Fallece Xabier Arzalluz, gran referente del nacionalismo vasco

Xabier Arzallus.

Fue presidente del PNV durante más de dos décadas, en las que pactó tanto con el PSOE de González como con el PP de Aznar

DAVID GUADILLABilbao

Xabier Arzalluz, uno de los referentes de la política vasca y española tras la reinstauración de la democracia, falleció este jueves en su domicilio a los 86 años. El expresidente del PNV, cargo que dejó en 2004, fue el encargado de llevar el timón de la formación nacionalista durante más de dos décadas.

Vehemente, controvertido y de verbo afilado, apostó por los gobiernos de coalición con el PSOE, alcanzó pactos de calado con el PP de José María Aznar e impulsó la tregua de Lizarra con la izquierda abertzale. Su salud se había deteriorado durante los últimos meses.

La muerte de Arzalluz supone el adiós a un político que marcó a toda a una generación. De discurso ácido, era tan querido por sus seguidores como denostado por sus rivales, tanto dentro como fuera del PNV. Temido y respetado por sus interlocutores en los otros partidos, el expresidente de la formación vasca se construyó una imagen en la que se entremezclaba la visión de estadista con la de nacionalista militante.

Arzalluz permanecía alejado de la primera línea política desde hace más de una década. Apenas se dejaba ver en actos muy esporádicos. Una de sus últimas apariciones fue hace casi un año, durante la presentación de un documental sobre su vida en San Sebastián. Su paso a la retaguardia se produjo en enero de 2004. Dejaba la presidencia del PNV en manos de Josu Jon Imaz tras un proceso que dejó numerosas heridas internas y en el que el actual presidente de Repsol se impuso a Joseba Egibar, el preferido de Arzalluz.

Un orador brillante

Salvo casos esporádicos, fue miembro de las Cortes constituyentes, no ocupó cargos públicos ni tampoco dejó documentos de calado sobre qué estrategia debía seguir el nacionalismo. Pero daba lo mismo. Su fuerza radicaba en su capacidad para empatizar con los militantes desde unos estrados que transformaba en púlpitos. En 1965 llegó a impartir una misa tras terminar Teología en Fráncfort. Y esa dialéctica religiosa la trasladó a la política en mítines donde era capaz de levantar a las bases con su voz tronante y con aclamadas soflamas en las que solía situar al pueblo vasco como víctima de las políticas desarrolladas por el PSOE y el PP, partidos con los que luego no tenía problemas en pactar.

Su ascendiente en el nacionalismo le permitía realizar giros estratégicos que a otros le hubiesen supuesto llamadas de atención por parte de los sectores más ortodoxos. Pero él, que se autodefinía como «el perro del caserío», como el auténtico guardián de las esencias, tenía margen de maniobra. En la hemeroteca quedan sus fotografías con José María Aznar y Jaime Mayor Oreja tras firmar los pactos que garantizaron la estabilidad del Gobierno del PP. Del dirigente popular llegó a decir durante una comparecencia en la sede de Génova: «He conseguido más en 14 días con Aznar que en 13 años con Felipe González». La química entre ambas partes era absoluta. Se estableció una relación de confianza. De cercanía.

Arzalluz conversa con Felipe González.
Arzalluz conversa con Felipe González.

Reconocido como un orador brillante hasta por sus más acérrimos enemigos, sus excesos verbales fueron numerosos y su trayectoria estuvo envuelta en la polémica. «No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas», afirmó en una ocasión en alusión al reparto de papeles en el nacionalismo entre la izquierda abertzale, ETA y el PNV. Con el terrorismo siempre mantuvo una calculada ambigüedad. Rechazaba con contundencia los asesinatos y cargaba contra los etarras. Pero para Arzalluz, más que terroristas, los miembros de la organización no dejaban de ser los hijos descarriados del nacionalismo.

El idilio con el PP fue intenso pero breve. Acabó tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997. El PNV impulsó la vía soberanista de Lizarra con la izquierda abertzale. El moderado y estadista Arzalluz fue devorado por el activista independentista. Hizo tándem con Juan José Ibarretxe y defendió hasta el final su propuesta soberanista.