Sánchez no quiere una Guardia de Corps en Moncloa

En Podemos suenan tambores de guerra

MARGARITA SAENZ

Desde el primer minuto se acusó a Pedro Sánchez de estar obsesionado por perpetuarse en el poder. Pues acaso sí, pero no a cualquier precio. Lo dejó muy claro ayer al rechazar las contrapropuestas de Unidas Podemos. De hecho, cerró la puerta a introducir en su Ejecutivo una Guardia de Corps que vigilara si se cumplían o se traicionaban las esencias de la izquierda.

Un Gobierno de coalición en el que algunos de sus miembros pudieran mostrarse reticentes ante decisiones del Consejo de Ministros, el cese fulminante de los discrepantes estaría garantizado. Otra verdadera bomba, esta vez con espoleta retardada.

Con la imagen de Pablo Iglesias dañada por su incapacidad para la negociación, cuando sus confluencias han abierto varias vías de agua y algunos de sus adversarios políticos se encuentran huidos, no le será fácil participar en un nuevo ambiente de compromisos para pactar otra investidura. El lunes 23 de septiembre se acaba el plazo, si no hay acuerdo se disolverán las Cortes y se convocarán nuevas elecciones.

En estos días de incertidumbre, el candidato a Presidente ha insistido en que pretendía formar un Gobierno cohesionado, con expertos profesionales antes que cargos orgánicos de partido, como demostró con la composición del actual ejecutivo en funciones. Una visión no coincidente con la de Iglesias que ha exigido cargos, que disponen de un buen presupuesto, «para asegurar las promesas hechas.» Mientras, en UP suenan tambores de guerra.

Las exigencias del fundador de Podemos que una vez pretendió conquistar el cielo, han bloqueado por segunda vez la posibilidad de que este país tenga un Gobierno progresista. El «cielo se conquista, nube a nube,» le había aconsejado el astuto portavoz del PNV, Aitor Esteban, mientras la escritora Almudena Grandes opinaba que lo más fascinante de este proceso de investidura ha sido la reconversión del diputado de ERC, Gabriel Rufián, en hombre de Estado. Así sea.