Villarejo: «Soy un tipo paciente; sé esperar hasta pegar la hostia»

Villarejo atiende durante una entrevista en La Sexta. /
Villarejo atiende durante una entrevista en La Sexta.

El excomisario, que aún tiene audios de 200 personalidades, se jacta de sus grabaciones como forma de extorsión

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Cuando el pasado noviembre los agentes del Grupo III de Asuntos Internos entraron en la casa de José Villarejo en la urbanización 'El Montecillo' de Boadilla del Monte y en su despacho de Torre Picasso se toparon con lo que esperaban: el 'archivo sonoro' completo. Casi 30 años de grabaciones a policías, políticos, periodistas, abogados, empresarios, jueces, fiscales, diplomáticos, banqueros, miembros de la realeza. cerca de 200 personalidades etiquetadas en archivos mp3 o en viejas cintas de los 90.

«Probablemente el archivo más sensible de la historia de España», según relata uno de los agentes que trabajó de apoyo a Asuntos Internos en aquella 'operación Tándem'. Pero los funcionarios que entraron en su casa y en su despacho sabían que lo que habían encontrado eran solo «copias de seguridad». Eran conscientes de que Villarejo tenía duplicados (o triplicados) de todo aquel material porque siempre se había vanagloriado de ser «intocable» ante la amenaza de hacer públicas sus grabaciones.

El excomisario que se jactaba de poder «poner en jaque al Estado» si le acorralaban ya ha comenzado a intentar extorsionar al 'aparato' con esas «copias de seguridad». Unos audios que no llegó a sacar cuando amagaron con citarle a la comisión de investigación de la 'policía patriótica' (que impidieron PP y PSOE), pero que ahora ha ventilado para intentar acelerar su salida de la cárcel. Ya todo le da igual. Ha atacado a base de filtraciones a 'enemigos' tan peligrosos como el CNI, la Jefatura del Estado y ahora al Gobierno.

Los atestados de Asuntos Internos, a los que ha tenido acceso este periódico, recogen las grabaciones hechas por el excomisario en las que el propio Villarejo, en primera persona, presume de su forma de trabajar basada en la extorsión mediante el «achicharramiento» (uno de los palabros favoritos de Villarejo), o sea grabarlo todo. Bien él mismo (como hizo con Corinna, Ignacio González o Dolores Delgado), bien a través de dispositivos espías ('chicharras', en el argot policial).

La descripción que hace de su 'modus operandi' da una idea de hasta dónde puede llegar Villarejo con Delgado o con cualquier otro que se le ponga por delante. «Yo soy un tipo paciente. He aprendido en mi curro a ser muy paciente. Ha habido curros en los que he tardado en cazar a un tío dos o tres años. Y para eso tienes que tener una claridad mental. Hay que esperar y esperar. hasta que al final le pegas la hostia. Pum, pum, pum. ¿Sabes?», explicaba Villarejo al marido y al cuñado de Ana Rosa Quintana en una reunión, cómo no grabada por el exmando, el 15 de febrero de 2017. En esa misma conversación chuleaba de que tenía clientes del «Ibex 35» o importantes bancos «porque todo el mundo piensa que yo lo arreglo todo».

En los audios insiste en el uso de los pinchazos, de las cámaras espías o de micros. De hecho, Villarejo, al menos a mediados de los noventa, no ocultaba a sus interlocutores que iba «con micros hasta para mear». También se jactaba de usar a los medios de comunicación a través de filtraciones, aunque en realidad «a mí la prensa me come la polla», como les dijo textualmente a los familiares de Quintana. Quizás por eso sorprende a los investigadores que tantos VIP se mostraran tan lenguaraces con él, sabedores de sus tácticas y de que si había problemas era intocable (no solo por sus cintas) sino porque también estuvo protegido por los gobiernos de González, Aznar, Zapatero y Rajoy.

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