«Sorber y soplar al mismo tiempo» para salvar el procés

El exdelegado del Gobierno, Enric Millo. /Efe
El exdelegado del Gobierno, Enric Millo. / Efe

Milló pone voz al enfado del Gobierno de Rajoy con los Mossos y el Govern por sus largas cambiadas sobre cómo evitar el 1-O

MELCHOR SÁIZ-PARDO y MATEO BALÍNMadrid

No hay un solo responsables del Gobierno de Mariano Rajoy o del Ministerio del Interior que dirigía Juan Ignacio Zoido que tuviera alguna relación con el procés que no tenga el mismo reproche al Govern, pero sobre todo a los responsables de la Consejería de Interior y de los Mossos: no fueron siquiera los suficientemente valientes para decir de manera clara que iban a permitir la votación el 1-O y que la policía autonómica no iba a hacer absolutamente nada para evitar la consulta.

Los exresponsables del Ejecutivo central aún respiran por esa herida que no cicatriza: «nos torearon hasta el final», admiten sin ambages fuera de micro todos los que estuvieron en aquellas negociaciones, muchos de los cuales siguen con esa espina clavada por la «deslealtad institucional» de aquellos días.

Este martes, Enric Milló, que como delegado del Gobierno en Cataluña estuvo desde el principio en casi todas las reuniones y encuentros informales que mantuvo el Ejecutivo central con el Govern para intentar frenar el referéndum, definió de forma gráfica y con solo seis palabras esa estrategia del equipo de Carles Puigdemont: «Sorber y soplar al mismo tiempo». O sea, prometer, al menos los responsables de los Mossos d'Esquadra, que cumplirían las ordenes del TSJC de impedir el referéndum pero al mismo tiempo garantizar el derechos de los ciudadanos a votar libremente. Una «verdadera esquizofrenia», como lo definió aquellos días uno de los mandos de Interior que estuvo en la pomada.

El culmen de aquella supuesta estrategia de 'torear' al Gobierno central, este martes Milló lo situó (como también hizo el secretario de Estado José Antonio Nieto o el propio Zoido) en la reunión de la Junta de Seguridad de Cataluña que Puigdemont convocó, sin pactar nada con sus interlocutores, para el 28 de septiembre de 2018, solo tres días antes del referéndum.

El exdelegado no ahorró en epítetos ante el tribunal. Si el lunes fue Nieto el que destacó el «surrealismo»de aquel encuentro, este martes Milló habló de «despropósito y esperpento». «Se nos sentó el Govern de la Generalitat para decirnos que el 1-O iba a haber un referéndum y que a ver cómo lo hacíamos con total normalidad, cuando sobre la mesa teníamos una interlocutoria que nos ordenaba que se impidiera el referéndum», señaló Milló cuando recordaba aquella reunión «tensa» y llena de «reproches».

Pero no solo era «sorber y soplar». Los responsables de Interior del momento también destacaron el reparto de papeles en aquellos días. Que en la otra parte de la mesa había 'polís' buenos, o al menos aparentemente más receptivos a respetar la legalidad, y otros abiertamente malos.

«Política compartida»

«Había una línea política compartida entre el mayor de los Mossos (Josep Lluís Trapero) y el Govern de la Generalitat», recordó Milló, pero Trapero hacía de 'poli' bueno. Mientras los consejeros de Puigdemont y el propio expresidente fueron francos («Lo que nunca dijeron es que no se iba a celebrar el referéndum»), el mayor «dejaba entender que su obligación era dar cumplimiento al mandato judicial», que prohibía la votación «pero no explicó cómo». «Que debía garantizar la convivencia pero que cumpliría el mandato», era el mensaje que transmitía el máximo responsable operativo de los Mossos en los mismos foros en los que sus jefes políticos garantizaban que habría consulta.

«Trapero allí no dijo que no cumpliría el auto judicial pero que no utilizaría en ningún caso la fuerza para cumplir el mandato judicial, sobre todo sí había personas mayores o niños». En realidad, las órdenes que el mayor ya había distribuido en el cuerpo eran exactamente esas: incautarse de las urnas pero sin usar la fuerza si los colegios estaban ocupados. O sea, una cuadratura del círculo imposible porque una muchedumbre –y se sabía- iba a ocupar los centros.

Una vez más, «sorber y soplar al mismo tiempo», la estrategia que tanto molestó -y todavía molesta- a los responsables del momento de las fuerzas de seguridad, quizás porque surgió efecto, tanto que la madrugada del 1-O los antidisturbios salieron de los barcos y los cuarteles sin saber qué iban a hacer los Mossos.

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