Casado plantea a Sánchez una lucha sin cuartel: «Con Cataluña no vamos a pasar ni una»

Pedro Sánchez recibe a Pablo Casado en La Moncloa. / Gabriel Bouys (Afp)

El líder de la oposición y el jefe del Ejecutivo encuentran poco espacio para el acuerdo en tres horas de reunión en el Palacio de la Moncloa

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El pasado fin de semana el nuevo líder del PP emuló a Carles Puigdemont y advirtió a Pedro Sánchez de que se le acababa el «periodo de gracia». Este jueves, después de reunirse con él en el Palacio de la Moncloa durante casi tres horas, admitió que en realidad era solo una forma de hablar. «Porque la verdad es que mucho periodo de gracia yo no le he concedido», dijo. El comentario resume bien la estrategia que pretende desarrollar Pablo Casado como líder de la oposición: pura confrontación.

     El dirigente conservador, que compareció en la sala de prensa habitualmente reservada por el Ejecutivo a sus propios actos (a los presidentes autonómicos, por ejemplo, se les relega a otra de menor tamaño), apenas dejó espacios para el acuerdo o al menos para la distensión más allá de la lucha contra el terrorismo internacional o la negociación de los presupuestos comunitarios. Pero incluso en algunas de esas cuestiones puso condiciones.

Si Pedro Sánchez tenía alguna esperanza de convencerle para que no azuce el debate territorial o el migratorio, como habían dado a entender desde la Moncloa, se dio de bruces con la realidad. Casado hizo oídos sordos al hecho de que el Ejecutivo haya repetido hasta la saciedad que no reconoce la existencia de un derecho de autodeterminación para Cataluña ni ningún otro territorio de España y aunque su descripción de lo que debe ser una política migratoria adecuada no dista demasiado de la que desarrolla el PSOE, criticó su «buenismo».

En el PP no ocultan que tras esta posición hay un importante cálculo electoral. «El equilibrio del bipartidismo es complicado: no podemos destrozarnos pero tenemos que contraponer nuestros planteamientos -dicen fuentes del partido-. Nuestro rival es el PSOE, no Ciudadanos». La polarización les favorece. Casado incluso llegó a afirmar que tanto Sánchez como él sabían de antemano, porque lo hablaron, lo que iba a decir cada uno de ellos en la intervenciónposterior al encuentro. Por parte del Ejecutivo, en todo caso, no habló nadie. La valoración la hizo, de manera anómala, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, en la sede del partido.

Desconfianza

La política socialista no esperó a oír al popular y simplemente expresó su deseo de que Casado se diera cuenta, tras hablar con el jefe del Ejecutivo, de que su estreno al frente del PP «con declaraciones irresponsables y demagógicas ha sido completamente equivocado». Nada más lejos. Casado dijo primero que se quiere fiar del Gobierno cuando dice que no cederá ante el secesionismo. Después matizó que era una forma «elegante» de hablar. «He dicho que quiero fiarme por no decir que no me fío», apuntó. Y finalmente sentenció: «En el asunto de Cataluña no vamos a pasar ni una». «Ya hemos aprendido estos años -dijo también en alusión a la 'operación diálogo' del Gobierno de Mariano Rajoy- que con el independentismo no cabe ni apaciguamiento ni confianza».

Nadie, ni el propio líder del PP ni el PSOE, quiso explicar hoy cuál fue la respuesta del Ejecutivo a algunas de las demandas planteadas por el dirigente conservador, como la reforma del Código Penal para recuperar el delito de convocatoria ilegal de referéndum, la proposición de leypara prohibir los homenajes a los etarras que salen de prisión o la modificación de la ley electoral para que en los ayuntamientos gobierne la fuerza más votada. Casado solo explicó las exigencias que él puso sobre la mesa y, en tre otras cosas, reiteró que el PP no admitirá «ningún acercamiento de presos de ETA a las cárceles del País Vasco».

Además, dejó claro que en materia económica se encuentra a años luz de los socialistas; algo que, como dio a entender Narbona, el PSOE tiene más que asumido.

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