El jefe del operativo del 1-O acusa a los Mossos de traicionarle para garantizar el referéndum

El coronel Pérez de los Cobos declara este martes en el Supremo. / EFE

El coronel Pérez de los Cobos describe al tribunal la pasividad de la policía catalana y el enfrentamiento con el mayor Trapero: «Fue una estafa, lo nunca visto»

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

El coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobo puso este martes contra las cuerdas al mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluis Trapero, procesado en la Audiencia Nacional por dos delitos de sedición, y al exconseller de Interior Joaquim Forn, juzgado en el Tribunal Supremo por un delito de rebelión y que se enfrenta a 17 años de prisión.

El que fuera jefe del operativo policial del 1 de octubre de 2017, creado por el Tribunal Superior de Cataluña para impedir el referéndum en centros públicos, relató a la Sala que los Mossos formaron parte de una «actuación convergente» con las plataforma de agitación soberanista, ANC y Òmnium Cultural, para garantizar la celebración de la votación y darle un «marchamo de legalidad». «Como si fueran unas elecciones normales, una jornada electoral cualquiera», indicó.

Desde esos principios militares de la autoridad y la obediencia debida que rige la actuación de los guardias civiles, Pérez de los Cobos centró sus tres horas de declaración, que continuará este miércoles, en denunciar la deslealtad de la cúpula de los Mossos en el operativo del referéndum, formado por 6.000 agentes llegados de todo el país. «Fue una estafa; lo nunca visto», definió el testigo a preguntas de las acusaciones.

Aseguró que los representantes de la policía catalana, formada por 17.000 efectivos, usaban la información que salía de las reuniones de coordinación previas a la consulta para sus fines particulares. Que no eran otros que constituir un plan alternativo, a espaldas del dispositivo de la Guardia Civil y Policía Nacional, para facilitar la votación y obstaculizar el trabajo de las fuerzas de seguridad aquella jornada.

Contó que los agentes autonómicos aprovechaban sus visitas a los colegios electorales los días previos a la convocatoria para informar de sus planes de actuación. Señaló que daban a conocer a la población que si los centros estaban llenos o había presencia de «menores y personas mayores» no actuarían. «Aquellas visitas tenían la finalidad contraria a lo que se pretendía», ya que, en lugar de avisar que debían clausurarse esos centros antes de las seis de la mañana del día 1, comunicaban que tendrían que estar desalojados salvo que se encontraran «una masa de ciudadanos que lo dificultara», porque en ese caso no harían uso de la fuerza.

Y así ocurrió. A la «sorpresa» inicial del jefe del operativo por la «inacción» de los Mossos se sumó otra novedad mayor: el grado de agresividad de los presentes cuando las unidades llegaron a los colegios el 1-O. «Eran murallas humanas perfectamente organizadas. Usaron la fuerza física para impedir el acceso de los agentes, que respondieron con proporcionalidad para impedir una actividad ilegal y cumplir con la orden judicial», explicó a la Sala.

Pérez de los Cobos afirmó que estos pormenores del dispositivo «fueron conocidos por distintas organizaciones sociales, de manera que se configurara antes de las seis de la mañana ese escenario definido por los Mossos para no actuar» y permitir la consulta. «Les decían que a las cinco hubiera tal número de gente y que, especialmente, serían comedidos si en esos grupos hubiera mayores, niños o colectivos vulnerables, que es justo lo que había dicho Trapero en la reunión de la Junta de Seguridad del 28 de septiembre», aseguró el coronel.

«Vamos en el mismo barco»

Por parte de los Mossos, en esas reuniones estuvieron los procesados Trapero, Forn, Pere Soler (exdirector del cuerpo), César Puig (ex secretario general de la conselleria de Interior) y algunos mandos investigados en juzgados catalanes por su «pasividad» el 1-O.

El coronel fue este martes especialmente virulento con Trapero, que se enfrenta a 11 años de prisión acusado por la Fiscalía por un delito de rebelión. No había pasado un minuto de su interrogatorio y ya había criticado dos veces sus «injerencias» por la disconformidad con el nombramiento del guardia civil. «Pensaba que ya se había aplicado el artículo 155 (de la Constitución) por la puerta de atrás», afirmó Pérez de los Cobos. «Le expliqué que lo primero era el cumplimiento del mandato judicial; le dije, 'José Luis que aquí estamos todos en el mismo barco'», reveló.

Esta falta de reconocimiento a la autoridad de un oficial de la Guardia Civil, está, en suma, detrás de la actuación de Trapero, según detalló el interviniente. Y para entender el comportamiento del mayor habría que explicar el meteórico ascenso de su figura en Cataluña desde los atentados de Barcelona y Cambrils un mes antes, en agosto de 2017.

La proyección pública que adquirió el jefe de los Mossos y el tratamiento preferencial que le dio el Govern de Puigdemont, pese a las sombras de la actuación de la policía catalana para prevenir aquellos ataques terroristas, justificaría su abierto enfrentamiento con el coronel Pérez de los Cobos, señaló este martes un alto cargo policial consultado.

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