La calidad del aire en Burgos continúa siendo buena, pero preocupa el avance del ozono

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Durante el pasado año no se activó ningún protocolo de alerta por contaminación en la provincia | De momento, la presencia de ozono en Burgos es menor que en otros territorios, pero continúa avanzando

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

La calidad del aire de Burgos es buena o muy buena. Esa es la conclusión que se puede extraer de los datos registrados por las diferentes estaciones de medición gestionadas por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León. Unos datos que certifican que la presencia de contaminantes atmosféricos en la provincia mantiene la tendencia a la baja registrada desde hace una década, a excepción del ozono, que a pesar de mantenerse todavía dentro de los límtes, va avanzando.

Así, a lo largo de 2018 no se activó ninguna de las alertas vinculadas a la calidad ambiental, toda vez que no se superaron en ningún caso los límites establecidos en los protocolos. Así, contaminantes como el monóxido de carbono presentan índices muy bajos en toda la provincia. En la capital, por ejemplo, el valor medio de dicho contaminante a lo largo del año fue de 0,2 miligramos por metro cúbido de aire, cuando el nivel máximo establecido en la normativa es de 10 miligramos metro cúbico de aire, un valor que no se superó en ninguna de las estaciones de medición de Castilla y León.

También es muy limitada la presencia de otros contaminantes, como el benceno, que en la capital presentó un valor medio de 0,3 microgramos por metro cúbico de aire, cuando el máximo legal es de 5 microgramos por metro cúbico.

La situación es muy similar si se tiene en cuenta el dióxido de nitrógeno, uno de los contamiantes más vigilados por parte de la Consejería. En este caso, los datos más elevados se registraron en la estación Burgos 1, situada en la plaza de Lavaderos, en pleno corazón urbano. Allí se registró un valor límite anual de 17 microgramos por metro cúbico de aire, una medición muy alejada del valor límite establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de 40 microgramos. En este sentido, ninguna de las estaciones de la red autonómica activaron las alertas, fijadas a partir de concentraciones de 200 y 4oo microgramos por metro cúbico.

El resto de estaciones repartidas por la provincia registraron valores aún más bajos de dióxido de nitrógeno. Así, el valor límite en la estación Aranda 1 fue de 9 microgramos, el de la estación Burgos 4 (situada en Fuentes Blancas) fue de 8 microgramos, el de la estación Miranda de Ebro 1 fue de 8 microgramos, el de la estación Miranda 2 fue de 12 microgramos y el de la estación rural de Medina de Pomar fue de 3 microgramos.

Preocupación por el ozono

A pesar de que la contaminación atmosférica se reduce año a año en la comunidad, los responsables de la Consejería muestran su preocupación por el avance del ozono, cuyos niveles son cada vez más elevados «en todo el sur de Europa», y Castilla y León no se escapa a esta situación. Cierto es que la presencia de ozono en la comunidad es muy inferior a la de otros territorios, pero también es cierto que es «preocupante» en zonas del sur de la comunidad, sobre todo «en verano».

En este sentido, el jefe del servicio autonómico reconoce que se trata de un problema muy «complicado» de solventar, toda vez que la comunidad científica «no sabe cómo atajar» su formación y propagación.

De momento, su presencia en la atmósfera ya ha obligado a activar algunas alertas, tanto en el sur de la comunidad como en grandes núcleos urbanos, como Valladolid. En el caso de la provincia de Burgos, su presencia de momento es más limitada y en 2018 apenas se contabilizaron superaciones de los niveles objetivos para la protección de la salud (120 microgramos por metro cúbico de aire en periodos de ocho horas). En Aranda se contabilizaron 5 superaciones, en Burgos 7, en Miranda 4 y en Medina 3. En todos los casos, los valores se encuentran muy alejados de los límites (25 superaciones al año).

En el caso del monóxido de azufre, los datos también están muy contenidos, con presencia casi testimonial en la provincia. De hecho, en ninguna de las estaciones que miden este contaminante (Aranda de Duero 2, Burgos 1, Burgos 4, Miranda de Ebro 1, Miranda de Ebro 2 y medina de Pomar) se superó en ningún momento del año pasado el valor guía de la OMS, establecido en 20 microgramos por metro cúbico de aire.

En este sentido, el contaminante tradicional que más preocupa a los responsables de la Consejería son las partículas en suspensión. Y es que, en este caso, las estaciones de Burgos, Aranda y Miranda sí registraron en 2018 superaciones del valor límite diario, aunque por debajo del baremo establecido por la OMS (entre uno y siete días, cuando el máximo es de 35 días al año).

Según explica Jaime Fernández, jefe del servicio de la red de control, todos estos datos reflejan que Burgos en particular y Castilla y León en general cuentan con una calidad del aire «buena o muy buena». De hecho, subraya, la tendencia desde 2007 es a la baja en la práctica totalidad de las sustancias contaminantes.