República Centroafricana, la bomba de relojería en la que fue asesinada la burgalesa Sor Inés Nieves Sancho

Imagen de la situación bélica en República Centroafricana/AFP /ABC
Imagen de la situación bélica en República Centroafricana / AFP /ABC

Solo uno de los 620 misioneros burgaleses, el obispo Jesús Ruiz Molina trabaja en República Centroafricana | Se investigan las causas del asesinato, que podrían estar relacionadas con la brujería

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

La evangelización en África es muy reciente. Apenas contará con un siglo de antigüedad, algo más si se habla de las zonas costeras, pues al interior del continente era peligroso acceder por la fuerza de la malaria. Nada que ver con los cinco siglos que la Iglesia Católica lleva trabajando en América, un territorio que por la historia, la cultura y el habla compartidas, concentra al mayor número de misioneros burgaleses.

La Diócesis de Burgos cuenta con 620 misioneros, según los datos recientes de mayo, de los cuales, 285 son mujeres y 335 hombres. Como misioneros burgaleses se consideran a todos los nacidos en Burgos, explica el delegado diocesano de Misiones, Ramón Delgado. Sin embargo, Sor Inés Nieves Sancho, la religiosa asesinada el pasado domingo en la República de Centroáfrica, no entra en estos cálculos.

Y no es porque prestase servicio a través de la congregación francesa de las Hijas de Jesús de Massac, sino porque al haberse ido tan joven al país vecino (con 12 años), en la Diócesis de Burgos no tenían constancia de su labor. Aun así, van a contactar con la familia para tratar de organizar alguna celebración religiosa de reconocimiento y despedida, una vez Inés Nieves ha sido enterrada en el país africano.

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La religiosa realizaba su labor en la aldea de Nola, cerca de la ciudad de Berberati, en un país que desde 2012 sufre una guerra encubierta, ha explicado Delgado. Son numerosos los grupos armados que campan a sus anchas, extendiendo el terror entre la población; grupos conformados por excluidos de guerras como las de Uganda, Ruanda, Sudán o el Congo, que se van moviendo por África, que solo saben vivir de las ramas y cuya reinserción social es prácticamente imposible.

Delgado recuerda que la República Centroafrica es un país muy rico en en uranio, petróleo, diamantes, oro, café o madera. Aun así, ocupa los últimos puestos en el ránking mundial de desarrollo humano. Y es que esa riqueza la explotan los grupos armados para multinacionales, y la población continúa viviendo en la miseria y en un estado de terror, que intentan paliar misioneros como Inés Nieves.

O como el obispo Jesús Ruiz Molina, el único burgalés destinado en la República Centroafricana. En un país controlado por las armas, el riesgo siempre está muy presente. Sin embargo, los peligros se han agravado para los misioneros, reconoce Delgado, pues se ha perdido el miedo y el respeto a «los hombres y las mujeres de Dios», fruto de la radicalización islámica de algunos grupos y, en otros casos, de la constancia empírica de que «no les parte un rayo» después de matar a un religioso.

Imagen del obispo Jesús Ruiz Molina, único burgalés en la República Centroafricana
Imagen del obispo Jesús Ruiz Molina, único burgalés en la República Centroafricana / Archidiócesis de Burgos

Son casos aislados, como el de Sor Inés Nieves, que todavía se está investigando, sin que se descarte ninguna hipótesis, incluidas algunas de índole exotérica: algunos grupos armados creen que vertiendo sangre pura (niños y mujeres 'sin mácula') sobre los yacimientos es más fácil detecar el oro o los diamantes, explica Ramón Delgado. Sin embargo, todo son hipótesis, sin nada confirmado.

Respeto y cariño

Sin embargo, la situación en la República Centroafricana no es la más habitual. Ramón Delgado estuvo de misionero en Togo y allí «nos querían mucho». Él llegó con una diócesis ya en marcha, como uno más de los religiosos que habían pasado por allí, y la población valora el trabajo que realizan, ya sea en el ámbito educativo, sanitario, laboral o social, explica el burgalés. La Católica es la iglesia por excelencia, la más grande, por identidad y no tanto por número.

Togo es un país pacífico, insiste Delgado, con los problemas y los conflictos habituales de África, pero sin guerras, de ahí que la labor de misiones sea más cotidina. «Sin quitar la pastoral, el anuncio del Evangelio, se trata de mejorar la vida de la gente», pues las necesidades son innumerables y, en muchos casos, ni siquiera la población es consciente de que las tiene, dada la vida que acostumbran a vivir.

De ahí que se valore, también, el interés por dar a conocer el trabajo de los misioneros. De los 620 misioneros burgaleses actuales, 67 están en África, frente a los 431 de América. 93 residen en Europa, 27 en Asia y se cuenta con uno en Oceanía. En el caso de las mujeres, la mayoría son consagradas. Y los hombres se reparten entre consagrados, laicos, obispos y sacerdotes diocesanos.