May continúa con la venda del 'brexit'

Theresa May. /AFP
Theresa May. / AFP

La primera ministra británica persiste en su demanda de garantías adicionales para aligerar el 'backstop' irlandés

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

El prisma que utiliza la primera ministra británica, Theresa May, para contemplar la realidad del 'brexit' aporta al resto de los mortales imágenes totalmente distorsionadas. Solo así puede llegar a entenderse que persista en su demanda de garantías adicionales para aligerar el 'backstop' irlandés -la salvaguarda que evitar la frontera dura en la isla- cuando se le acaba de decir que el tratado medular del divorcio (el Acuerdo de Salida) no se toca. Solo esa perspectiva (la suya) hace mínimamente asumible su erre que erre con que «son posibles aún» esas «aclaraciones (o garantías) en los próximos días», cuando apenas unas horas antes, la misma madrugada del viernes, los Veintisiete le demostraron simple condescendencia. Es más, incluso pisaron el acelerador en la dirección opuesta al anunciar que se intensifican los planes de contingencia para una excisión sin acuerdo. Se harán públicos el miércoles.

Hablar se hablará. Eso no cuesta aquí en Bruselas, y más cuando el problema del 'brexit' es planetario. El canciller austriaco, Sebastian Kurz, emplazó a una cita en enero, pero no tendrá el carácter excepcional de cumbre, según precisó su homólogo belga, Charles Michel. La cuestión es de qué se hablará.

Porque o May no sabe lo que quiere o maneja una estrategia tan secreta (de 'sprint' final) que, de momento, no comparte con nadie. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (una especie de verso suelto en esto de la diplomacia) habló de una «nebulosa» que no permitió a los jefes de Estado y de Gobierno terminar de entender el jueves qué es lo que la 'premier' necesita para salvar la votación de Westminster. Fueron tan vagas sus explicaciones -medios británicos hablan de que la canciller alemana, Angela Merkel, la interrumpió en varias ocasiones- que al final los líderes tiraron de maquillaje en la declaración de conclusiones del Consejo Europeo.

Escenario temporal

En el texto subrayan lo evidente: que no quieren el 'backstop' y que si se llegase a ese escenario sería «temporalmente». En definitiva, que sólo perviviría mientras se negocia un buen acuerdo de futuro UE-Reino Unido. Se había preparado un párrafo con algo más de firmeza que podía interpretarse como compromiso de que se ofrecerían más «garantías». Pero según AFP, que cita fuentes diplomáticas, la confusión en la sala fue tal que los líderes decidieron en el último momento retirarlo.

Al final todo muy 'light'. Pero a May no se le cae la venda de los ojos. Ayer defendió el «valor jurídico» de los retoques -cuando ella misma rebajó a nivel casi de anécdota lo que consiguió España con Gibraltar, que fue algo muy similar-. Vino a decir que le valen, que lo ha conseguido, pero no. Porque pide más. «Después de volver a hablar hoy con mis colegas, creo que son posibles aclaraciones adicionales». Nada concreto, eso sí. Ni siquiera la fecha de la votación del 'brexit' en el Parlamento británico. La sesión debió celebrarse el pasado martes, pero ella misma la aplazó apenas unas horas antes por su incapacidad para conseguir los apoyos suficientes. «Será antes del 21 de enero» (el día límite), reforzó.

Diga lo que diga, la 'premier' regresa a Londres con las manos vacías y en uno de sus momentos más endebles políticamente después de una semana 'horribilis' en la que además de frustrar la votación en la Cámara de los Comunes, lidió con una moción de confianza de sus propios compañeros de partido y recibió las 'lentejas' de la UE. «¿Ha pasado algo esta semana?», respondió con sorna a un periodista cuando este le recordó la sucesión de golpes.

Un detalle trivial sí, pero es que el 'brexit' comienza a ser un bucle en el que cualquier mínimo gesto es noticiable. Otro ejemplo. Ayer la señal institucional de la UE captó de manera fortuita la imagen de una 'premier' que parecía enfrentarse a Juncker justo antes de cerrarse las puertas del Consejo. El diálogo no parecía amigable, desde luego. «Hemos tenido una conversación 'robust' (vigorosa, fuerte, enérgica, en su traducción del inglés)», reconocería May. Y todo a cuenta de la 'nebulosa' a la que había aludido la víspera Juncker. «Me ha aclarado que se refería a la situación en general, no a lo que dije en la sala». El luxemburgués lo corroboró después destacando su «valentía» y la constancia con la que defiende los acuerdos del 'brexit'. «Y al final nos besamos», apostilló.

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