El acusado de asesinar a Celia Barquín declara ante el juez que es inocente

El acusado del asesinato de Barquín, Collin Richards, con uniforme de rayas y junto a su abogado durante la sesión del viernes en el tribunal del Condado de Story. /DANIELLE GEHR
El acusado del asesinato de Barquín, Collin Richards, con uniforme de rayas y junto a su abogado durante la sesión del viernes en el tribunal del Condado de Story. / DANIELLE GEHR

La Policía de Ames (Iowa), donde estudiaba la joven golfista cántabra, no tiene dudas sobre la responsabilidad de Collin Richards. La fiscal del caso afirma que puede haber más detenidos

DANIEL MARTÍNEZSantander

A pesar de que la Policía de Iowa no tiene ningún duda de su responsabilidad en el crimen y de que todas las pruebas apuntan a él, el acusado de matar a Celia Barquín Arozamena se ha declarado inocente. Collin Daniel Richards, de 22 años, declaró por primera vez el pasado viernes ante el tribunal del Condado de Story, el mismo que en una vista preliminar celebrada el 19 de septiembre, dos días después del asesinato de la joven cántabra que simultaneaba sus estudios con su brillante carrera deportiva en la universidad de Ames, decidió su ingreso en prisión con una fianza en efectivo de cinco millones de dólares.

Durante su breve comparecencia ante el jueza de distrito Bethany Currie, el detenido afirmó que no era el autor de las puñaladas en el torso, la cabeza, el cuello y la pierna izquierda que recibió Barquín cuando se encontraba entrenando en el campo de golf y que acabaron con su vida. Es decir, ratificó lo que ya había avanzado su abogado, que se declararía no culpable de un delito de asesinato en primer grado que supondría, de concretarse, una cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. «El informe policial inicial a menudo no cuenta la historia completa de lo ocurrido», subrayó el letrado Paul W. Rounds nada más hacerse cargo de su defensa. Claro que entonces aún no se conocían muchos de los detalles de esos informes, que este fin de semana se ha publicado toda la prensa local de Iowa.

Por ejemplo, que la herida que tenía Richards en la mano -todavía sangraba cuando fue detenido- y algunas de las que se encontraron en el cuerpo de la joven de Torrelavega se hicieron con la misma arma blanca, de al menos diez centímetros de filo. Las marcas del corte no dejan lugar a dudas. Durante los registros, los agentes localizaron tres cuchillos entre las pertenencias del acusado. El primero estaba en la tienda de campaña cercana al campo de golf donde, al parecer, pernoctaba Richards. Los otros dos en la casa de un conocido a la que acudió «sucio», mojado y con restos de sangre para ducharse.

El informe forense dice que la herida de la mano del acusado y las de la víctima se hicieron con el mismo cuchillo

Casualmente, aparecieron en la vivienda tras un incendio que también está bajo investigación para determinar si fue provocado. Uno de ellos coincide con las características del utilizado por el asesino. A ello, la Policía suma otros elementos como las marcas en la cara de Richards, que atribuyen a un forcejeo con la víctima, y pruebas de ADN en la ropa. También se investiga la actividad en las redes sociales de este individuo con un amplio historial policial por asuntos menores al que las autoridades definieron como «sintecho», así como a su entorno. Según un testigo, el joven señaló recientemente que tenía «la necesidad de violar y matar a una mujer», aunque no hay indicios de agresión sexual.

Por su parte, durante la sesión del viernes, la Fiscalía reiteró su convencimiento de que no había relación previa entre víctima y presunto culpable, sino que fue un «acto aleatorio de violencia», y afirmó que su oficina todavía no descarta acusar a otras personas que pudieran estar en contacto con Richards el día del suceso.

Juicio público y con jurado

La jueza Currie también dictaminó que el juicio, que aún no tiene fecha, sería abierto al público, como quería la defensa de Richards y en contra de la postura del Ministerio Público. El abogado aprovechó para criticar a la Fiscalía por filtrar a la prensa datos que, en su opinión, podría influir en la futura decisión de los miembros del jurado.

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