Londres y Bruselas alcanzan un «acuerdo técnico» sobre el 'brexit'

Theresa May. / Foto: Reuters / Vídeo: Ep

May intentará hoy sumar el apoyo de su gabinete al borrador que evitaría la frontera dura en la isla de Irlanda

SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas

El 'brexit', ese embrollo histórico que pondrá fin a más de cuatro décadas de integración de Reino Unido en el proyecto común europeo, ya tiene un texto pactado. En 400 páginas, según medios británicos, se desgranaría lo que de momento es un «acuerdo técnico» que se ha cimentado en los últimos días, en negociaciones maratonianas hasta altas horas de la madrugada, y sin ruido. Ya está. Theresa May dijo ayer 'sí' a una solución que evitará la frontera 'dura' en la isla de Irlanda.

Pero los detalles son una incógnita. Se da por hecho la salvaguarda que impedirá romper con los acuerdos de paz entre la República de Irlanda y la provincia de Ulster, pero la fórmula elegida aún es 'secreto de Estado'. Una de las opciones que los analistas barajaban ayer es que tras formalizarse el divorcio, el próximo 29 de marzo, y a punto de expirar el periodo transitorio de 21 meses que le seguirá, Londres y Bruselas pacten de nuevo si hay que activar la solución de emergencia o 'backstop' o se opta por extender más allá de diciembre de 2020 el tiempo de interinidad. Todo dependerá del punto en el que se encuentre la negociación sobre la relación futura de la UE con el que sería ya un tercer Estado.

Se hablaría, por tanto de una especie de cláusula o «mecanismo de revisión». Una fórmula de contrapeso con la que May espera salir airosa ante sus críticos. Porque el avance de las últimas horas es crucial, sí. Pero si hoy no consigue el respaldo de los miembros de su Gabinete volveremos a la casilla de salida. Y el tema se retorcerá aún más. May invitó anoche a sus ministros a consultar la documentación de forma individualizada. Hoy están citados a las dos de la tarde (hora de Londres) a una reunión de urgencia en la que tendrán que pronunciarse. ¿Habrá fumata?

Con el 'sí' se podrá convocar un Consejo Europeo extraordinario este mes -se ha trabajado con la opción del domingo 25- y, tras el refrendo de los 27 Estados, antes de Navidad el acuerdo ya podría comenzar a caminar hacia la Cámara de los Comunes. Otra cosa es que termine aprobándose. Con el 'no' el tiempo se comprimiría tanto que asfixiaría: Westmister necesita al menos tres meses para resolver. El 29 de marzo se echaría encima.

May no lo tendrá nada fácil. Nunca lo ha tenido. Ayer los euroescépticos no tardaron en cargar contra ella. El exministro de Exteriores Boris Johnson -punta de lanza del movimiento crítico entre los 'tories'- calificó de «inaceptable» el borrador porque «significaría que deberemos aceptar normas y regulaciones de Bruselas sobre las que no tendremos nada que decir». Entre los unionistas del DUP (claves para May a la hora de sumar votos en el Parlamento), la primera reacción fue pausada. A la espera «de detalles». Luego siguió la advertencia: esa línea roja que no cruzarán «si Irlanda del Norte es tratada de distinta manera al resto de Reino Unido».

Silencio y cautela

¿Y en Bruselas? Hermetismo. Aunque también suaves movimientos. Esta misma tarde se espera una reunión de los embajadores permanentes ante la UE para conocer los detalles de la fase crucial de la negociación. El encuentro se produciría, en cualquier caso, después del que tendrá lugar en Londres. Y, por tanto, puede ser o no ser en función del mensaje que llegue desde el 10 de Downing Street.

La Comisión Europea, en cualquier caso, una 'tumba'. Silencio total. Sin comentarios a la noticia del «acuerdo técnico» que confirmaba la cadena pública británica BBC, citando fuentes del Gabinete de la primera ministra. Es más, desde el Ejecutivo comunitario se emplazaba a las manifestaciones que unas horas antes habían realizado en sendas comparecencias públicas tanto Frans Timmermans, vicepresidente, como Jean-Claude Juncker. Nada más.

El primero había ofrecido a Reino Unido que sus ciudadanos puedan seguir moviéndose en el futuro por el territorio comunitario sin necesidad de visados, aunque, eso sí, siempre y cuando se trate de viajes de no muy larga duración y condicionado a que, en sentido inverso, también se facilite la entrada de europeos en territorio británico. Una medida que se defendió como «fundamental» para «hacer más fácil la vida a los ciudadanos» en ese horizonte que se abriría en menos de seis meses. La medida forma parte de los planes de contingencia para un 'no acuerdo', que incluyen acciones «limitadas» que afectarían a los servicios financieros, el transporte aéreo, aduanas, transferencia de datos personales o medio ambiente.

Timmermans en esa rueda de prensa confiaba, pese a todo, en «un acuerdo bueno» para las dos partes. Y su 'jefe', Juncker, en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, tras la intervención de la canciller Angel Merkel, insistía en que la UE persigue el mejor pacto posible, que no se quiere «penalizar» a Reino Unido por su marcha y que continúa considerando «una tragedia, un error histórico» este divorcio.

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