El conflicto de los lazos profundiza la división en Cataluña

Una mujer coloca lazos amarillos en la verja del Pac de la Ciutadella. /Marta Pérez (Efe)
Una mujer coloca lazos amarillos en la verja del Pac de la Ciutadella. / Marta Pérez (Efe)

La tensión puede ir en aumento en el otoño caliente, aunque voces en el independentismo sugieren zanjar ya el pulso ante el riesgo de que se les gire en contra

CRISTIAN REINOBarcelona

«O baja la tensión o esto acaba a golpes». Es la opinión de un dirigente socialista catalán sobre la polémica de los lazos amarillos en Cataluña. Un pulso en la calle que ha hecho saltar todas las alarmas de la convivencia. Hasta la Junta de Seguridad de Cataluña abordará el asunto en su reunión de este jueves.

En solo una semana se han producido dos agresiones en la calle. La primera, contra una mujer que estaba retirando lazos con su familia en Barcelona. La segunda, contra un cámara de televisión que cubría la manifestación que organizó Ciudadanos el miércoles pasado para apoyar a la mujer agredida hace siete días. En el verano caliente, que se anticipa al otoño que se prevé aún más candente, se han contabilizado una treintena de incidentes.

Los independentistas se han lanzado a llenar las calles, monumentos, edificios públicos o playas de color amarillo para pedir la libertad de los dirigentes secesionistas que están en prisión. En el lado opuesto han decidido retirar la simbología de ese color para «limpiar» Cataluña. Las iniciativas ciudadanas siempre han ido de la mano de una escalada verbal por parte de los líderes políticos. Quim Torra ha hablado de brotes «fascistas» contra los lazos y pidió a la Policía catalana que actúe contra los «grupos agresivos». Albert Rivera e Inés Arrimadas se pasearon el miércoles por Alella (Barcelona), retirando símbolos con sus manos y tirándolos a la basura. Unos y otros se acusan mutuamente de poner en riesgo la convivencia.

De momento, el día a día en Cataluña es más bien tranquilo a pesar de la tensión política. Pero la chispa puede saltar en cualquier instante si las pequeñas batallas van a más y el conflicto político se sitúa en los parámetros de octubre del año pasado. ¿Está fracturada la sociedad catalana?, ¿hasta qué punto estos últimos incidentes son un síntoma y un anticipo de la quiebra de la convivencia o son casos aislados como trata de presentar el secesionismo, que niega la fractura social y admite únicamente la división?

«Hay un conflicto latente», afirma Gabriel Colomé, profesor en la UAB, exdirector del CEO y alto cargo del Ministerio de Exteriores a partir de mañana. «Hay fractura y cansancio», añade. «Es evidente que hay una fractura social», según Joan López Alegre, consultor de Comunicación, ex dirigente del PPC. Salvador Cardús, profesor de Sociología en la UAB y que formó parte del Consejo asesor para la transición nacional que creó Artur Mas, niega la mayor: «No hay tensión en la calle», asevera. «Es como con la lengua, que alguno ha querido presentar como un conflicto», señala.

Más información

Cardús, que en las pasadas elecciones se presentó en las listas de JxCat, considera que los últimos episodios ocurridos en los que se ha llegado a las manos «son expresiones verdaderamente aisladas» (la misma opinión del Gobierno catalán), que no cree que tengan «mucho recorrido». Es más, apunta que desde el propio soberanismo ya están surgiendo voces que piden dejar de insistir en la colocación de lazos, pues consideran que la guerra de símbolos «no lleva a ningún lado» y puede acabar perjudicando al propio movimiento secesionista, si se producen casos de violencia. «Este asunto se ahogará en los próximos días» de cara al 11-S, vaticina.

l activista Lagarder Danciu (i), durante la concentración convocada por Ciudadanos frente al parque de la Ciutadella de Barcelona bajo el lema 'Por la convivencia y contra la violencia', para mostrar su apoyo a la mujer que el pasado día 25 fue agredida en este lugar cuando retiraba lazos amarillos junto a su marido y sus hijos.
l activista Lagarder Danciu (i), durante la concentración convocada por Ciudadanos frente al parque de la Ciutadella de Barcelona bajo el lema 'Por la convivencia y contra la violencia', para mostrar su apoyo a la mujer que el pasado día 25 fue agredida en este lugar cuando retiraba lazos amarillos junto a su marido y sus hijos. / Marta Pérez (Efe)

Batalla por la calle

Lo que se está librando con el pulso de los lazos es, según Gabriel Colomé, quién tiene la hegemonía del espacio publico. A su entender, la novedad es que se ha roto la espiral de silencio que existía en la sociedad catalana hasta octubre del año pasado. Y ha ocurrido, según mantiene este profesor de Ciencia Política de la Universitat Autónoma de Barcelona, que una parte de la sociedad que en sus manifestaciones grita que las calles siempre serán suyas ha tratado de apoderarse del espacio público, poniendo cruces, lazos y 'esteladas' por todas partes. «Los lazos en el espacio público responden a una estrategia de amedrentamiento social, de imposición de una ideología única», según López Alegre. «Quieren implantar una república a la brava, por lo que necesitan el control del espacio público», señala. «Si no hay respuesta social, si no se quitan lazos, será un primer paso del éxito de su propuesta totalitaria», remata.

Salvador Cardús, desde la óptica soberanista, se niega a aceptar que se pueda poner en el mismo nivel a colocar un lazo que retirarlo. Ponerlos es un acto de democracia. Sacarlos es limitar la libertad de expresión, considera. Y entre los que los quitan, cree que hay grupos violentos organizados, armados con cuchillos y con las caras tapadas. La del lazo es una «expresión de una opinión que es mayoritaria no en términos absolutos pero sí relativos», dice. Se trata de la reacción «popular y espontánea», añade, a lo que para mucha gente fue un «encarcelamiento absolutamente injusto».

Todos ellos coinciden en que incidentes siempre puede haber. «Puede pasar que salte la chispa», según Gabriel Colomé. El elemento preocupante, a su juicio, es el «clima de tensión que se está creando». «Un ambiente tenso que puede explotar por cualquier tontería», advierte. Cardús avisa que algunos sectores del españolismo más radical que buscan la confrontación podrían aprovechar la Diada para «provocar una situación de conflicto».

Y apunta directamente a Ciudadanos. «Decir que juega con la violencia (como aseguró el expresident Carles Puigdemont) es una constatación», afirma. «A los independentistas les da igual si hay violencia si al final el resultado da la obtención de la independencia», replica López Alegre.

La otra derivada del conflicto de los lazos, según apunta este último, es que está teniendo ya efectos en la política de Pedro Sánchez. En concreto en la etapa de deshielo que se ha abierto entre los gobiernos central y autonómico. Poco a poco cree que Madrid ha empezado a recular su posición respecto a la actitud «ultra» del Ejecutivo Cataluña.

Colomé, que en breve ya tendrá responsabilidades en el Ejecutivo central, considera en cambio que el deshielo «va a seguir su curso». «El Gobierno no cometerá el error del anterior de quedarse parado.

El escenario de un Gobierno que dice 'hablemos' desconcierta a los independentistas radicales», asegura. «Y ahí hay que insistir», asevera. Desde el convencimiento de que a su juicio ERC no hará nada ilegal y será el «baluarte de la constitucionalidad» en el Ejecutivo catalán.

Más información

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos