El independentismo evita la autocrítica tras el pinchazo en la Diada

Imagen aérea de la manifestación durante la Diada, el pasado miércoles en Barcelona./Reuters
Imagen aérea de la manifestación durante la Diada, el pasado miércoles en Barcelona. / Reuters

El respaldo de la protesta secesionista añade dificultades a Torra en la búsqueda de una respuesta unitaria a la sentencia del 'procés'

CRISTIAN REINOBarcelona

El independentismo trató este jueves de poner buena cara y defendió el resultado de la manifestación de la Diada, aunque las cifras de participación fueran las más bajas desde 2012 y a pesar de que la jornada reivindicativa acabara con graves altercados provocados por parte de un grupo de CDR que agredió a una periodista de TVE.

Los líderes secesionistas cerraron filas y evitaron cualquier atisbo de autocrítica. La consigna fue decir que el balance de la manifestación fue más que satisfactorio y que ningún movimiento social es capaz de mantener una presión en la calle como la que lleva ejerciendo el independentismo desde 2012. Fue un «éxito de convocatoria», afirmó la portavoz del Gobierno catalán, Meritxell Budó. La consejera de la Presidencia fue la única del ejecutivo de Torra que salió ayer a dar la cara para dar cuenta del resultado de la Diada. El presidente de la Generalitat evitó las cámaras y los micrófonos y centró su agenda en el inicio del curso escolar.

Budó lanzó una pregunta para destacar la capacidad de movilización del secesionismo catalán. Más o menos, hizo uso de la teoría del vaso medio lleno o medio vacío. «¿Qué país es capaz, durante tantos años, de movilizar a centenares de miles de personas de manera cívica y democrática?», preguntó. Fue su forma de decir que el movimiento soberanista mantiene el pulso, aunque en la manifestación del miércoles pasado registrara la menor afluencia desde el inicio del 'procés', 600.000 personas, 400.000 menos que en las dos ediciones anteriores.

«Probablemente sea la manifestación más numerosa que vaya a tener lugar en el continente europeo este año, y tal vez sólo las de Hong Kong puedan desbordar las cifras dadas por la Guardia Urbana», apuntó en la misma línea la diputada Laura Borràs, de JxCat. A su juicio, no se puede hablar de pinchazo. «Hay manifestaciones, como la de Colón (con PP, Cs y Vox) que desestabilizó un Gobierno, a la que asistieron 45.000 personas», destacó. El concepto al que se agarra el independentismo es de resiliencia. «La cifra no es tan interesante, lo importante es el movimiento de fondo», reiteró el presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent.

La calle dio un toque de atención el miércoles pasado a los líderes soberanistas y, en este sentido, este jueves dieron muestras de haber captado el mensaje. Si la sociedad civil empieza a emitir señales de agotamiento, fruto de la división entre los dirigentes políticos, mejor aparcar la brega y no contribuir a aumentar la desmovilización. Y si no te gustan las cifras, mejor no decirlo y cargar contra el encargado de contar manifestantes y sembrar las dudas por su militancia socialista. Es lo que hizo Carles Puigdemont respecto al concejal de seguridad del Ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle.

Hoja de ruta compartida

El resultado de la Diada complica, además, la negociación independentista para acordar una respuesta unitaria a la sentencia contra los líderes del 'procés'. Con el descenso de participación en la manifestación, la ANC, principal organizadora de la protesta, pierde una batalla frente a quienes en el independentismo abogan por abandonar la vía unilateral. Es el caso de Esquerra y los moderados de JxCat. Budó afirmó este jueves que la Diada supone un antes y un después del que debe emanar una hoja de ruta compartida.

Nadie duda de que el secesionismo volverá a salir de forma masiva a la calle si las sentencias del Supremo son severas, pues desde el inicio del 'procés' el independentismo ha demostrado que es un fenómeno que funciona mejor como reacción, pero tras el agotamiento del 11-S Torra tendrá que medir mucho más su respuesta. El sueño de convertir las calles de Cataluña en una especie de Hong Kong mediterráneo se desvanecen.

La movilización de la Diada que el propio Torra planteaba como la primera respuesta a la sentencia es una prueba de que la mayoría de la sociedad no está por iniciar un nuevo desafío al Estado como en octubre de 2017. El presidente de la Generalitat, aun así, insiste en que la independencia sigue siendo el objetivo de la legislatura, si bien cada vez le queda menos fuerza. Por ejemplo, sus socios de Esquerra piden casi a diario un adelanto electoral. Este jueves se abonaron a esta tesis los socialistas. «Ante un gobierno fallido, desunido y sin hoja de ruta, pedimos a Torra que convoque elecciones, según el PSC. Ciudadanos y PP, mientras, advirtieron sobre la «radicalización del movimiento independenista».

Más información