El Gobierno británico respalda dividido el acuerdo del 'brexit'

AFP

El entendimiento entre Londres y Bruselas tendrá que superar en diciembre el mayor obstáculo del Parlamento

ÍÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

La mayoría del Gabinete ha dado el visto bueno al borrador del acuerdo alcanzado por los negociadores británicos y los de la Comisión Europea, tras una reunión de cinco horas y en una atmósfera que ilustra las dificultades que tendrá la primera ministra para lograr su aprobación por la Cámara de los Comunes. Theresa May lo ha celebrado como «un paso decisivo», tras una reunión «larga, detallada y apasionada», con «decisiones difíciles, especialmente sobre Irlanda del Norte».

Los ministros se han congregado en torno a May en la sala del Consejo tras entrevistas personales con la primera ministra y encerrarse leyendo el borrador, que supera las 400 páginas según los medios británicos, en una sala preparada para la ocasión en el Ministerio del Gabinete. La semana pasada tuvieron la oportunidad de leerlo aún incompleto.

Los portavoces de May han explicado que la primera ministra ha dado oportunidad a cada ministro de expresar sus puntos de vista, pero la duración del debate confirma que en el Gabinete hay opiniones encontradas y entre ellas las de quienes creen que el acuerdo debe garantizar una transición hasta el final de 2020 y una salida limpia de la UE después, o el Partido Conservador será castigado por los electores.

La extensión del debate del Gabinete británico ha retrasado la coreografía acordada, que incluía la publicación este miércoles por la noche del acuerdo. May hará una declaración formal en el Parlamento este jueves. Un Consejo Europeo especial, posiblemente el 25 de noviembre, tendrá que sellar el acuerdo general y la Cámara de los Comunes dará su opinión tras varios días de debate, en la primera semana de diciembre.

La atmósfera política británica está cargada, pero la sesión semanal de preguntas al jefe de Gobierno, en los Comunes, transcurrió sin que May se sintiera acosada. Varios diputados pidieron que se publique el documento lo antes posible para no prolongar una situación en la que se debate sobre su contenido en base a las filtraciones sumarias que publican los medios de comunicación. Un 'tory' le advirtió que ha perdido hoy el apoyo de muchos diputados y de millones de electores.

Sumas y restas

Jeremy Corbyn, líder de la oposición laborista, logró el golpe quizás más significativo al preguntar a la primera ministra si el acuerdo otorga al Parlamento la soberanía sobre la decisión de abandonar la unión aduanera, que se asume como parte central del Acuerdo de Salida. La respuesta evasiva de May sirvió para confirmar que habrá, en el mejor de los casos, un mecanismo mixto de decisión.

Corbyn pretendía mostrar divisiones entre el Gobierno y su grupo parlamentario, porque su partido propone una pertenencia permanente a la unión aduanera que no daría la soberanía que reclamaba. Pero el líder laborista quiere derribar a May. Declaró la pasada semana al semanario alemán 'Der Spiegel' que «no podemos parar el 'brexit'», aunque la conferencia de su partido, en septiembre, no descartó la demanda de un segundo referéndum.

Los votos de una gran mayoría de escaños laboristas contra el acuerdo se dan ya por descontados a pesar de la incoherente posición del partido. Los unionistas norirlandeses del DUP están ya íntimamente aliados con los 'brexiters' conservadores más intransigentes y parecen dispuestos a romper el pacto formado con May en 2017 para sostener a su Gobierno en los Comunes. Arlene Foster ha afirmado que el acuerdo quiebra 'las líneas rojas' del partido norirlandés.

A los independentistas escoceses del SNP y los nacionalistas de Plaid Cymru (Partido de Gales), hay que sumar los cerca de 40 escaños conservadores 'brexiters' que rechazan el acuerdo sin leerlo (y planean una moción para forzar una elección de nuevo líder del partido) y quizás los 13 diputados escoceses que han enviado una carta a May comprometiéndose a no votar por el acuerdo, si al final del periodo transitorio, en diciembre de 2020, no se recobra la soberanía sobre la política pesquera.

Las sumas y restas no ofrecen garantía de que el acuerdo pueda superar un voto en el Parlamento. May pretende que la negociación de la futura relación comercial con la UE resolverá el problema de la frontera irlandesa, el de la política pesquera y permitirá recobrar la autonomía para negociar acuerdos comerciales con otros países. Ha superado la barrera del Gabinete, pero su trayectoria en los últimos meses han minado la confianza en sus palabras.

Bruselas insta ahora a los Comunes «a asumir sus responsabilidad»

SALVADOR ARROYO | Corresponsal. Bruselas

«Nunca hemos negociado contra el Reino Unido, siempre con el Reino Unido. Seguirá siendo nuestro amigo, nuestro aliado y socio». Con esa solemnidad, el negociador principal del 'brexit' por la UE, Michel Barnier, subrayaba anoche, que Bruselas siempre ha tendido la mano «con respeto» a Londres. Diecisiete meses de intensas conversaciones y 584 folios con 185 artículos, tres protocolos y varios anexos después, se certificaba en la capital comunitaria lo que apenas unos minutos antes había anunciado Theresa May desde Downing Street: el Acuerdo de Retirada ordenada de Reino Unido es un hecho. «El avance ha sido significativo».

La sentencia de Barnier, su subrayado «respeto» mutuo durante el camino recorrido hasta el que puede considerarse como el pacto geopolítico mas complejo de la historia reciente, era un gesto de complicidad hacia la 'premier', pero también un mensaje directo a los 'brexiters'. Aunque, por si quedase alguna duda, en los siguientes minutos de su larga comparecencia, lanzó un alegato por la responsabilidad. Ante «el mejor acuerdo posible», el francés sentenció: «El Gobierno británico asumió hoy, esta noche, su responsabilidad y ahora todos en ambas partes tienen que asumir su responsabilidad». Carga directa hacia Westmister, donde el acuerdo tiene que enfrentarse a la aprobación de los Comunes.

¿Y qué pasará si no supera ese examen? Bruselas insiste. Es un «buen acuerdo». El nudo gordiano del problema, evitar una frontera dura en la isla de Irlanda, se resuelve. Ulster continuará alineada con las reglas del Mercado Único «que son esenciales» para levantar cualquier muro entre el socio comunitario y la provincia. Referencia expresa al movimiento de productos agrícolas. Las empresas ingresarán en el mercado único «sin restricciones» y regirán en el territorio británico las normas europeas de suministro eléctrico.

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