Ángel Garrido, el hombre del momento

Y a punto de ser mandado a la reserva

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido./EFE
El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. / EFE
ANTONIO PAPELLMadrid

En estos tiempos de situaciones acuosas y de decisiones fluidas, Ángel Garrido, presidente (saliente) de la Comunidad de Madrid ha resuelto provisionalmente el conflicto de los taxis mediante una estrategia clara, firme y racional, y se ha ganado el aprecio de la opinión pública, harta de que la ciudadanía sea por sistema rehén de todas las reivindicaciones y víctima de todos los conflictos. Curiosamente, este personaje que ha llegado tarde y de rebote a la primera línea de la política (su ascenso a la presidencia, primero en funciones y después plena, se debió a la dimisión de su predecesora Cristina Cifuentes) está viviendo sus días finales en el cargo autonómico que ostenta ya que el PP de Casado no le ha designado candidato a la renovación sino que ha entregado la candidatura a la periodista Isabel Díaz Ayuso, amiga personal de Casado desde los tiempos en que este presidía Nuevas Generaciones de Madrid (2005-2013) mientras era director del gabinete del expresidente Aznar (2009-2013).

Garrido es un caballero y no ha dado muestras de irritación ante la injusta postergación de que acaba de ser objeto pero la procesión va por dentro. En unos pocos meses (llegó a la presidencia en abril del año pasado) ha adquirido notable visibilidad, y la resolución del conflicto del transporte urbano, que contrasta con la dejación de responsabilidad en que ha incurrido Colau en Barcelona, ha terminado de poner en valor su imagen. Sin embargo, el joven Casado prefiere, al parecer, candidatos que le auxilien en su intento de aproximarse a los parajes en que se mueve Vox. En este sentido, Díaz Ayuso se ha posicionado con frecuencia contra las políticas de género y considera que las leyes de violencia de género han sido «un gran fracaso». Produce estremecimientos escuchar opiniones de esta índole en boca de una mujer.

Garrido ha declarado hoy mismo, en TVE, que se ha sentido y se siente cómodo gestionando las competencias que le incumben como primer ejecutivo de la comunidad autónoma de Madrid, y ha alardeado de las mejoras que a su juicio ha conseguido en las principales tareas a su cargo. No comparte por tanto la propuesta de Vox de regresar al Estado unitario, de revertir el Estado de las Autonomías hasta emular el modelo centralizado del régimen anterior. Habrá que ver qué opina al respecto la nueva candidata, que de entrada ya se encuentra en esto con una grave contradicción.

Garrido no es, por lo demás, un apparatchik (entendiendo por tal al político que ha nacido y medrado en el seno de un partido, sin experiencia profesional en el sector privado), como sí es en cambio Díaz Ayuso. El todavía presidente de la CAM es ingeniero de Minas, por lo que no tendrá que someterse a arbitrariedades en el aparato de PP para sobrevivir materialmente. Hay vida fuera de la política, y es saludable que se produzcan trasvases entre la sociedad civil y las instituciones. De cualquier modo, el mensaje que lanza al PP al desprenderse de políticos que sintonizan con la ciudadanía en beneficio de otros que forman parte de la camarilla del líder es muy peligroso puesto que incrementa la creciente desafección que hoy afecta al el PP según las encuestas y los últimos resultados electorales.

 

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