo trámite en la Cámara de los Diputados. El Ejecutivo de este profesor de Derecho y ahora primer ministro italiano obtuvo 171 votos a favor, 117 en contra y 25 abstenciones.

No es de extrañar que no le faltara tiempo para describir con detalle el programa acordado por la coalición entre el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga. Será la 'hoja de ruta' del Ejecutivo y de la que Conte no va a poder moverse. Lo vigilarán de cera Luigi Di Maio, líder del M5E, y Matteo Salvini, su homólogo en la Liga. Ambos estaban sentados a la derecha y a la izquierda del primer ministro mientras éste entonaba su infinita perorata. La imagen de Conte flanqueado por Di Maio y Salvini tenía un fuerte valor simbólico, casi más que la propio moción de investidura. Su resultado positivo se deba por descontado porque las dos fuerzas políticas cuentan con mayoría en ambas cámaras. En el Senado el Gobierno fue aprobado con XX votos a favor y XX en contra. En la Cámara de los Diputados se votará hoy.

Siguiendo el camino marcado en los días anteriores por Di Maio y Salvini, el primer ministro dijo que su Gobierno significará «un cambio radical» superando la lógica de «derechas e izquierdas». Aseguró a sus compatriotas que están frente a una «temporada nueva» y respondió a las acusaciones de populismo y antisistema que suelen asociarse al M5E y la Liga. Aceptó con orgullo ser un populista si eso significa «escucha las necesidades de la gente» o que lo consideren un antisistema si introduce «un nuevo sistema que acabe con los viejos privilegios».

Conte trató de mandar un mensaje de tranquilidad tanto a los otros miembros de la UE como a los aliados internacionales de Italia. Reiteró que el lugar de su país está dentro del club europeo y de la OTAN, aunque introdujo matices respecto a la posición que hasta ahora seguía Roma. «Europa es nuestra casa, es la casa de todos y como país fundador tenemos el deber de contribuir a una Europa más fuerte y justa», dijo, destacando que «los intereses de Italia son los intereses generales de Europa y coinciden en la necesidad de prevenir su declive». Pidió en concreto que la unión económica y monetaria «proteja la necesidad de los ciudadanos para equilibrar los principios de responsabilidad y de solidaridad». Se mostró así en las antípodas del discurso más eurófobo que el M5E y la Liga han mantenido en otras ocasiones.

Resulta significativo el llamamiento que el nuevo jefe del Ejecutivo hizo para acabar con las sanciones económicas a Rusia, que tanto están dañando los intereses de las empresas italianas. Reiteró que Roma considera a Washington un «socio privilegiado», pero pidió «una apertura» a Moscú para revisar el «sistema de sanciones, sobre todo las que afectan a la sociedad civil». Conte se hacía así eco de una vieja reivindicación de Salvini, que no esconde su admiración por el presidente ruso, Vladímir Putin.

«Pondremos fin al negocio de la inmigración»

«Pondremos fin al negocio de la inmigración». Al nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, le interrumpieron los aplausos de los parlamentarios del Movimiento 5 Estrellas y la Liga cuando dijo estas palabras en su discurso antes de someter ayer con éxito a su Gobierno a la moción de investidura en la Cámara Alta. Estaban como locos los senadores al escuchar que Conte no se movía un centímetro de la tesis que el líder 'liguista' y nuevo ministro del Interior, Matteo Salvini, lleva años defendiendo. «Pondremos fin al negocio de la inmigración, que he crecido con desmedida bajo el manto de falsa solidaridad», siguió con su discurso Conte cuando cesaron los aplausos, que resonaron de nuevo en cuanto terminó la frase. Bien consciente de por dónde le van a venir las críticas al nuevo Ejecutivo, el primer ministro subrayó que «no seremos nunca racistas» y trató de demostrar esa posición condenando el ataque el pasado domingo a un grupo de inmigrantes en San Calogero, una localidad de la región sureña de Calabria donde hay una gran concentración de subsaharianos que trabajan en la agricultura en régimen de semiesclavitud. Un joven originario de Malí murió tras recibir varios disparos mientras que otros dos extranjeros resultaron heridos. Conte dijo que «no es insensible» ante este suceso, ganándose una ovación del Senado.

 

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